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Capítulo 3 Viernes, 17 de diciembre – Sábado, 18 de diciembre

Lisbeth Salander se despertó a las siete de la mañana, se duchó, bajó a ver a Freddy McBain a la recepción y le preguntó si había algún Beach Buggy libre que pudiera alquilar para un día. Diez minutos más tarde, ya había pagado el depósito, ajustado el asiento y el retrovisor, arrancado el motor y comprobado que tenía gasolina. Entró en el bar y pidió un caffè latte y un sandwich de queso para desayunar, y una botella de agua mineral para llevar.

Se pasó el desayuno emborronando una servilleta con números y cavilando sobre Pierre de Fermat (x3 + y3 = z3).

Poco después de las ocho, el doctor Forbes bajó al bar. Estaba recién afeitado y vestido con un traje oscuro, una camisa blanca y una corbata azul. Pidió huevos, tostadas, zumo de naranja y un café solo. A las ocho y media se levantó y se metió en un taxi que lo estaba esperando.

Lisbeth lo siguió a una distancia prudencial. El doctor Forbes bajó del taxi delante de Seascape, al principio de The Carenage, y empezó a caminar por la orilla. Lisbeth lo adelantó, aparcó en medio del paseo marítimo y esperó pacientemente a que él pasara. Luego lo siguió, esta vez a pie.

A la una, Lisbeth Salander estaba empapada de sudor y tenía los pies hinchados. Llevaba cuatro horas paseando por Saint George's de una calle a otra. El ritmo había sido sosegado pero continuo y las numerosas y empinadas colinas empezaron a fatigarle los músculos. La energía del doctor Forbes la asombró. Mientras apuraba las últimas gotas de la botella de agua mineral, empezó a plantearse la posibilidad de abandonar… Y, de repente, él se dirigió a The Turtleback. Le concedió diez minutos antes de entrar en el restaurante e instalarse en la terraza. Se sentaron exactamente en el mismo sitio que el día anterior; al igual que entonces, él tomaba Coca-Cola mientras miraba fijamente las aguas del puerto.

Forbes era una de las pocas personas de Granada que vestía traje y corbata. Lisbeth advirtió que parecía impasible ante el calor.

A las tres, Forbes pagó y abandonó el restaurante, interrumpiendo así la cadena de pensamientos de Lisbeth. Paseó a lo largo de The Carenage y cogió uno de los minibuses que iban hasta Grand Anse. Lisbeth aparcó delante del hotel Keys cinco minutos antes de que él se bajara. Lisbeth subió a su habitación, llenó la bañera de agua fría y se instaló cómodamente. Le dolían los pies. Frunció el ceño.

La actividad del día le había proporcionado una información muy precisa. El doctor Forbes, recién afeitado y vestido de combate, salía cada mañana del hotel con su maletín. Durante el día no hacía otra cosa que matar el tiempo. Fuera cual fuese la finalidad de su estancia en Granada, no se trataba de construir un colegio. Pero por alguna razón quería aparentar que se encontraba en la isla por negocios.

¿A qué venía todo ese teatro?

La única persona a la que, lógicamente, querría ocultarle algo sería su propia mujer, a quien quería darle a entender que se encontraba sumamente ocupado durante todo el día. Pero ¿por qué? ¿Había fracasado en los negocios y era demasiado orgulloso para reconocerlo? ¿Su viaje a Granada tenía un objetivo completamente distinto? ¿Esperaba algo o a alguien?

Al mirar su hotmail, Lisbeth Salander se encontró con cuatro nuevos correos. El primero era de Plague y había sido enviado poco más de una hora después de que ella le mandara el suyo. El mensaje estaba encriptado y contenía dos palabras que componían una lacónica pregunta: «¿estás viva?». Plague no era muy dado a redactar correos largos y sentimentales. Claro que Lisbeth tampoco.

