Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 36 из 53

– Me imagino que se refiere a Louie D -dije-. Y a la pifia.

Había logrado captar la atención de Be

– ¿Sabe lo de la pifia? -preguntó Be

– Sé lo del corazón.

– ¡Santo Cristo Bendito! -dijo Be

– ¿Dónde está El Porreta?

– Ya le he dicho que no sé dónde está, pero, joder, mi mujer me está volviendo loco con el rollo del corazón. Tiene que darme el corazón. No oigo hablar de otra cosa… que tengo que conseguir el corazón. Soy humano, ¿sabe lo que quiero decir? No puedo soportarlo más.

– Be

– Y piense en Louie D, enterrado sin corazón -dijo Be

– ¿Cuándo se fue Estelle a Richmond?

– El lunes.

– El mismo día en que desapareció El Porreta -dije.

Be

– ¿Qué está sugiriendo?

– Que Estelle secuestró a El Porreta.

Be

– Estelle no hace ese tipo de cosas -dijo Be

– ¿Cómo se fue a Richmond? ¿Alquiló una limusina?

– No. Se llevó su coche. Iba a Richmond a visitar a la mujer de Louie D, Sophia, y luego se iba a Norfolk. Tenemos una hija allí.

– Me imagino que no llevará una foto de Estelle encima.

Be

Era una mujer de aspecto agradable, con la cara redonda y el pelo corto y canoso.

– Bueno, yo tengo el corazón y ahora les corresponde a ustedes averiguar quién tiene a El Porreta -le dije a Be

Lula y yo nos fuimos.

– ¡Hostia! -dijo Lula cuandn estuvimos en la moto-. Te has portado muy fríamente con ellos. Me has hecho creer que de verdad sabías lo que hacías. Vamos, como que casi me he

creído que tenías el corazón.

Lula y yo regresamos a la oficina y mi teléfono móvil sonó en el momento en que cruzábamos la puerta.

– ¿Está tu abuela contigo? -me preguntó mi madre-. Se fue a la panadería esta mañana a primera hora, a comprar unos bollos, y todavía no ha vuelto.

– No la he visto.

– Tu padre ha salido a buscarla, pero no la ha podido encontrar. Y yo he llamado a todas sus amigas. Hace horas que desapareció.

– ¿Cuántas horas?

– No lo sé. Un par de horas. Pero es que no suele hacer algo así. Siempre vuelve a casa directamente desde la panadería.

– De acuerdo -dije-, me voy a buscar a la abuela. Llámame si aparece.

Corté la comunicación y el teléfono sonó otra vez inmediatamente.

Era Eddie DeChooch.

– ¿Sigues teniendo el corazón? -quería saber.

– Sí.

– Bueno, pues yo tengo algo para negociar.

Tuve una mala sensación en el estómago.

– ¿El Porreta?

– Inténtalo de nuevo.

Se oyeron unos ruidos y la abuela se puso al teléfono.

– ¿Qué es todo ese rollo del corazón? -preguntó la abuela.

– Es bastante complicado. ¿Estás bien?

– Hoy tengo un poco de artritis en la rodilla.

– No. Me refiero a si Choochy te está tratando bien.

Oí como DeChooch apuntaba a la abuela lo que tenía que decir. «Dile que estás secuestrada -decía-. Díle que te voy a volar la cabeza si no me da el corazón».

– No le voy a decir tal cosa -dijo la abuela-. ¿Cómo le sonaría? Y tampoco te hagas ideas raras. El que me hayas secuestrado no significa que sea fácil. No voy a hacer nada contigo a no ser que tomes precauciones. No les voy a dar la menor oportunidad a esas enfermedades.

DeChooch volvió a coger el teléfono.

– Éste es el trato: lleva el teléfono móvil y el corazón de Louie D al Centro Comercial Quaker Bridge y yo te llamaré a las siete en punto. Si metes en esto a la policía, tu abuela morirá.