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¿Podría seguir pagando a la niñera? ¿Acaso le quedaba otra opción, teniendo en cuenta todo lo que trabajaba? No podía dejar a los niños solos por la noche.
En cualquier trabajo, estaría en la lista de las diez personas con más posibilidades de ser despedidas. Pero en el FBI, el número de divorcios era tan elevado que el suyo pasaría inadvertido para el radar del organismo. Trabajar en el FBI no solía ser compatible con disfrutar de una vida personal feliz.
Parpadeó al percatarse de que Co
Era consciente de que las circunstancias no la favorecían. Habían matado a Newman la misma noche que le había pedido que la sustituyera para acompañar a Lockhart. Sabía que Paul Fisher había estado dando vueltas al asunto y con toda seguridad Co
Reynolds se serenó.
– Exista o no la filtración, ahora mismo no podemos hacer nada al respecto -aseveró-. Concentrémonos en lo que sí podemos hacer.
– Bien. ¿Cuál es el siguiente paso?
– Agotar las líneas de investigación. Encontrar a Lockhart. Esperemos que use una tarjeta de crédito para comprar los billetes de avión o tren. Si lo hace, es nuestra. También debemos encontrar al tirador. Seguir de cerca a Buchanan. Descifrar la cinta de vídeo y averiguar quién estaba en la casa. Quiero que actúes de enlace con la UCV. Tenemos un montón de cabos sueltos, ¡si tan sólo pudiésemos atar uno o dos!
– ¿Acaso no es lo que nos ocurre siempre?
– Nos encontramos en un verdadero aprieto, Co
– He oído que Fisher pasó por aquí. Supongo que vendría a verte. -Reynolds no replicó, por lo que Co
– Oh, Dios mío. Había oído hablar del caso, pero no sabía que hubieras participado.
– Probablemente todavía te estaban saliendo los dientes en Quantico.
Reynolds no sabía si era una pulla velada o no, pero decidió no replicar.
– En fin -prosiguió Co
Reynolds se percató de que estaba conteniendo el aliento. Co
Co
– Bueno, ¿sabes qué pasó? Descubrí que la filtración procedía de los altos mandos del departamento de policía mexicano, así que marqué la frente de esos cabrones con una enorme equis y me largué. Si mis superiores no querían hacer nada al respecto, bien. Pero, maldita sea, yo no estaba dispuesto a tragarme la mierda de otros. -Miró a Reynolds de hito en hito-. «Relaciones internacionales» -añadió, esbozando una sonrisa amarga. Apoyó los codos en el escritorio.
Reynolds se preguntó si se trataba de una especie de reto.
¿Acaso quería marcarle la frente con una equis o la desafiaba a marcarle la suya?
– Desde entonces, ése ha sido mi lema -dijo Co
– ¿Cuál?
– A la mierda las «relaciones internacionales».