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La comida continuó en silencio. Ruark no prestó mucha atención a Sha
Ruark levantó la vista hacia la ventana y ahogó una exclamación al ver a Sha
"Dios mío – gimió Ruark interiormente-. ¿Sabe ella lo hermosa que es? ¿Sabe cuánto me atormenta?"
La lluvia se hizo más intensa y Sha
¿Debería conducirse como un mozo enamorado? No, eso no. Ella lo rechazaría con desdén. ¿Pero qué esperaba de él? Se sentía perdido
Estaba desconcertado. Si ella conociera los pensamientos de él, ¿le mostraría compasión? Un simple contacto, un dedo apoyado en su brazo. "Una mirada – gritó su mente, desesperada -. ¡Cualquier cosa!"
Nada sucedió. Ningún contacto. Ni besos. Ni miradas. Ruark desvió la vista angustiado.
Sha
Ruark empezó a doblar sus mapas. Sha
“¡El viene a la cama! ¿Qué haré ahora? Quizá me le entregue si él insiste, un poco.”
“¡No, maldito sea! – se corrigió, nuevamente colérica -. Toma a una vulgar mujerzuela debajo de, mis narices poco después de haberme hecho protestas de amor y sinceridad. Yo le enseñaré lo que es amor y sinceridad. Lo haré, tascar el freno, antes de acabar con él”.
Ruark se levantó y desperezo. Sha
Después de un momento, Sha
¡Fue demasiado! Con un rugido de ira, Ruark arrebato, el objeto y se puso de pie. De un salto, se acercó a la ventana y arrojó la barrera al patio. Cuando se volvió, la ira lo dominaba y su desnudez le daba un aspecto magnífico. Sha
– ¡Ya estoy harto de todo esto! -Se acercó nuevamente a la cama y la miró con una expresión de gran determinación.
– Oh, estás harto -dijo Sha
– Hace tiempo, en mi celda, pasaba las horas contando los días de vida que me quedaban -empezó Ruark-. El carcelero hizo que la vida fuera un desafío para mí. Un desafío que yo acepté. -Alzó dramáticamente la mano-. En realidad, se la arrojé en la cara.
– ¡Que arrogancia! -Sha
Ruark no hizo caso de sus palabras y siguió hablando:
– y entonces, en mi mundo húmedo y oscuro, llegó una luz y una calidez que yo había olvidado hacía tiempo. El pacto que ella me propuso superaba mis sueños más descabellados y otra vez mi mundo fue algo más que las cuatro paredes de piedra con un techo y una estrecha puerta de hierro para impedirme la huida.
Fue como si ella no lo hubiera escuchado.
– y entonces, cuando yo vine a ti, confundido, una vez más te aprovechaste de mí.
Ruark detuvo sus pasos por la habitación y la señalo con un dedo acusador.
– Por mi honor, representé mi papel y atendí a tu placer. Pero vi morir mi última esperanza y fui arrojado nuevamente a mi celda y tú te deslizaste en mis habitaciones en la oscuridad de la noche y te aprovechaste del sueño que todavía se aferraba a mis ojos.
Sha
– Una vez más, Sha
– Ciertamente, no perdiste oportunidad de hacerme correr el riesgo de quedar encinta y así salirte con la tuya. -Sha
Ruark se rascó el mentón, pensativo.
– Pero después vi ante mí el pecho desnudo y se me hizo la promesa de reparar la falta que conmigo se había cometido. Se hizo el pacto. Yo desesperé porque no hubiera podido reclamar nada más de la que tanto me atormentaba. No tenía la menor posibilidad de escapar a mi promesa. Pero ella vino nuevamente e hizo más de lo pactado y entonces fui yo quien quedó en deuda. Sin embargo, ella me recibió bien cuando yo más lo necesitaba. Pero el destino cerró su mano contra mí y la más vil de las murmuraciones me enlodó. Otro nombre fue vinculado al mío por lenguas, malvadas.
– Pobre Milly -suspiró Sha
– Un torpe incidente fue montado para privarme de la pequeña felicidad que tenía.
– Fue la torpeza de ella lo que la hizo caer en tus garras. Pobre muchacha, ella no tenía fortuna para atraerte. Ciertamente, terminar como la otra, la de Inglaterra.
– Yo hubiera salido a defender mi causa, pero nuevamente me traicionaron y me encontré con el, contundente puño del bueno de Pitney.
– Pero tú sigues acusándome con la audacia de un bandido, de un pirata, -Sha
– Tú niegas tus juramentos. Niegas mis derechos. Lastimas a mi orgullo y todo me lo niegas. Me tratas como a un lacayo y me traicionas en toda oportunidad que se presenta.
Sha
– Te apropias de mi corazón y entonces, lo hieres con infidelidades.
– Las infidelidades sólo puede cometerlas un esposo. Tú me las echas en cara y sin embargo, niegas que sea tu esposo. Pero tú aceptas a rebaños de cortejantes y eres con ellos más amable que conmigo.
Sha
– ¡Eres un grosero vulgar!
– ¡Tú eres una mujer casada!
– ¡Soy viuda!
– ¡Eres mi esposa! -gritó Ruark en voz tan alta que se oyó pese al ruido del viento que aullaba en el exterior.
– ¡Yo no soy tu esposa!
– ¡Lo eres!
– ¡No!
Quedaron separados por menos de un metro pero con un océano entre los dos, cada uno afirmado en sus convicciones, ninguno dispuesto a ceder.
En ese momento estalló un relámpago cegador que ilumino fugazmente la habitación. Antes de que el relámpago se apagara un trueno ensordecedor hizo temblar las paredes de piedra. Seguían sus ecos cuando otro relámpago lanzo su luz blanquísima. El rostro de Sha
Ruark dejó a Sha