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A continuación, Holmberg abrió la puerta de la casa que había quedado cerrada sin llave. De inmediato, encontró sobre la mesa de la cocina el resto de carpetas que contenían la investigación que Bjurman había hecho sobre Lisbeth Salander. Atónito, se sentó y se puso a hojearlas.
Jerker Holmberg estaba de suerte Apenas treinta minutos después de haber iniciado la operación puerta a puerta entre las pocas casas habitadas en esa época, apareció A
Mientras informaban a Jerker Holmberg, Curt Svensson se personó en el lugar.
– ¿Qué pasa? -preguntó.
Jerker Holmberg contempló sombríamente a su colega.
– No sé muy bien cómo explicarte esto -contestó Holmberg.
– Jerker, ¿pretendes que me crea que Lisbeth Salander apareció en la casa de Bjurman y que, ella solita, se cargó a la cúpula de Svavelsjö MC? -preguntó Bublanski por teléfono. Su voz sonaba tensa.
– Bueno, Paolo Roberto fue su entrenador…
– Jerker, cállate.
– Verás, Magnus Lundin tiene una herida en el pie producida por un disparo. Corre el riesgo de quedarse cojo para siempre. La bala le salió por la parte trasera del talón.
– Por lo menos no le pegó un tiro en la cabeza.
– No creo que hiciera falta. Por lo que me han comentado los del furgón, Lundin presenta graves lesiones en la cara, tiene la mandíbula rota y ha perdido dos dientes. Los de la ambulancia se temieron que también padeciera una conmoción cerebral. Aparte de la lesión en el pie, sufre de intensos dolores en el bajo vientre.
– ¿Y cómo está Nieminen?
– Parece ileso. Aunque según el vecino que dio el aviso, cuando él llegó al lugar estaba tumbado, inconsciente. No logró hablar con él, pero volvió en sí al cabo de un rato; estaba intentando marcharse cuando aparecieron los compañeros de Strängnäs.
Por primera vez en mucho tiempo, Bublanski se quedó sin palabras.
– Un detalle misterioso… -dijo Jerker Holmberg.
– ¿Qué más?
– No sé cómo explicarlo. La cazadora de cuero de Nieminen… Es que fue allí en moto.
– ¿Sí?
– Estaba rota.
– ¿Cómo que rota?
– Le falta un trozo. Le han cortado una pieza de aproximadamente veinte por veinte centímetros de la espalda. Justo donde Svavelsjö MC lleva su emblema.
Bublanski arqueó las cejas.
– ¿Por qué iba a querer Lisbeth Salander cortar un trozo de su chupa de cuero? ¿Un trofeo?
– No tengo ni idea. Aunque se me ha ocurrido una cosa -dijo Jerker Holmberg.
– ¿Qué?
– Magnus Lundin es rubio, tiene un buen barrigón y coleta. Uno de los individuos que secuestraron a Miriam Wu, la amiga de Salander, era rubio, tenía una tripa cervecera y llevaba coleta.
Lisbeth Salander no experimentaba una sensación tan vertiginosa desde que -hacía ya unos cuantos años- visitara Gröna Lund para montar en esa atracción llamada Caída libre. Montó tres veces y lo habría hecho tres más si no se le hubiera acabado el dinero.
Comprobó que una cosa era llevar una Kawasaki ligera de 125 centímetros cúbicos -en realidad, poco más que un ciclomotor trucado- y otra bien distinta pilotar una Harley-Davidson de 1.450 centímetros cúbicos. Los primeros trescientos metros, por el mal conservado camino forestal que conducía a la casa de Bjurman fueron una auténtica montaña rusa. Lisbeth se sintió como un giroscopio viviente. En dos ocasiones estuvo a punto de salirse y acabar en las profundidades del bosque; hasta el último instante no consiguió recuperar el control. Parecía que iba montada sobre un alce en estado de pánico.
Además, el casco se le bajaba sin cesar y le tapaba los ojos, a pesar de que lo había rellenado con un trozo de la chupa de So
No se atrevió a parar para ajustado por miedo a no ser capaz de controlar el peso de la moto. Era demasiado baja y no llegaba bien al suelo; temía que la Harley se le volcara. Si eso ocurriese, no tendría fuerzas para volver a levantarla.
Todo fue mucho mejor tan pronto como salió al camino que daba acceso a la zona de casas de campo. Cuando, unos pocos minutos más tarde, enfiló la carretera de Strängnäs, se atrevió a soltar una mano del manillar para ajustarse el casco. Luego le metió gas. Recorrió en un tiempo récord la distancia que había hasta Södertälje con una sonrisa permanente en la boca. Poco antes de llegar, se cruzó con dos coches pintados que tenían las sirenas puestas.