Los dos siguientes fueron enviados sobre las dos de la madrugada. Uno era de Plague y llevaba información encriptada sobre cómo un conocido de la red, que firmaba como Bilbo y que, por casualidad, vivía en Tejas, había mordido el anzuelo. Plague adjuntaba la dirección y la clave PGP de Bilbo. Unos minutos más tarde, éste ya le había mandado un correo desde una dirección de hotmail. El mensaje era breve y tan sólo informaba de que Bilbo tenía la intención de enviar datos sobre el doctor Forbes en las próximas veinticuatro horas.

El cuarto correo también era de Bilbo y fue mandado por la tarde. Contenía un número encriptado de una cuenta bancaria y una dirección ftp. Lisbeth pinchó la dirección y encontró un archivo zip de 390 Kb que guardó y abrió. Se trataba de una carpeta con cuatro fotos jpg de baja resolución y cinco documentos en Word.

Dos de las imágenes eran retratos del doctor Forbes. En una de ellas, hecha en el estreno de una representación teatral, se veía a Forbes con su mujer. La cuarta instantánea mostraba al doctor en el púlpito de una iglesia.

El primer documento contenía un texto de once páginas y constituía el informe de Bilbo. Otro estaba compuesto por ochenta y cuatro páginas bajadas de Internet. Los dos siguientes eran recortes escaneados del periódico local Austin American-Statesman, y el último de todos ofrecía un panorama general sobre la congregación del doctor Forbes: The Presbyterian Church of Austin South.

Dejando de lado el hecho de que Lisbeth Salander se supiera de memoria el tercer libro del Pentateuco -un año antes tuvo verdaderos motivos para estudiar la bíblica legislación de castigos-, sus conocimientos sobre la historia de la religión eran muy modestos. Exceptuando que sabía que las iglesias judías se llamaban sinagogas, su idea sobre las diferencias existentes entre ésta, la presbiteriana y la católica era más bien pobre. Por un instante temió verse obligada a profundizar hasta el más mínimo detalle en aspectos teológicos. Luego se dio cuenta de que le importaba una mierda el tipo de iglesia a la que perteneciera el doctor Forbes.

El doctor Richard Forbes, a veces llamado reverendo Richard Forbes, tenía cuarenta y dos años. La página web de la Church of Austin South revelaba que la iglesia tenía siete empleados. El reverendo Duncan Clegg figuraba en el primer lugar de la lista, lo cual dejaba adivinar que se trataba de la principal figura teológica de aquella iglesia. Una foto mostraba a un hombre fuerte de abundante pelo canoso y una barba gris bien recortada. Richard Forbes se encontraba en el tercer lugar de la lista y era el responsable de los temas educativos. Junto a su nombre aparecía, entre paréntesis, Holy Water Foundation.

Lisbeth leyó el mensaje introductorio de la iglesia:

Mediante la oración y la acción de gracias vamos a servir al pueblo de Austin South ofreciéndoles la estabilidad, la teología y la ideología esperanzadora que propugna la Iglesia Presbiteriana de América. Como servidores de Cristo ofrecemos amparo a los necesitados y la promesa de la redención a través de la oración y la bendición baptista. Alegrémonos del amor que Dios nos tiene. Nuestro deber es derribar los muros que existen entre las personas y eliminar los obstáculos que impiden la comprensión del mensaje de amor de Dios.

Inmediatamente debajo de la introducción venía el número de cuenta corriente de la iglesia y una exhortación para poner en práctica el amor a Dios.

La breve biografía sobre Richard Forbes proporcionada por Bilbo era excelente. Gracias a ella Lisbeth se enteró de que Forbes nació en Cedar's Bluff (Nevada) y de que -antes de cumplir los treinta y un años y unirse a la Church of Austin South- trabajó como agricultor, hombre de negocios, bedel, corresponsal local de un periódico de Nuevo Méjico y manager de una banda de rock cristiano. También se había formado como contable y, además, estudió arqueología. Sin embargo, Bilbo no fue capaz de encontrar ningún título oficial de «doctor».

