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Pero Ha
En una ocasión Ha
Cuando Ha
– ¿Qué es ese ruido? ¿Lo oyes?
Ruth no solía captar las bromas, y siempre tendía a creer que le hablaban completamente en serio
– ¿Qué ruido? -respondió Ruth, mirando a su alrededor-. No, no lo oigo
– Son mis bragas que se deslizan al suelo -le dijo Ha
Ruth era reacia a presentar sus amigos a Ha
Ahora, sin embargo, mientras Ruth estaba sentada en un taburete, soportando las miradas del tramoyista enamorado de sus pechos, así como la penosa presentación de su obra que realizaba Eddie (el pobre estaba atascado en su segunda novela), pensó de nuevo en lo exasperada que se sentía con Ha
No sólo habían hablado con entusiasmo sobre el próximo encuentro con Eddie O'Hare, sino que Ruth había mostrado un gran interés en que Ha
Exhaló un profundo suspiro. Era consciente del movimiento de ascenso y descenso de sus pechos, y de que el tramoyista idiota estaba absorto en ese detalle. De no ser porque Eddie seguía hablando monótonamente, hubiera oído el suspiro con que el joven lascivo respondió al suyo. Por puro aburrimiento, Ruth sostuvo la mirada del joven tramoyista hasta que él desvió los ojos. Tenía un atisbo de lo que llegaría a ser una perilla y un bigote que parecía una mancha de hollín. Ruth pensó que si descuidara su depilación, podría tener un bigote más espeso que el de aquel joven
Suspiró de nuevo, desafiando al lujurioso a que volviera a mirarla, pero el desaliñado joven se sentía de repente avergonzado de su actitud. Así pues, Ruth se concentró en mirarle, pero pronto perdió el interés. Los tejanos del tramoyista tenían un desgarrón en una rodilla, y probablemente eran los que prefería para presentarse en público. Algo que debía de ser restos de comida había dejado una mancha aceitosa en el pecho de su camiseta
La otra persona ante cuyo conocimiento Ha
Ruth ya le había dicho a su amiga que aquél era el mejor editor de textos con el que había trabajado hasta entonces. jamás había conocido a un hombre con quien la comunicación y el entendimiento fuesen tan fluidos. Tenía la sensación de que no había nadie, con la posible excepción de Ha
– ¿Cuáles son los "buenos" sentidos? -le preguntó un día Ha
– Cuando le conozcas, lo verás -respondió Ruth-. Es también un caballero
– Es lo bastante mayor para serlo -comentó Ha
– Dieciocho -dijo Ruth en voz baja
– Es un caballero, desde luego -afirmó Ha
– Su mujer no quiso tener hijos…, le asustaba tenerlos.
– Más o menos lo que te ocurre a ti, ¿no? -dijo Ha
– Allan quería un hijo, pero su esposa no -admitió Ruth.
– Entonces sigue queriendo un hijo -concluyó Ha
– Estamos hablando de ello
– Y supongo que todavía habla con la ex mujer -dijo Ha
– Todavía no nos hemos acostado -admitió Ruth
– ¿Quién está esperando?
– Los dos -mintió Ruth
Allan era paciente. Quien "esperaba" era Ruth. Temía tanto que la relación sexual con él no le gustara que andaba con dilaciones. No quería verse obligada a dejar de considerarle el hombre de su vida
– ¡Pero has dicho que te ha propuesto el matrimonio! -exclamó Ha
– Quiere que esté convencida de que no soy sólo otra de sus amiguitas
– ¡Todavía no eres una amiguita! -dijo Ha
– Creo que es encantador. Está enamorado de mí antes de haberse acostado conmigo. Qué delicadeza, ¿no crees?
– Sí, es diferente -admitió Ha
– No tengo miedo de nada -mintió Ruth
– Normalmente no quieres que conozca a tus acompañantes -le recordó Ha
– Éste es especial -dijo Ruth