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Una pareja feliz y sus dos amigos desdichados

Ruth Cole y Harry Hoekstra se casaron el Día de Acción de Gracias por la mañana, en la sala de estar, apenas usada, de la casa de Ruth en Long Island. A Ruth no se le ocurría una manera mejor de despedirse de la casa que contraer matrimonio en ella. En los pasillos de ambas plantas se alineaban varias pilas de cajas de cartón, etiquetadas para el personal de mudanzas. Cada mueble tenía una etiqueta roja o verde: el rojo significaba que debían dejarlo donde estaba, y el verde, que habían de transportarlo a Vermont

Si cuando llegara el verano la casa de Sagaponack aún no se había vendido, Ruth la alquilaría. La mayor parte de los muebles estaban etiquetados para quedarse, y a Ruth ni siquiera le gustaban. Nunca había sido feliz en la casa de los Hamptons, excepto cuando vivió allí con Allan. (En cambio, no solía asociar a Allan con la casa de Vermont, lo cual sería ahora un alivio.)

Eddie vio que habían descolgado de las paredes todas las fotografías y supuso que debían de estar metidas en alguna de las cajas de cartón. Y, al contrario que la ocasión anterior en que vio las paredes despojadas de las fotos, esta vez habían extraído los ganchos para colgar los cuadros. Habían rellenado los agujeros y pintado o empapelado de nuevo las paredes. Un comprador potencial jamás sabría cuántas fotografías estuvieron expuestas allí en el pasado

Ruth les dijo a Eddie y Ha

Eduardo condujo al altar a la novia. Eddie era el padrino de Harry y Ha

Harry había elegido un poema para leerlo. Sin saber que Allan había dado instrucciones a Eddie para que leyera un poema de Yeats en su funeral, Harry seleccionó unos versos del mismo poeta para su boda con Ruth. Aunque el poema arrancó las lágrimas a Ruth, a Ha

El poema se titulaba "Él desea las telas del cielo", y Eduardo y Conchita se tomaron de la mano mientras Harry lo recitaba, como si se casaran de nuevo

Had I the heavens' embroidered cloths,

Enwrought with golden and silver light,

The blue and the dim and the dark cloths

Of night and light and the half-light,

I would spread the cloths under your feet:

But I, being poor, Nave only my dreams;

I have spread my dreams under your feet; Tread softly because you Tead on my dreams'

"Si tuviera las telas bordadas del cielo,

hechas delicadamente con luz de oro y plata,

las telas azul, mortecina y oscura

de la noche y la luz y la media luz,

las extendería a tus pies.

Pero, como soy pobre, sólo tengo mis sueños,

y he extendido mis sueños a tus pies,

pisa con cuidado porque pisas mis sueños". (N. del T)

Las alianzas estaban en poder de Graham. Al dárselas le dijeron con fingida solemnidad: "Aquí tienes, porque eres nada menos que el entregador de los anillos". El pequeño oyó mal la extraña palabra y entendió que era el "enterrador" de los anillos. Así pues, cuando llegó el momento en que debía dar las alianzas, se indignó porque habían olvidado una parte importante de la ceremonia. ¿Cuándo tenía que enterrar los anillos, y dónde? Después del acto, puesto que Graham estaba desesperado porque creía que habían estropeado el simbolismo de los anillos, Ruth le permitió enterrar las alianzas entre las raíces del seto que se alzaba al lado de la piscina. Harry examinó atentamente el lugar en que las había enterrado, a fin de que, al cabo de un tiempo prudencial, pudieran mostrar al pequeño dónde debía desenterrar los anillos

Por lo demás, la segunda boda de Ruth salió a pedir de boca. Sólo Ha

El pavo de Acción de Gracias, que Ruth y Harry habían llevado allí desde Vermont, habría podido alimentar a otra familia entera además de a todos ellos. Ruth dio a Eduardo y Conchita la mitad del sobrante antes de que regresaran a casa. Graham, a quien el pavo no le hacía ninguna gracia, exigió que le dieran un emparedado de queso a la plancha

Durante la larga cena, Ha

– Tal vez por eso no la has vendido todavía. Quizá deberías rebajar el precio, chica

Eddie ya había abandonado la esperanza de que la casa llegara a ser suya. Desde luego, no deseaba compartirla con Ha

Ahora que Ha

No obstante, al cabo de casi cuarenta años, ¿qué podía esperar? ¿Que Marion le entregara un certificado de su conducta en Toronto? ¿Que le enviara un ensayo sobre sus experiencias como expatriada? Sin duda ni Ruth ni Eddie tenían motivos para esperar que Marion asistiera a la segunda boda de Ruth. "Al fin y al cabo -como Ha

Harry sabía cuándo era conveniente cambiar de tema y, a su manera improvisada, se embarcó en una especie de interminable oda a la leña. Nadie sabía cómo reaccionar, y lo único que podían hacer era escucharle. El holandés había pedido prestada a Kevin Merton su camioneta de caja descubierta y había transportado a Long Island una carga de madera de Vermont

Eddie había observado que a Harry le obsesionaba un poco la leña. No podía decirse que le hubiera fascinado exactamente la charla sobre la leña, que Harry prosiguió incansable durante el resto de la cena. (Todavía estaba hablando sobre la leña cuando Eduardo y Conchita se fueron a casa.) Al novelista le gustaba mucho más que Harry hablara de libros, pues no había conocido a muchas personas que leyeran tantos libros como el ex policía, con excepción de Minty, su difunto padre

Terminada la cena, mientras Harry y Eddie se ocupaban de los platos y Ha

Ruth apenas se acordaba del tiempo en que la piscina y el seto que la rodeaba no estaban allí, o de cuando el césped era el campo sin segar por el que sus padres discutían. Ahora se le ocurrió pensar que, en otras noches frías, cuando alguien fregaba los platos y su padre o una canguro la habían acostado y le contaban un cuento, su madre debía de estar en aquel jardín, bajo las mismas estrellas implacables. Marion no habría contemplado el cielo ni se habría considerado tan afortunada como lo era su hija

Ruth sabía que era afortunada. Se dijo que su próximo libro debería tratar de la buena suerte, de cómo la buena suerte y el infortunio se distribuyen de una manera desigual, si no al nacer, por lo menos a medida que se dan las circunstancias sobre las que no tenemos control alguno, así como en la pauta al parecer fortuita de los acontecimientos que entran en colisión: la gente que conocemos, el momento en que ese conocimiento tiene lugar y si esas personas importantes podrían conocer casualmente a otras, y el momento en que podría suceder tal cosa. Ruth sólo había tenido un pequeño infortunio. ¿Por qué razón su madre había tenido tantos?

– Oh, mamá -dijo Ruth a las frías estrellas-, ven a conocer a tu nieto ahora que todavía puedes hacerlo

En el dormitorio principal, situado en el piso superior, y en la misma cama de matrimonio donde hiciera el amor con el difunto Ted Cole, Ha