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Antes de ponerse bajo la luz Sha
– Esto es mío -ladró él, y hasta Sha
Amartillo cuidadosamente el arma, apoyó un pie en un banco y puso el codo sobre la rodilla, dejando que la pistola colgara flojamente de su mano. con calma, miró una a una las caras que tenía delante.
– Ustedes hablan de compartir -dijo él en tono peligrosamente suave-. Yo hubiera podido reclamar la parte tuya. -Señaló con su arma al capitán mulato-. Y la tuya. -Miró directamente a Hawks mientras pasaba lentamente el pulgar por el disparador-. O hasta la tuya. -Sonrió a Harripen. Después rió sardónicamente y habló por encima de si hombro-. Parece que Madre es el único que no cuestionará mis derechos sobre usted, señora Beauchamp.
Guardó la pistola con su compañera. Sacó el largo sable, y apoyo la punta en la mesa, frente a los hombres.
– Si alguien quiere cuestionar mis derechos sobre algo, que hable ahora y lo aclararemos.
Sus ojos se clavaron en cada uno de ellos hasta que los hombres desviaban la vista o negaban con la cabeza, rehusando el desafío. Ruark envainó el sable.
– Así está bien.
Volvió junto a Sha
– Deben considerar a la señora Beauchamp como una pieza de mercadería, la cual, por las reglas de ustedes y con el consentimiento de ustedes, ha sido dejada a mi cuidado. Ella es un tesoro de gran valor cuyo rescate podría enviar a muchos a las colonias como hombres ricos. -Levantó la cabellera de ella y se las mostró-. Una, tapicería o una pintura es un objeto de gran belleza y de gran valor, pero si se lo maltrata y destroza no vale más que un harapo, sin utilidad para nadie, ¿Piensan entregar a su padre a una hija violada y obtener una recompensa? ¿Han oído hablar de Trahern? ¡Yo sí! ¡Madre también! El me dará la razón. Si la hija de Trahern llegara a sufrir el menor daño, el hombre los perseguirá a todos hasta el confín de la tierra y no descansará hasta haberse vengado colgándolos a cada uno de ustedes del penol de la verga.
Todos guardaron silencio mientras consideraban la advertencia. Madre se levantó de su silla y la mesa crujió cuando él apoyó su peso el ella.
– Escúchenlo, muchachos -ordenó su voz de tenor. Su calva brillo a la luz de las lámparas y sus mejillas se sacudieron cuando él movió cabeza para mirarlos uno por uno-. El hombre tiene razón, y me temo que si no le hacen caso, no quedará ni la mitad de ustedes para tripular un barco. Necesitamos a todos los hombres capaces, y a el tanto como a los demás.
Hubo murmullos de renuente aceptación y después de un momento Harripen golpeó la mesa con su jarro.
– Carmelita! ¡Dora! Traigan comida -gritó- Me duele la barriga de hambre, tanto de comida como de una buena hembra.
La tensión aflojó y los corsarios volvieron a sus bebidas. Ruark señaló con la cabeza un banco en las sombras detrás de su silla, y Sha
Los hombres empezaron a hablar y bromear como antes, pero de tanto en tanto Ruark sorprendía una mirada en su dirección. Orlan Trahern haría bien en darse prisa para rescatar a su hija, pensó Ruark, porque ni él mismo sabía cuánto tiempo sería capaz de seguir conteniendo a los piratas. En su mayoría, ellos eran criminales, prófugos de la ley, descastados, marginados. Con despreocupado abandono enfrentaban la muerte, porque la muerte solamente significaba el fin de una existencia carente de objetivos. Lo que, más temían era la mutilación porque debían ser sanos y fuertes para realizar sus correrías. Una vez baldados, tendrían que mendigar las migajas de la cruel e implacable jauría.
Ruark se mostraba ante los otros relajado y confiado. Estiró sus largas piernas y apoyó un brazo en el borde de la mesa. Solamente Sha
"Dios se apiade del mundo si él llegara a convertirse en un pirata auténtico" pensó ella.
"Sería un pirata endemoniadamente efectivo. Tiene una aptitud especial para dirigir hombres -sus ojos se entrecerraron cuando Carmelita se acercó contoneándose con una bandeja rebosante de carnes asadas- y también para dirigir a las mujeres"
Mientras Dora prefería mantenerse lo más lejos posible de los hombres y dedicarse a cargar las fuentes en el fogón y llenar las jarras Con ale o vino, Carmelita se dedicaba a servir la mesa, tarea que cumplía de muy buena gana. Ella podía llevar diestramente una bandeja llena de comida en una mano y aferrar con la otra mano varios jarros rebosantes, y todavía caminar con un provocativo menear de caderas. Riendo alegremente, esquivaba los brazos que intentaban abrazada y las manos que parecían ansiosas de aferrar porciones de su cuerpo. Sin embargo, exhibía el valle entre sus pechos con sorprendente imparcialidad, aunque junto a Ruark se detenía demasiado y frotaba i
Sha
Súbitamente Madre golpeó la mesa con su jarro y los miró a todos con expresión acusadora.
– En esta habitación algo huele mal -gritó-, huele a los ricos altaneros. -Los silenció a todos con un violento movimiento del brazo-. Hay un olor a látigos, a sangre y sudor. Hay olor a riquezas y a justicia torcida. Huele como…
Su mirada recorrió nuevamente la habitación hasta detenerse en Sha
– Es el olor de una Trahern gritó, y Sha
De todas partes surgieron gritos de aprobación y Carmelita dio su opinión cuando el ruido cesó.
– Sí -dijo la mujer-, que la pequeña orgullosa se,¡gane su comida.
Madre agitó el brazo hacia Sha
– Que se ponga a trabajar como cualquier buena esclava.
Ante la mirada interrogativa de Sha
– Por favor, señora Beauchamp… una copa de vino me bastara por el momento.
Una botella fue puesta en las manos de Sha
Harripen se echó atrás en su silla y observó cada uno de sus movimientos. Sus ojos recorrieron las curvas ocultas por el vestido demasiado grande. Después su mirada cayó sobre Carmelita, quien cortaba la carne con enérgicos movimientos que hacían estremecer sus pechos. Harripen bebió su vino y empezó nuevamente a comer luego de haber decidido que a su debido tiempo daría satisfacción a sus necesidades, pero no con la moza de la taberna.
El mulato no mostró tanta paciencia.
Cuando Sha
Sha
Ruark aguardó hasta que todos hubieron estado servidos y entonces llamó a Sha
Habiendo presenciado todo el incidente, Harripen estalló en fuertes risotadas. Aferrando la camisa del holandés, quien se le unió en sus carcajadas cuando el inglés señaló a ella y a Ruark, llamó la atención de todos.