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Al día siguiente llamó a Paul a cobro revertido y lo encontró. Le contó lo de su amigo de Barcelona, pero no le dijo nada de su situación económica. Durante unos segundos Paul estuvo pensando y luego se le ocurrió que llamara a una amiga, aunque quizá el término era excesivo, que vivía en Mallorca pero que tenía una casa en la provincia de Girona, una tipa llamada Gloria que había empezado a estudiar música pasados los cuarenta años y que ahora tocaba con la sinfónica de Palma o algo así. Probablemente tampoco la encontrarás, dijo Paul, o al menos eso es lo que recuerda A

Esa noche, desde una cabina de las Ramblas llamó dos veces a Gloria. Al segundo intento la encontró y le explicó toda su situación. Estuvieron hablando durante quince minutos, al cabo de los cuales Gloria le dijo que se fuera a vivir a su casa de Vilademuls, una aldea cercana a Banyoles, Banyoles, donde estaba el famoso lago, que no se preocupara por el dinero, ya le pagaría cuando consiguiera un trabajo. Cuando A

Así que esperó en Barcelona dos días más hasta que llegó el dinero de Susan, pagó la pensión y se marchó a Vilademuls, una aldea en donde no vivían más de cincuenta personas en invierno, algo más de doscientas en verano, y tal como le había asegurado Gloria uno de los norteamericanos estaba en casa y la estaba esperando. Se llamaba Dan y daba clases de inglés en Barcelona, pero todos los fines de semana subía a Vilademuls y se dedicaba a escribir novelas policiales. Aquel invierno A

Por aquella época Bill vino a visitarla. Era la primera vez que salía de Estados Unidos y durante un mes se dedicó a viajar por Europa. No le gustó. Tampoco le gustó, recuerda A

Poco después volví a ver a Bill, iba caminando por una calle de Girona y por supuesto ya no parecía tan hermoso. Más bien parecía con sueño y con prisa. Y algunos días más tarde, mientras bajaba de mi casa en La Pedrera, vi a A

Creo que a partir de entonces comenzamos a encontrarnos a menudo. Y aunque no nos hablábamos nos reconocíamos. Supongo que en algún momento, tal como acostumbran los habitantes de una ciudad pequeña, comenzamos a saludarnos.

Una mañana, mientras yo conversaba en la Rambla con Pep Colomer, un viejo pintor de Girona, A

De golpe A

Una vez la acompañé al médico, a la Clínica Dexeus, en Barcelona. Por aquellos días yo salía con otra chica y A