Страница 130 из 131
Niederma
Cuando terminó, Mikael volvió a preguntarle dónde se hallaba Lisbeth Salander. No recibió respuesta alguna, así que hizo un gesto de indiferencia y abandonó a Niederma
Encendió un cigarrillo y bebió Ramlösa de la botella. Contempló la silueta del gigante en la penumbra, junto a la señal de tráfico. Después, se puso al volante, consultó el mapa de carreteras y constató que le faltaba más de un kilómetro para alcanzar el desvío que conducía hasta la granja de Karl Axel Bodin. Arrancó el motor y pasó ante Niederma
Pasó despacio por el desvío indicado con el letrero de Gosseberga y aparcó junto a un granero, en un camino forestal, a unos cien metros al norte. Cogió la pistola y encendió la linterna. Descubrió marcas recientes de ruedas en el barro y constató que otro coche había estado aparcado antes en ese lugar, pero no le dio más importancia. Volvió andando hasta el desvío de Gosseberga e iluminó el buzón. «192 – K. A. Bodin.» Continuó caminando.
Era casi medianoche cuando vio las luces de la granja de Bodin. Se detuvo a escuchar. Permaneció quieto durante varios minutos pero no pudo oír más que los habituales ruidos de la noche. En vez de seguir por el camino de acceso hasta la casa, lo hizo a través del prado y se fue acercando por la parte del establo. Se detuvo en el patio, a treinta metros de la casa. Estaba en alerta total. La carrera de Niederma
Mikael había recorrido más o menos la mitad del patio cuando oyó un ruido. Giró y se dejó caer de rodillas levantando el arma. Tardó unos segundos en percatarse de que el ruido procedía de una caseta. Sonaba como si alguien se quejara. Cruzó rápidamente el césped y se paró junto a la caseta. Al doblar la esquina, miró por una ventana y vio que en su interior había una luz encendida.
Escuchó. Alguien se estaba moviendo allí dentro. Levantó el travesaño y al abrir la puerta se encontró con un par de ojos aterrorizados en una cara ensangrentada. Vio el hacha en el suelo.
– Diossantojoder -murmuró.
Luego descubrió la prótesis.
«Zalachenko.»
Definitivamente, Lisbeth Salander había estado de visita.
Le costó imaginarse lo que podía haber pasado. Volvió a cerrar la puerta a toda prisa y colocó el travesaño.
Con Zalachenko en la caseta y Niederma
Por un instante, se quedó como paralizado contemplando su cuerpo maltrecho. Notó que en la mano -que colgaba flácida- llevaba una pistola. Se acercó y se puso de rodillas. Pensó en cómo había encontrado a Dag y Mia y, por un segundo, creyó que Lisbeth estaba muerta. Luego vio un pequeño movimiento en su caja torácica y percibió una débil y bronca respiración.
Alargó la mano y, cuidadosamente, le empezó a quitar el arma. De pronto, Lisbeth la agarró con más fuerza. Sus ojos se abrieron formando dos delgadas líneas y miraron a Mikael durante unos largos segundos. Su mirada estaba desenfocada. Después, él la oyó murmurar unas palabras en voz tan baja que apenas pudo percibirlas.
– Kalle Blomkvist de los Cojones.
Cerró los ojos y soltó la pistola. Mikael puso el arma en el suelo, sacó el móvil y marcó el número de emergencias.