Lo sensato habría sido deshacerse de la Harley-Davidson en Södertälje y dejar que Irene Nesser cogiera el tren de cercanías a Estocolmo, pero Lisbeth Salander no pudo resistir la tentación. Se incorporó a la E 4 y aceleró. Puso mucho cuidado en no exceder el límite de velocidad; bueno, mucho tampoco, y, aun así, le dio la sensación de estar en caída libre. Hasta que no se halló a la altura de Älvsjö no abandonó la autopista; allí, se dirigió hacia el recinto ferial y consiguió aparcar sin volcar la bestia. Un intenso sentimiento de pérdida la asaltó al abandonar la moto, junto con el casco y el trozo de cuero con el emblema de la chupa de So
– Su nombre es Alexander Zalachenko -dijo Gu
«Zala. Alexander Zalachenko. Por fin un nombre.»
– ¿Quién es y cómo puedo encontrarlo?
– No es una persona a la que uno desee encontrar.
– Créame, tengo muchas ganas de conocerlo.
– Lo que le voy a contar ahora es información confidencial. Si alguien se entera de que se la he dado, me procesarán. Se trata de uno de los secretos más importantes de la defensa nacional sueca. Ha de entender por qué resulta tan importante que garantice mi protección como fuente.
– Ya lo he hecho.
– Tiene edad suficiente como para recordar la guerra fría.
Mikael asintió con la cabeza. «Venga, al grano.»
– Alexander Zalachenko nació en 1940 en Stalingrado, en la antigua Unión Soviética. Cuando contaba un año de edad, se inició la operación Barbarroja y la ofensiva alemana del frente oriental. Los padres de Zalachenko fallecieron en la guerra; o eso es lo que él cree. Ni él mismo sabe lo que pasó. Su recuerdo más temprano es de un orfanato situado en los Urales.
Mikael asintió con la cabeza dando a entender que seguía la historia.
– El orfanato estaba ubicado en una plaza fuerte y lo financiaba el Ejército Rojo. Se podría decir que Zalachenko recibió una formación militar desde muy temprana edad. Estamos hablando de los años más cruentos del estalinismo. Tras la caída de la Unión Soviética han salido a la luz una serie de documentos que demuestran que, entre los niños huérfanos criados por el Estado, se realizaron distintos experimentos con el fin de crear un cuerpo de soldados de élite. Zalachenko era uno de esos niños.
Mikael volvió a asentir con la cabeza.
– Para resumir su larga biografía. A los cinco años, lo metieron en un colegio militar. Resultó ser muy inteligente. Con quince, en 1955, lo trasladaron a una escuela militar de Novosibirsk donde, en compañía de dos mil alumnos más y durante tres años, recibió una preparación similar a la de las spetsnaz, las tropas rusas de élite.
– De acuerdo, así que era un valiente soldado infantil.
– En 1958, cuando tenía dieciocho años, fue trasladado a Minsk y le destinaron a la formación especial del GRU. ¿Sabe qué era el GRU?
– Sí.
– Las siglas quieren decir, exactamente, Glavnoje razvedyvatelnoje upravlemje, o sea, el servicio de inteligencia militar subordinado al más alto mando militar del ejército. El GRU no debe confundirse con la KGB, que era la policía civil secreta.
– Ya lo sé.
– Por lo general, en las películas de James Bond los miembros de la KGB son retratados como espías importantes que prestan sus servicios en el extranjero. En realidad, la KGB era fundamentalmente el servicio de seguridad interior del régimen, que tenía campos de concentración en Siberia y mataba a los disidentes con un tiro en la nuca en el sótano de la cárcel de Lubyanka. Los responsables del espionaje y de las operaciones en el extranjero pertenecían, en la mayoría de los casos, al GRU.
– Esto se está convirtiendo en una lección de historia. Continúe.
– Cuando Alexander Zalachenko cumplió veinte años, recibió su primer destino en el extranjero, lo mandaron a Cuba. Se trataba de un período de formación y sólo ostentaba el grado de alférez. Pero permaneció allí durante dos años y vivió tanto la crisis de Cuba como la invasión de la bahía de Cochinos.
– Vale.
– Regresó en 1963 para continuar su formación en Minsk. Luego lo destinaron primero a Bulgaria y después a Hungría. En 1965 ascendió a teniente y tuvo su primer destino en la Europa occidental, concretamente en Roma, donde prestó sus servicios durante doce meses. Fue su primera misión under cover. O sea, identidad civil con pasaporte falso y sin ningún contacto con la embajada.
Mikael asintió con la cabeza. Muy a su pesar, la historia empezaba a fascinarle.
– En 1967 fue trasladado a Londres. Allí organizó la ejecución de un agente desertor de la KGB. Durante los siguientes diez años se convirtió en uno de los miembros más importantes del GRU. Perteneció a la verdadera élite de los soldados políticos más entregados; había sido entrenado desde su más tierna infancia. Habla con fluidez, como mínimo, seis idiomas. Se ha hecho pasar por periodista, fotógrafo, publicista, marinero… de todo. Era un artista de la supervivencia y un experto en camuflaje y maniobras de despiste. Disponía de sus propios agentes y organizaba o ejecutaba sus propias operaciones. Muchas de ellas eran misiones de asesinatos, y bastantes tenían lugar en el Tercer Mundo. Aunque también había chantajes, amenazas u otros asuntos que sus superiores querían ver materializados. En 1969 fue ascendido a capitán; en 1972 a comandante y, en 1975, a teniente coronel.
– ¿Y cómo acabó en Suecia?