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Co
– Tenemos muchos motivos para creer que Reynolds está implicada, Co
Co
– Eso no es más que una sarta de sandeces, Paul.
Fisher se recostó en el asiento y miró a Massey.
– Ya has oído los hechos. ¿Cómo puedes sentarte ahí y defenderla?
– Porque sé que es inocente -respondió Co
– ¿Tienes algún dato que lo demuestre, Co
– Ya te he contado los hechos aquí sentado, Fred. Teníamos una pista concluyente de otro caso en Agricultura. Brooke ni siquiera quería que Ken acompañara a Lockhart aquella noche. Quería ir ella.
– 0 eso es lo que te dijo -repuso Massey.
– Escúchame bien, mis veinticinco años de experiencia me dicen que Brooke Reynolds está más limpia que nadie.
– Investigó las cuentas de Ken Newman sin decírselo a nadie.
– Vamos, no es la primera vez que un agente se salta las normas. Se encuentra con un caso delicado y quiere investigarlo, pero no quiere enterrar la reputación de Ken junto con su cadáver, al menos hasta estar segura.
– ¿Y los cientos de miles de dólares en las cuentas de los niños? -preguntó Massey.
– Se los han colocado para inculparla.
– ¿Quién?
– Eso es lo que tenemos que averiguar.
Fisher sacudió la cabeza en señal de frustración. -Ordenaremos que la sigan en todo momento hasta que resolvamos este asunto.
Co
– Lo que deberíais hacer, Paul, es seguir las pistas del asesinato de Ken e intentar localizar a Faith Lockhart.
– Si no te importa, Co
Co
– Si buscáis a alguien que siga a Reynolds, ya lo habéis encontrado.
– ¡Tú! ¡Ni hablar! -protestó Fisher.
– Escúchame, Fred -dijo Co
Massey se mostró sumamente inquieto al oír esa última frase. Pareció encogerse en el asiento bajo la mirada fulminante de Co
– Fred -dijo Fisher-, necesitamos una fuente independiente…
– Puedo ser independiente -lo interrumpió Co
– No sé, Co
– Creo que alguien me debe esa oportunidad, Fred -dijo Co
Se produjo una larga pausa mientras Fisher miraba a uno y a otro hombre alternativamente.
– De acuerdo, Co
Co
– Gracias por el voto de confianza, caballeros. No os decepcionaré.
Fisher siguió a Co
– No sé cómo lo has conseguido, pero recuerda esto: tu carrera ya tiene una mancha negra, Co
Co
– Escúchame, Paul. -Se calló con el pretexto de quitar una pelusa de la camisa de Fisher-. Sé que, oficialmente, tú eres mi superior. Sin embargo, no confundas eso con la realidad.
– Estás entrando en terreno peligroso, Co
– Me gusta el peligro, Paul, por eso entré en el FBI. Por eso llevo pistola. He matado con la mía. ¿Y tú?
– Estás perdiendo el sentido común. Vas a tirar tu carrera por la borda. -Fisher sentía la pared en su espalda; se le estaba enrojeciendo el rostro mientras Co
– ¿Eso crees? Bueno, permíteme que te explique la situación. Alguien le ha tendido una trampa a Brooke. ¿Y quién podría ser? Tiene que ser el infiltrado del FBI. Alguien quiere desacreditarla, hundirla. Y, por lo que veo, Paul, tú estás intentando precisamente eso con todas tus fuerzas.
– ¿Yo? ¿Me acusas de ser el infiltrado?
– No estoy acusando a nadie de nada. Me limito a recordarte que, para mí, mientras no encontremos al infiltrado, nadie, y me refiero a nadie, desde el director hasta los tipos que limpian los lavabos, está libre de sospecha. -Co
Fisher lo observó mientras se alejaba, moviendo la cabeza lentamente, con cierta expresión de temor en el rostro.