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Joha

No lejos de allí, frente a los jardines imperiales se desplaza un carruaje abierto, un oficial de Su Majestad y una dama de cabellos dorados lo ocupan. Silencio, sólo el trote de los caballos se oye, el oficial ha intentado distraer a la dama con comentarios dispares, ella ha contestado con un sí o un no, siente mucho calor, están lejos los canales cristalinos y sombreados de su San Petersburgo.

Un débil eco se insinúa en el aire, se dirían violines cosacos, ebrios de sangre y vodka, y debido a esa razón minutos después la arrogante pareja hace su entrada en el salón. Ella se siente arrobada, no son sus cosacos pero es la misma alegría y fiebre de vivir ¡qué fuego arde en los ojos del joven director! un mechón de pelo castaño le cae sobre la frente y los ojos pero no le impiden descubrir entre la muchedumbre una radiante sonrisa de aprobación enmarcada por cabellos rubios. Le parece reconocerla ¿dónde la ha visto? sin saber por qué la imagina en un vasto escenario, pero la dama no baila ¿no gusta de su música? y se acerca hacia él, le tiende la mano pálida para ayudarse a subir al estrado y pide la partitura.

«Sueños», es el título, y sus primeras estrofas cantadas se posan sobre las notas de la orquesta como rocío sobre corolas, rocío cristalino de la voz de esa mujer deslumbradora. No se engañaba Joha

Pasan los meses, Joha

No, Joha

La familia sigue comiendo pero Joha

Pasa el tiempo, Joha

Es nuevamente verano, Joha

Joha

Joha

Qué oscuro está el bosque, pero ya no, qué oscuro estaba, hace horas que va trotando el caballo y una pincelada rosa es el horizonte. ¿Son los pájaros los seres más felices de la creación? Es posible, porque cuando se despiertan cantan, tienen la suerte de cada noche olvidar en el sueño que existe el mal en la tierra. Además sus nidos en lo alto de las copas frondosas reciben la primera caricia de los rayos del sol, por lo cual sus trinos descienden empapados de luz para despertar a Carla y Joha