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CAPITULO DIECISIETE
El despertar llegó con una luminosidad casi dolorosa. Sha
Se movió perezosamente cuando una mano empezó a acariciarle la espalda, aflojando tensiones que ella adivinaba más que sentía. Se estiró como una gata y se puso boca abajo para dejar que esos dedos fuertes hicieran mejor su trabajo. La mano masajeaba los músculos de su espalda y sus hombros y enviaba oleadas de lánguido placer a todo su cuerpo. Rodó hacia la fuente de ese placer hasta que apoyó la espalda en un pecho duro y velludo. Entonces despertó completamente. Solamente una persona en toda su vida había compartido una cama con ella, y nadie, ni siquiera Hergus, le había frotado la espalda. Abrió los ojos y todos sus recuerdos volvieron cuando miró los sonrientes ojos dorados de Ruark.
– ¡Ooohhhh! -El gemido escapó de su garganta mientras ella se cubría la cabeza con la almohada. Pero lo mismo oyó la voz que la saludaba con un ligero tono jocoso.
– Buenos días, señora. Confío en que haya dormido bien.
– Nunca -dijo ella, decepcionada- el cielo se había convertido tan rápidamente en un infierno.
– En la realidad, Sha
Sha
Sha
Ruark sonrió lentamente, la miró y sus ojos se detuvieron momentáneamente en las curvas llenas y maduras de los pechos que asomaban entre las solapas. Se levantó de la cama y desnudo camino hacia la silla que estaba al lado de ella para tomar sus calzones cortos Sha
– Realmente, admiro su vestimenta, señora -comentó él-. Y de veras no me importa compartir mis ropas con usted, pero sugiero que se conduzca con más discreción entre los piratas. Podría ser que alguno de ellos, sin advertencia, se arrojara sobre usted.
Sha
– Excepto yo, por supuesto -agregó él.
Sha
– ¿Estás seguro -dijo- de que llegará el día en que podrás resistir el impulso de abusar de mí?
– Ni siquiera cuando tenga más de ochenta años, Sha
– Es cierto -dijo ella- y lo mismo sucede con toda mujerzuela que se cruce en tu camino.
– ¿Todas? -Ruark se irguió y la miró-. Vaya, concédeme por lo menos cierta capacidad de discriminar.
Sha
– Hubieras podido tener más, pero eso no importa ahora. Entre nosotros, todo ha terminado.
– De modo que esta es la tortura que has planeado para mí -dijo el-. La visión de ti, desnuda en mi cama, me hace doler los riñones. El solo pensar en ti me hace doler los riñones. Sha
Se puso los calzones mientras Sha
– Se necesita mucha imaginación, mi amo y señor, para considerar contoneo a un modesto movimiento. Ciertamente, de contoneos yo podría aprender mucho de ti. -Se caló el sombrero de paja y adoptó una postura con una rodilla hacia adelante y una mano apoyada en la Cadera- El capitán pirata Ruark conquistador de todas las que ve, ya sean doncellas niñas o rameras de grandes pechos. Te ruego que me digas si tus conquistas te han quemado tanto el cerebro que ignoras el juego de palabras que nos ha traído a esta situación. Hablas de Juramentos y promesas, de pactos concertados. ¿Y que haces tu? ¿Acaso tienes un privilegio que te libera de cualquier promesa?
– Sha
La cólera de Sha
– No me refería a los votos matrimoniales -dijo ella-. Pero cualquier mujer odia que se burlen o jueguen con ella, que la lleven a la cama y le digan palabras de amor y devoción, para tener que escuchar después que otra mujer reclama. ese mismo amor y ternura. ¿Cómo podría acostarme contigo, tierna y amante en tus brazos, cuando sé que últimamente otras también lo han hecho y que en el futuro, muchas más usurparán mi lugar y con sus placeres harán una cosa común de aquello que yo tendría por un tesoro?
– He aquí una palabra. – Ruark caminó hasta el otro extremo de la habitación y regresó junto a ella-. Es la primera Vez que veo algo digno de conservar. ¿Un tesoro? Ajá, es así, mi amor. Una cosa de valor, pero vulgarizada si no se la aprecia debidamente. Y ahora lo he oído de tus labios. Un tesoro. -Asintió con la cabeza-. Ajá, necesitaba oír esa palabra de ti.
Fue hasta la ventana y allí quedó mirando pensativo a través de la isla., Confundida, Sha
Aprovechando la momentánea distracción de Ruark, Sha
Vio en el espejo la imagen de una joven bastante desaliñada, con el cabello en salvaje desorden y con los pechos apretados en tal forma por el vestido que hubieran podido excitar al más severo puritano. El vestido de terciopelo no cerraba y dejaba ver su blanco vientre. Sha
Giró lentamente delante del espejo y por encima de su hombro vio a Ruark, quien ya no miraba por la ventana sino que le dedicaba toda su atención, sentado en el borde de la ventana, los brazos cruzados sobre el pecho desnudo y una sonrisa perversa en los labios.
– Tiene que haber alguna otra cosa -dijo ella, con cierta perplejidad-. Tiene que haber, por lo menos, una camisa.
Ruark fue junto al espejo y la miró directamente.
– A Harripen le gustaría dijo-. Creo que también al holandés
– ¡Ruark! -Ella lo miró horrorizada creyendo que podría, obligarla a bajar vestida en esa forma, pero súbitamente vio la risa que brillaba en los ojos de él. Exasperada, golpeó el suelo con el pie. Cuando, él se acercó más, le dirigió una mirada desafiante y luchó con las cintas en un esfuerzo por cubrirse más
– Nunca he impuesto mi voluntad más allá de la capacidad dé resistencia de una mujer -dijo, sin apartar los ojos de las tentadoras, curvas de los pechos; que aparecían ansiosos por asomarse. Soltó un suspiro tembloroso-. Pero en ocasiones, se llega a un punto en que un hombre se siente provocado y tentado más allá de su voluntad. Y la violación puede tener sus recompensas. Si yo me siento tentado hasta límite
¿Crees que los piratas serán capaces de contenerse? sugiero que busques un vestido que no los tiente demasiado; además me evitarás pensamientos de violencia.
Con gesto petulante, Sha
En el fondo de un gran baúl había un tesoro que le llamó la atención y ella apenas pudo contener su alegría cuando lo examinó. No hubiera podido adivinar cómo un vestido puritano había llegado a manos de un pirata pero quedó tan contenta con la prenda como si hubiese recibido un precioso regalo era en lana negra, con cuello alto Y, mangas hasta las muñecas, y amplios cuello y puños. Había además un gorro, tan austero como el vestido.