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– ¿Cuál es el que me encanta? -inquirió Graham

– Todos -respondió Ha

– No me gusta Madeline y los gitanos -le informó Graham.

– Muy bien, entonces no leeremos ése -dijo Ha

– ¿Por qué? -quiso saber Graham

– Por la misma razón que a ti tampoco te gusta -respondió Ha

– Estoy harto de El rescate de Madeline -le dijo Graham.

– Estupendo. La verdad es que a mí también me harta. ¿Cuál te gusta?

– Me gusta Madeline y el sombrero malo -decidió el muchacho-, pero Pepito no me gusta, de veras, no me gusta nada.

– ¿No sale Pepito en Madeline y el sombrero malo? -le preguntó Ha

– Eso es lo que no me gusta del cuento -respondió Graham.

– Tienes que elegir un cuento que te guste, Graham

– ¿Te sientes frustrada? -inquirió el chico.

– ¿Quién, yo? Jamás. Dispongo de todo el día.

– Es de noche -señaló el niño-. El día ha terminado

– ¿Qué te parece Madeline en Londres? -le sugirió Ha

– En ése también sale Pepito

– ¿Y qué me dices de Madeline a secas, la historia original de Madeline?

– ¿Qué quiere decir "original"?

– La primera

– Ésa ya la he oído muchísimas veces -dijo Graham. Ha

– Quiero La Navidad de Madeline -dijo Graham por fin.

– Pero sólo estamos en Acción de Gracias -replicó Ha

– Has dicho que podía elegir el que quisiera

Sus voces llegaban a la cocina, donde Harry restregaba la bandeja del asado y Eddie secaba una espátula agitándola distraídamente. Le había estado hablando a Harry acerca de la tolerancia, pero parecía haber perdido el hilo de sus pensamientos. Su conversación se había iniciado con el tema de la intolerancia, sobre todo racial y religiosa, en Estados Unidos, pero Harry percibía que Eddie había entrado en un terreno más personal. De hecho, Eddie estaba a punto de confesarle la intolerancia que le causaba Ha

Harry sabía qué era la tolerancia. No habría discutido con Eddie, ni con cualquier compatriota de éste, que los holandeses son más tolerantes que la mayoría de los estadounidenses, pero creía que así era. Percibía la intolerancia que Eddie le causaba a Ha

Harry pensó que en Estados Unidos no existe ninguna intolerancia comparable a la intolerancia, tan estadounidense, hacia la falta de éxito. Aunque Eddie no le interesaba gran cosa como escritor, le gustaba mucho como persona, sobre todo por su afecto constante hacia Ruth. Cierto que le asombraba la naturaleza de su adoración, cuyo origen, suponía él, debía de ser la madre desaparecida. El ex policía se daba cuenta de que lo que Ruth y Eddie tenían más en común era la ausencia de Marion. Su ausencia era una parte fundamental de sus vidas, como le ocurría a Rooie con su hija

En cuanto a Ha

Relacionarse con los amigos de la persona que uno ama no es nada fácil, pero Harry sabía mantener la boca cerrada y limitarse a observar cuando era necesario

Mientras Harry ponía una olla a hervir, Eddie le preguntó cuáles eran sus planes para disfrutar de la jubilación. Tanto a él como a Ha

Pero Harry le dijo a Eddie que no se había retirado para buscar otro trabajo. Quería leer más, y también viajar, pero esto último sólo cuando Ruth estuviera libre para acompañarle. Y si Ruth, según decía ella misma, era "así así" como cocinera, Harry cocinaba mejor y disponía de tiempo para hacer la compra. Además, a Harry le ilusionaba hacer muchas cosas con Graham

Era exactamente lo que Ha

Ruth entró con la cara y las manos frías y se calentó al lado de la olla, en la que el agua había empezado a burbujear.

– Tomaremos sopa de pavo toda la semana -le dijo Harry. Una vez fregados y recogidos los platos, Eddie se sentó con Ruth y Harry en la sala de estar, donde la pareja se había casado por la mañana, pero Eddie tenía la impresión de que Ruth y Harry se conocían desde siempre… y así iba a ser sin duda. Los recién casados ocuparon el sofá, Ruth con una copa de vino en la mano y Harry con una cerveza. Desde el piso de arriba les llegaba la voz de Ha

Era la víspera de Navidad, y en toda la casa no se movía nada, ni siquiera el ratón, pues, como todo el mundo en aquella vieja casa, el pobre ratón estaba en cama, aquejado de un fuerte resfriado, y sólo nuestra pequeña y valiente Madeline estaba levantada, iba de un lado a otro y se sentía la mar de bien

– Así es como me siento, la mar de bien -comentó Harry.

– Yo también -dijo Ruth

– Por la pareja afortunada -brindó Eddie O'Hare con su Coca-Cola Light

Los tres amigos alzaron los vasos. Proseguía la voz de Ha

Durante aquel largo fin de semana de Acción de Gracias, la pareja feliz sólo cenó una vez más con Ha

– Se están pasando el fin de semana follando, no es broma -le susurró Ha

– Puede que no sean más que imaginaciones tuyas -le dijo Eddie

Pero lo cierto era que Ha

Además de preparar una ensalada de remolacha, Harry había hecho una sopa de pavo exquisita. También había horneado pan de maíz. Sorprendió a todos cuando persuadió a Graham de que probara la sopa, y el pequeño se la tomó junto con un emparedado de queso a la plancha. Todavía estaban cenando cuando se presentó la activa agente inmobiliaria de Ruth, acompañada por una mujer de aspecto severo a quien presentó como una "posible compradora"

La agente pidió disculpas a Ruth por no llamarla primero y concertar una cita, pero la posible compradora acababa de enterarse de que la casa estaba a la venta y había insistido en verla. Aquella misma noche tenía que regresar a Manhattan

– Para no encontrar caravana -dijo la posible compradora. Se llamaba Cándida, y su severidad procedía de la boca de labios finos y prietos, tanto que sonreír debía de resultarle doloroso, y la risa con semejante boca era ya impensable. Cándida podría haber sido en su juventud tan bonita como Ha

– ¿Por qué la venden? ¿Alguien se divorcia?

– En realidad acaban de casarse -dijo Ha

Cándida dirigió una mirada inquisitiva a Graham. La respuesta de Ha