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Trahern gruñó una respuesta pero siguió con la atención fija en las páginas de los libros. de contabilidad. Sumido en sus pensamientos, recorría las cifras que tenía ante sus ojos y apenas se percató de que su hija se había sentado en la silla que estaba junto al escritorio.

– Me pregunto si el señor Hawkins habrá capturado hoy algunas langostas en sus trampas. Quizá le preguntaré a Milán si podríamos tenerlas para la cena. ¿Te gustaría, papá?

El hacendado dirigió a su hija una mirada con la que apenas se dio por enterado de su presencia y volvió a su trabajo. Pero Sha

Con una -suave vocecita, preguntó:. – ¿Estoy interrumpiendo algo, papá?

Trahern lanzó un suspiro, empujó su silla hacia atrás, miró a su hija en la cara, cruzó las manos sobre la barriga y hundió la cabeza entre los hombros, como un halcón cansado.

– Veo que no tendré tranquilidad hasta que hayamos discutido lo que te traes entre manos. Adelante, muchacha.

Sha

– Ah, padre… ese hombre, Ruark -empezó vacilante y adoptando inconscientemente una manera más formal de dirigirse a él-. ¿De veras nos conviene tenerlo aquí en Los Camellos? ¿No podríamos deshacemos de él? ¿Cambiarlo por otro? ¿O quizá vender sus papeles de servidumbre? Cualquier cosa con tal de que se marche de la isla.

Sha

– Quiero decir que el señor Ruark parece demasiado atrevido y arrogante para ser un siervo. Ciertamente, es como si estuviera más acostumbrado a ser un amo que un esclavo. ¡Y sus ropas! ¡Vaya, son sencillamente espantosas! Nunca antes había visto un hombre paseándose semidesnudo como hace él. Y a él ni siquiera, le importa lo que pueda decir la gente. Y hay otra cosa. He oído el rumor de que la mayoría de las muchachas de la isla están simplemente locas por él. Probablemente estarás manteniendo a varios hijos de él antes que termine el año.

– Hum -gruñó Orlan Trahern-. Quizá deberíamos castrar a ese semental para proteger a las damas de nuestro hermoso paraíso.

– ¡Santo Dios, padre! -Sha

– Ah, ya veo. -La voz de Trahern sonó pesada, lenta, y él se meció en la silla como para acentuar sus palabras-. ¡Un hombre! No un animal! Es excelente que admitas eso, Sha

Sha

– ¡Por Dios, hija, me alegra que admitas eso!

Trahern se inclinó hacia adelante y aferró los brazos de su sillón como si fuera a levantarse.

– Yo tengo sus papeles y él me servirá Como esclavo hasta que estén pagados. No sé cual fue su pecado pero reconozco que es inteligente y que posee una comprensión más profunda que yo de los trabajos de esta plantación. Yo podré saber de mercados y comercio pero él conoce a los hombres y sabe cómo obtener 1o mejor de ellos. En el poco tiempo que lleva aquí ha probado 1o que vale para mí y yo lo respeto como hombre más de lo que tú podrás respetarlo jamás. No es una bestia a la que se pueda domeñar o entrenar para una tarea sencilla. Es un hombre digno de trabajar y producir donde rinda más y te apostaría lo que quieras a que él pagará su libertad en forma centuplicada. Por ejemplo -buscó entre los papeles que tenía sobre el escritorio y arrojó sobre el regazo de Sha

Orlan le arrojó otra hoja de papel.

– Después de eso, ha sugerido construir un embalse en el río para impulsar la maquinaria de un aserradero, a fin de que podamos aserrar nuestros propios árboles y vender el exceso de madera elaborada. Ya ha indicado una docena de formas de ahorrar hombres y animales. Ajá, mi poderosa y altanera hija, yo lo aprecio mucho y no estoy dispuesto a deshacerme de él como un animal sólo porque no satisface tus exigencias con su comportamiento.

El orgullo de Sha

– Si no puedes entender mis razones -dijo- entonces tengo ciertamente derecho de pedir que, por 1o menos, no 1o invites a mi mesa de desayuno donde él pueda cometer torpezas, mirarme descaradamente

y hasta insultarme con sus agudezas..

Trahern extendió el brazo y apuntó Con el dedo hacia el pequeño salón comedor.

– ¡Eso es mi mesa y mis sillas, tal como ésta es mi casa! -gritó, y continuó, apenas un poco más calmado-: Yo te invito a ti a compartir mi desayuno y es allí donde empiezo mi jornada de trabajo. Si quieres intimidad, entonces búscala en tu habitación.

Sha

– Padre, si mi madre te hubiese pedido que no trajeras a esta casa a alguien a quien ella detestaba o que le era desagradable, tú no se 1o hubieras negado.

Esta vez Trahern se levantó y se irguió dominante ante su hija. Su voz y su gesto fueron duros.

– Tu madre era la señora y ama de esta casa y de todo lo que yo poseía. Nunca, que yo, haya sabido, ella rechazó a alguien a quien yo había invitado a comer. Si deseas ser aquí la señora tendrás que conducirte como una anfitriona amable con todos. A ese hombre, Ruark, lo tratarás como a un huésped de mi casa cada vez que venga. Poca importancia le doy a los oropeles, la pompa y los refinamientos. Ciertamente, vine aquí huyendo de esas cosas. Y valoro mucho más la honradez, la lealtad y un buen día de trabajo. Todo eso me ha dado el señor Ruark. Y me atrevo a decir, hija, que a ti él te ha dado no menos de lo que te mereciste. Pero basta de tonterías. Debo terminar con estos libros de Ralston. -Descargada su ira, su voz se volvió casi implorante-. Ahora sé buena con este viejo, criatura, y déjame terminar mi tarea.

– Como quieras, padre -dijo Sha

Satisfecho, Trahern se sentó, tomó la pluma y pronto estuvo nuevamente absorbido por su trabajo. Sha

– Ahora saldré a caballo, papá. Tengo varias diligencias que hacer en la aldea y también debo comprar unas cosas. Quizá regrese tarde, así que no te preocupes por mí.

Dio un rápido beso en la frente de su padre y se retiró. Orlan Trahern la vio alejarse y sacudió lentamente la cabeza, desconcertado.

– Demasiada instrucción para una mujer -murmuró, y en seguida se encogió de hombros y volvió a la pila de papeles que estaban sobre su escritorio.

Promediaba la tarde cuando Sha

– Buenas tardes, muchacha -dijo él amablemente-. Hacía mucho tiempo que no venía a visitarme.

Pero venga, nos sentaremos en el porche. Tengo un buen ale refrescándose en el pozo.

Pitney bebía los vinos de Trahern por buena educación pero su preferencia por el ale amargo inglés era bien conocida. Trajo una silla con cojín para Sha

– Para mí solamente un vaso de agua -dijo-. No me gusta su ale.

El pozo en sí era una rareza. Pitney había encontrado hacía unos años un manantial de agua helada cuando estaban construyendo la mansión de Trahern y el pueblo consistía apenas de unas pocas casitas

Dispersas, y construyó su morada alrededor del manantial. La pared de piedra de la fuente formaba el extremo de su porche. El agua podía izarse desde el porche o por una ventana del cottage.

Pitney trajo un jarro de peltre lleno de agua helada que hizo doler los dientes de Sha