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– Gracias -dijo Qui
– En los archivos.
– Incluyendo los papeles de la universidad.
– ¿Los de ella o de los sospechosos?
– De todos los hombres que la habían conocido.
– Eran cientos de nombres.
– Lo sé.
– Fueron devueltos a la universidad.
Mierda. Tendría que conseguir una orden judicial para cumplir con una de las exigencias de la Ley de privacidad de datos.
Qui
– Tendremos que volver a pedirlos. Ya se ha establecido que Pe
– Parece una posibilidad muy remota.
– No sé si sacaremos algo en claro -dijo Qui
Qui
– ¿Alguna vez te has preguntado por qué el asesino no se propuso acabar con Miranda después de que consiguió escapar?
Nick parecía sorprendido.
– En realidad, no.
– Yo sí. He pensado mucho en ello. Toda mi formación me dice que el asesino debe odiarla por haber escapado, por cometer un error, por su chapuza. Se considera superior a las mujeres, o siente una necesidad irreprimible de demostrar su superioridad porque se sintió inferior de pequeño. Odia a las mujeres. Es algo que tiene que ver con el control. Con la dominación. Pero a Miranda no la pudo controlar.
– El hecho de que Miranda haya escapado debería enfurecerlo -siguió Qui
– ¿Cómo si lo hubiera vencido en la caza?
Qui
– Sencillamente no tiene sentido. Debería querer vengarse. Tendría que haber ido a por ella. Pero, en cambio, es como si la respetara lo bastante para mantenerse a distancia.
– Y eso, Nick, es una contradicción, y me hace pensar que hemos estado buscando en el lugar equivocado.