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– Vaya, el señor Ruark la ha entrenado bien.
Ruark rodeó con un brazo las caderas de Sha
– Ajá -dijo- pero todavía tiene un poco que aprender. Es como amansar a una buena yegua. No puedo dejarla sola mucho tiempo.
Sintió que Sha
– Ajá -gritó el inglés-. Así es. Pero deja, muchacho, que Carmelita te enseñe dos o tres cosas.
Ansiosamente, Carmelita se acercó meneando sus anchas caderas y se, inclinó sobre la silla de Ruark, sin prestar atención a Sha
– Tómalo con calma, cariño. El parece suficientemente capaz de complacemos a las dos, Mientras seamos más, será más divertido -rió carmelita.
Sha
Dentro de Sha
Ruark se puso de pie y nuevamente pareció que tendría que intervenir, pero el ruido de vidrios rotos lo hizo volverse y mirar a Sha
Carmelita retrocedió un paso con su incertidumbre claramente, retratada en la Cara. Aun si conseguía herir a Sha
Carmelita guardó el cuchillo y Sha
Ruark contuvo el aliento, aguardando la reacción del inglés; pero Harripen, después de la primera sorpresa, soltó una fuerte carcajada.
– ¡Maldición -dijo- ella es tan mala como el mismo Trahern!
El holandés, por efectos del ron negro que era su bebida preferida, se sintió más atrevido. Se acercó a Sha
– Ese Harripen no tiene suerte con las mujeres. Ahora, muchacha, el viejo Fritz Schwindel se encargará de ti.
La rodilla de Sha
Ruark se agazapó y en seguida salto como una serpiente. Voló por el espacio como un tigre al ataque. Schwindel todavía estaba semi doblado, tratando de calmar el dolor de sus testículos, cuando Ruark lo golpeo en el pecho. El ataque lanzó al holandés contra la pared, y cuando rebotó, Ruark lo alzó y lo arrojó por encima de su hombro al suelo donde se deslizó debajo de la mesa.
El sable entonó su canción agridulce cuando salió de su vaina y el holandés se puso de pie del otro lado de la mesa, apartando sillas y hombres de su paso en su prisa por escapar.
– Nein. Nein -gritó- Der recht ich nicho haben. -Viendo que sus palabras no tenían efecto en Ruark, luchó con el idioma inglés y dijo-: ¡y o no tengo derecho! ¡Me rindo! ¡Me rindo!
La vista del cobarde gritando del otro lado de la mesa tranquilizó a Ruark, quien guardó lentamente su acero. Miró los rostros de los piratas y no vio ningún desafío. No necesitaba hablar más. Ellos entendían por fin sus derechos sobre la moza y que él no toleraría que los mismos fueran cuestionados. Volvió la espalda a los hombres y con un gesto envió a Sha
Ruark se apoyó en el marco y aspiró profundamente para relajar la tensión de su espalda. La misma había ido aumentando con cada paso que daba él alejándose de la mesa y tuvo la seguridad de que, con la posible excepción de Madre, no hubo ninguno que no hubiese querido tener el coraje para hundirle una hoja de acero entre las costillas. Vio que Sha
Suspiró, tanto por frustración como por el alivio de estar todavía con vida. Que lo condenaran antes de arrastrarse ante ella para pedirle perdón por algo de lo que él era inocente; sin embargo, deseaba la ternura que sus explicaciones podrían provocar en ella. Ansiaba una mirada comprensiva, besarla en la boca, tomar en sus brazos el cuerpo sedoso, pero sabía que algo faltaría si no se tenía mutua confianza.
Había una vela encendida junto a la cama. Gaitlier, pensó. Y la cama estaba abierta como una invitación. El no recordaba haber visto al hombrecillo con los demás. Debió venir y retirarse por la parte de atrás la escalera exterior, pensó Ruark. También la bañera estaba llena. Realmente Gaitlier sabía atender a una dama como Sha
– ¿Sha
Ella se volvió, con ojos dilatados por la ira y un desafío en los labios.
– Sshh -dijo él antes de que ella pudiera hablar. La tomó de una mano y la llevó hasta la bañera. Allí, la habitación estaba a oscuras y ella, no pudo entender el propósito de él hasta que él encendió una vela. En seguida, Sha
Momentos después Ruark sonrió cuando la oyó meterse en el agua y suspirar aliviada contenta.
Momentos más tarde, Ruark se acercó a la cortina y la levanto haciendo que Sha
Sha
– Mi amo y señor, ¿no me concede un poco de privacidad?
Ruark la miró ceñudo
– Sha
¿Tengo que soportarlo pese a que no tienes motivos?
– ¡Que no tengo motivos! -estalló Sha
– Sha
– ¿Quieres dejar esa cortina, por favor, y permitirme cierta intimidad por un momento?
Después de despedirlo así, Sha
Furioso, dejó la sábana que hacía de cortina y se tendió en la cama para mirar su silueta que se recortaba en la tela proyectada la luz de la vela. Pasaron varios minutos. Ruark se quitó los calzones se metió debajo de la sábana. Aguardó impaciente, sabiendo que Sha
La vela junto a la cama iluminaba la habitación con su débil resplandor. El seguía aguardando. Por fin ella apareció, completamente vestida. Llevaba una falda larga de seda negra bordada con flores multicolores y levantada a un costado para mostrar un muslo esbelto y torneado. Una blusa suelta y delgada, demasiado o grande, apenas se mantenía en su 1ugar sobre un hombro y la curva alta y llena de los pechos. Su cabello, iluminado por su propio oro, estaba sostenido hacia atrás con una cinta y caía sobre la espalda en toda su gloriosa longitud.