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Apretado entre O'Co
Ya no podía irse a Tanzania, porque ni siquiera tenía dinero para el ómnibus y aún si O'Co
Estaban entrando a la ciudad por la costanera cuando el cielo se llenó de luces de colores, y oyeron, a lo lejos, un repiqueteo de disparos y las explosiones de bombas y cohetes.
– ¡Ese es Quomo! -dijo O'Co
Kiko empezó a tocar la bocina y apretó el acelerador a fondo. Atrás, en la caja, los otros negros daban alaridos y disparaban al aire. Bertoldi no supo si ponerse contento o encomendarse nuevamente a Dios, que lo tenía abandonado desde hacía tanto tiempo.