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- Yo no puedo hacer nada: el Silencio ha venido a buscarlo.

Tras decir esas palabras se derrumbó sobre la mesa. Sus alarmados acólitos la trasladaron de inmediato a su habitación, donde permaneció hasta bien entrado el día siguiente.

Al recobrar el conocimiento, lo primero que hizo fue llamar a la condesa. Ambas mujeres permanecieron a solas durante varias horas.

Lamentablemente, la condesa no nos ha dejado un relato escrito de su conversación de aquel día, pero se sabe que en varias ocasiones la calificó de momento decisivo de su vida.

Es discutible, sin embargo, la influencia real que Mme Salminen ejerció en la vida posterior de su discípula. Por ejemplo, cuando atribuyó a dicha influencia sus i

Sin embargo, pese a estar acostumbrados a sus excentricidades, sus amigos sintieron verdadera preocupación cuando se trasladó a Egipto a finales de los años cuarenta, en busca del emplazamiento más sagrado del antiguo culto valentiniano: el santuario perdido del Silencio. Algunos recordarían más tarde, después de su desaparición, que muchas veces había comentado una descripción que le había hecho Mme Salminen: la de una aldea al borde del desierto, con palmeras de dátiles y cabañas de adobe y norias chirriantes.