Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 173 из 189

– Tal vez estabas pensando en una nueva novela -sugirió Ha

– Muy divertido -comentó él

– No te pongas a la defensiva, Eddie -dijo Ha

– Me parece muy bien

– Hay otro aspecto de esa tendencia que me interesa -siguió diciendo Ha

– Algunas de ellas lo son y otras quieren serlo -respondió Eddie con cautela

– Temía que dirías una cosa así… ¡Eso me fastidia de veras!

– ¿Crees que estarás sexualmente activa a los setenta o los ochenta, Ha

– Ni siquiera quiero pensar en ello -respondió ella-. Volvamos a tus intereses. Cuando estás con una de esas ancianas, la señora de Arthur Bascom, por ejemplo…

– ¡No he tenido relaciones sexuales con la señora Bascom! -la interrumpió Eddie

– Bueno, bueno, todavía no las has tenido. Pero digamos que las tendrás, si no con ella, con otra vieja dama de setenta u ochenta años. Dime, ¿en qué piensas? ¿La miras de veras y te sientes atraído? ¿O piensas en otra cuando estás con ella?

A Eddie le dolían los dedos, pues aferraba el volante con más fuerza de la necesaria. Pensaba en el piso que la señora de Arthur Bascom tenía en el cruce de la Quinta Avenida y la Calle 92. Recordaba todas las fotografías, de cuando era niña, de joven, novia, madre, novia no tan joven (se había casado tres veces) y abuela de aspecto juvenil. Eddie no podía mirar a Maggie Bascom sin representársela mentalmente tal como fue en cada fase de su larga vida

– Procuro ver a la mujer total -le dijo a su acompañante-. Por supuesto, reconozco que es vieja, pero están las fotografías, o el equivalente de las fotos en tu imaginación de una vida ajena, quiero decir una vida completa. Puedo imaginármela cuando era mucho más joven que yo, porque siempre hay gestos y expresiones arraigados, intemporales. Una anciana no siempre se ve a sí misma como una anciana, y lo mismo me ocurre a mí. Procuro ver la totalidad de su vida. Hay algo muy conmovedor en la totalidad de la vida de una persona

Dejó de hablar, no sólo porque se sentía azorado sino también porque Ha

– Nunca me verá nadie de esa manera -dijo ella

Era uno de esos momentos en que Eddie debería haber mentido, pero no podía hablar. Nadie vería a Ha

Eddie alzó una mano del volante y tocó las manos de Ha

– Mantén las manos en el puñetero volante, Eddie -le dijo ella-. Por ahora estoy entre novios…

A veces, la tendencia a apiadarse llevaba a Eddie a meterse en líos. Su corazón albergaba la peligrosa creencia de que en realidad Ha

– He pensado en que podríamos compartir una casa -le propuso. (Era una suerte que condujera él y no Ha

Por supuesto, Ha

– ¿"Solaparnos"? -le preguntó-. ¿Qué coño significa eso de "solaparnos"?

Al ver la confusión de Ha

– ¡Podrías quedarte con el dormitorio principal! -dijo bruscamente-. Me conformaría con la habitación más grande para invitados, la que está al final del pasillo. Y la sala que fue el cuarto de trabajo de Ted y despacho de Allan podría convertirse en un dormitorio. Sí, eso sería un buen arreglo. -Hizo una breve pausa antes de añadir-: Ya sé lo que te hace sentir ese granero, la antigua pista de squash. Yo podría trabajar ahí, transformarlo en mi despacho. Pero el resto de la casa, todo lo demás, lo compartiríamos. En verano, claro, tendríamos que discutir acerca de nuestros invitados de fin de semana, ya sabes, ¡tus amigos o los míos! Pero lo importante es que, si te gusta la idea de tener una casa en los Hamptons, creo que entre los dos nos la podríamos permitir. Y Ruth sería feliz. -Lo que había empezado como una proposición se estaba convirtiendo en un parloteo-. Al fin y al cabo, vendría a visitarnos con Graham, y eso significaría para ella que no tendría que abandonar del todo la casa. Me refiero a ella, a Graham y al policía -añadió, porque la expresión agobiada de Ha

– ¿Quieres decir que me propones que compartamos casa? -inquirió Ha

– ¡Nos la dividiríamos al cincuenta por ciento! -exclamó él.

– Pero tú vivirías siempre allí, ¿no es cierto? -replicó Ha

Eddie pensó que debería haberlo sabido. ¡Había tratado de considerar a Ha

– No podría permitírmelo si tú no pagas la mitad. Es posible que ni siquiera podamos permitírnoslo entre los dos

– ¡Esa mierda de casa no puede costar tanto! -replicó Ha

– Mucho -respondió Eddie, pero no lo sabía

Lo único que tenía claro era que costaba más de lo que él solo podía pagar

– ¿Quieres comprarla y no sabes cuánto vale? -le preguntó Ha

Por fin dejó de llorar. Eddie reflexionó que probablemente Ha