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Sha

– ¿Quieres abrocharme?

– Sí, amor mío -repuso él rápidamente, dejó la navaja y se volvió. Pareció súbitamente dolorido. Sus ojos descendieron lentamente y su tono reflejó su desagrado.

– ¿Dónde encontraste eso? -dijo.

Sha

– Allí -dijo, y se alisó la falda-. ¿Estoy suficientemente cubierta?

Por toda respuesta, Ruark emitió un resoplido de desprecio. Sha

– Es todo lo que pude encontrar.

Levantó los largos y espesos rizos de su nuca y le dio la espalda, donde el vestido abierto revelaba la suave, cremosa desnudez. Pasó un largo y silencioso momento mientras Ruark abrochaba el vestido, tiempo suficiente para que Sha

– ¿Has encontrado un cepillo para tu cabello? -preguntó él.

Sha

Acomodó el cabello todavía húmedo en un gran nudo encima de su cabeza, fue hasta la cama y se sentó en el borde. El calor del día había aumentado y resultaba bastante molesto. La picazón de la lana.

contra su piel delicada era un anuncio de lo que iba a venir. No pudo evitar un estremecimiento y miró a Ruark para ver si él lo había notado. Pero él había vuelto a la tarea de rasurarse y le daba la espalda. Desvió la vista y, vio su imagen en los espejos. La esposa de un puritano, pensó con desdén. Pero eso sería mucho más aceptable que lo que los piratas habían planeado para ella. Trató de imaginar la vida que llevaría una mujer en ropas de puritana, al estilo de vida puritano. Imaginó una cabaña en el bosque, una pequeña parcela de tierra, Ruark detrás de un arado mientras ella, encinta, con el vientre hinchado, lo seguía por los surcos arrojando puñados de semillas. Sha

Ruark terminó de afeitarse y Sha

– Pero Sha

– No, capitán pirata -suspiró ella-. Juro que ni un pavo real podría superar tu exhibición.

– Vaya, gracias, Sha

Ruark fue hasta la puerta, puso la mano, en la perilla, se volvió le indicó imperiosamente, con su índice:

– Vamos, señora. Uno o dos pasos atrás, Como una buena esclava.

Antes que Sha

El grupo de piratas ya estaba bebiendo ale en el salón y durante varios minutos Ruark y Sha

Ruark no se sentó sino que caminó alrededor de la mesa, intercambiando, entre sorbos de ale y bocados de carne, bromas con los demás hombres. En un momento puso un pie sobre un banco y les indicó que, se reunieran a su alrededor. Sha

Una vez fuera del interior fresco y sombrío de la posada, Sha

Ruark caminaba como si estuviera disfrutando de un paseo vespertino. Arrancó una rama pequeña y la alisó con un cuchillo hasta hacerse un bastón. Un silbido desentonado brotaba de sus labios. Aparentemente, no prestaba atención a la muchacha que luchaba por seguirle los pasos.

El amplio cuello le rozaba dolorosamente la garganta y Sha

"El quiere que me arrastre y le implore piedad – pensó Sha

El sol caía a plomo. No había sombra y la mayoría de los habitantes se habían refugiado en sus chozas para dormir la siesta, huyendo del calor. Debajo de una pequeña enramada, una anciana en andrajos dormitaba entre pilas de hortalizas y frutas. Cuando Ruark la despertó para pedirle una muestra, de su mercadería, la mujer se mostró muy fastidiada pero su carácter se suavizó notablemente cuando vio el color de la moneda de él. Mientras él y la anciana regateaban, Sha

Llegaron al final de la playa en una dirección y vieron el comienzo de la marisma de ese lado. El sol se movió en el cielo cuando ellos volvieron sobre sus pasos hasta el muelle y siguieron la playa en la dirección opuesta. Fue aquí que Sha

Ruark se detuvo en una pequeña altura y observó pensativo el final de la playa y la marisma de mangles que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Oyó que Sha