Forbes conoció a Geraldine Knight, única hija del ranchero William F. Knight, miembro destacado de la Austin South. Richard y Geraldine se casaron en 1997, tras lo cual despegó la carrera de Richard Forbes dentro de la iglesia. Se convirtió en jefe de la Fundación Santa María, cuya misión consistía en «invertir el dinero de Dios en proyectos educativos para los necesitados».

Forbes había sido arrestado en dos ocasiones. En 1987, con veinticinco años, fue acusado de provocar graves daños físicos en un accidente de tráfico. En el juicio resultó absuelto. Por lo que Lisbeth pudo deducir de los recortes de prensa, realmente era inocente. En 1995 fue demandado por malversación de fondos de la banda de rock de la que era manager. También en esa ocasión fue declarado inocente.

En Austin se convirtió en un conocido personaje y en miembro de la comisión educativa de la ciudad. Estaba afiliado al Partido Demócrata, y participaba asiduamente en actos de caridad en los que recaudaba dinero para costear la educación de familias con pocos recursos. La Church of Austin South dedicaba gran parte de su actividad misionera a familias de habla hispana.

En el año 2001 Forbes fue acusado de ciertas irregularidades económicas relacionadas con la Fundación Santa María. Un artículo periodístico insinuaba que el susodicho había destinado a fondos de inversión una cantidad de dinero mayor que lo estipulado en los estatutos. Las acusaciones fueron refutadas por la iglesia, y el pastor Clegg se mostró claramente a favor de Forbes en el debate que se desencadenó. No se llegó a dictar auto de procesamiento, y de la auditoría tampoco salió nada criticable.

Lisbeth se detuvo con interés en la economía privada de Forbes y empezó a reflexionar. Contaba con unos ingresos anuales de sesenta mil dólares, un sueldo bastante decente, pero carecía de bienes propios. El miembro de la familia que representaba la estabilidad económica era su esposa, Geraldine Forbes, cuyo padre falleció en 2002. Su hija fue la única heredera de una fortuna de más de cuarenta millones de dólares. La pareja no tenía hijos.

Por consiguiente, Richard Forbes dependía de su mujer. Lisbeth frunció el ceño. No era un buen punto de partida para dedicarse a maltratarla.

Lisbeth se conectó a Internet y le mandó un breve mensaje encriptado a Bilbo dándole las gracias por el informe. También hizo una transferencia de quinientos dólares al número de cuenta que Bilbo le había indicado.

Salió al balcón y se apoyó en la barandilla. El sol se estaba poniendo. Un viento cada vez más fuerte sacudía las ramas de las palmeras situadas a lo largo de la muralla de la playa. Granada se encontraba justo dentro del límite del radio de alcance de Mathilda. Siguió el consejo de Ella Carmichael y metió el ordenador, Dimensions in Mathematics, algunas pertenencias personales y una muda en una bolsa de nailon que dejó en el suelo, junto a la cama. Luego bajó al bar y cenó pescado, que acompañó con una botella de Carib.

El único acontecimiento digno de mención fue que el doctor Forbes -que se hallaba ahora en la barra del bar y vestido esta vez con un polo claro, pantalones cortos y unas deportivas- le hacía a Ella Carmichael preguntas sobre las últimas noticias de Mathilda. No parecía preocupado. Llevaba en el cuello una cadena de oro con una cruz y presentaba un aspecto fresco y atractivo.

Tras el infructuoso paseo por Saint George's de ese día, Lisbeth Salander estaba agotada. Después de cenar salió a dar una vuelta, pero hacía mucho viento y la temperatura había bajado considerablemente. En su lugar, subió a su habitación y se metió entre las sábanas a eso de las nueve. El viento silbaba al otro lado de la ventana. Tenía pensado leer un rato pero se durmió en seguida.