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—Entonces, ¿por qué te estás escondiendo? —se recuesta contra el mesón de la cocina con brazos cruzados.
—No me estoy escondiendo.
Apolo levanta una ceja.
—¿Y qué estás haciendo entonces?
Abro la boca, y la vuelvo a cerrar, pensando que inventar, hasta que se me ocurre algo:
—Estoy…
—Perdiendo el tiempo —me interrumpe Sofia Hidalgo al entrar a la cocina—. ¿Se puede saber dónde has estado los pasados 20 minutos?
Suspiro.
—Solo me aseguraba que…
—¡Shi! —me calla—. No quiero tus excusas, solo vuelva ahí afuera y atiende a mis invitados.
Me muerdo la lengua, le prometí a mi madre que me comportaría y que sería buena, solo por eso.
De mala gana, le paso por un lado a Apolo y vuelvo a esa farsa que llaman fiesta.
Atiendo a la gente, sirvo bebidas y sonrío como una idiota. Mantengo mis ojos y mi mente alejadas del centro de atención de esta noche.
Para mí desgracia, mi preocupación por no encontrarme a Artemis me lleva a estrellarme contra el pecho de la persona que menos esperaba ver aquí: Daniel.
Sus ojos brillan cuando encuentran los míos.
—Mi bello genio…
Mierda.
—Hola —lo saludo con la mano y estoy a punto de pasarle por un lado cuando me detiene del brazo.
—Ey, ey, espera —me gira hacia él—. Si crees que voy a dejarte escapar esta vez, estas muy equivocada.
Me suelto de su agarre.
—Estoy un poco ocupada ahora.
—¿Por qué has estado ignorado mis llamadas? —esta era la conversación que no quería tener—. Entiendo que estés jugando a hacerte la dura, pero, ¿dos meses ignorándome no es mucho?
Ay, Daniel.
Para resumirles la historia, Daniel fue el resultado de una noche de alcohol y ganas de tener sexo acumuladas. Él juega en el equipo de fútbol de Ares, y esta jodidamente bueno a pesar de que es un año menor que yo, es muy bueno en la cama. Si el sexo fue muy bueno, pero solo fue eso: Sexo.
Si, soy muy honesta respecto a mi sexualidad y a lo que quiero. Que se joda la sociedad, las mujeres también tenemos derecho a follar cuando nos dé la gana, como nos dé la gana, con quien nos dé la gana, mientras me proteja y me cuide a mí misma no tiene por qué ser el problema de los demás. Tal vez, mucha gente me juzgue, pero no importa ni un poco.
No me interesan las relaciones, pero disfruto de la compañía sexual de un hombre atractivo y que sepa lo que hace, ¿Hay algo malo con eso? Mi vida es solo mía para decidir lo que hago con ella. Esto no quiere decir que no apoyo a las personas que, si están en una relación o aquellas personas que, si consideran el sexo algo sagrado, respeto sus creencias, así como pido que respeten las mías. Cada quien cava su propio túnel para llegar a la oscuridad y eventualmente surgir a la luz.
Así que, con la frente en alto, le digo a Daniel:
—Daniel, eres un hombre muy atractivo.
Él sonríe.
—Gracias.
—Pero solo fue una noche loca, honestamente no me acordaba así que, por favor, déjalo ir, olvídate de mí.
Su sonrisa no solo se desvanece, sino que la confusión de esparce por todo su rostro.
—¿Qué?
Me paso una mano por la cara en frustración, la gente a mi alrededor, la presión de que no me consiga otra vez la señora de la casa sin hacer nada, despierta mi lado directo y frío.
—Daniel, fue solo una noche de sexo y ya. No estoy jugando a hacerme la dura, solo quería follarte, lo hice, y ya.
—No te creo.
Suspiro.
—¿Por qué?
—Las chicas siempre quieren más que solo sexo.
—Supongo que no soy una chica entonces porque estoy 100% segura de que no quiero más.
—No sé a qué carajos juegas, Claudia, pero para, ya me tienes lo suficientemente interesado, no tienes que esforzarte así.
Hombres...
¿Por qué es tan difícil creer que una chica solo quiere disfrutar su sexualidad sin querer más?
—No estoy jugando a nada y…
—¿Pasa algo?
Ares se nos une, dándonos una mirada cuestionable, yo le sonrío.
—No, de hecho, ya me iba.
Desaparezco tan rápido como puedo, dejando a Daniel con la palabra en la boca. La fiesta transcurre con normalidad y cuando se acaba, Gin y los demás me ayudan a limpiar antes de irse a descansar. Me aseguro de que mi mamá este durmiendo bien, y vuelvo a la cocina para revisar que todo este orden.
Me paso las manos por la cara, suspirando.
—¿Cansada? —dejo de respirar al escucharlo. Su voz también ha cambiado, es mucho más varonil, gruesa, demandante de lo que recuerdo.
Me volteo para enfrentarlo por primera vez en tanto tiempo.
Artemis.