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– Dice que regresará a Londres. -Sha

– ¿Y eso qué importa, señora? -Se mostró a la vez nervioso y encolerizado-. ¿Acaso es asunto suyo?

– Claro que no. -Sha

– ¡Ah, eso! -El caballero pareció aliviado-. La mayor parte de mis, joyas y algo de dinero estaban en el equipaje enviado a Richmond. Yo le pedí una suma prestada hasta que pudiera llegar a puerto y devolvérsela.

– ¿Y el anillo? ¿Cómo llegó a su poder?

El la miró con ojos entrecerrados. -Yo presté un dinero a un escocés y acepté ese anillo como pago.

– Parece que hay muchas deudas en este mundo.

– Ajá, ¿pero por qué este interés en el anillo, señora?

– Hay otra cosa que -quiero preguntarle. -Sha

De pronto Sha

– Sólo estaban Pitney… y Milly. Yo confío en Pitney, y debió de ser Milly. Pobre Milly, estaba encinta… Sha

Sha

– ¡Sí, Milly! -dijo el inglés-. Y no se crea usted a salvo de un destino semejante, de modo que cierre la boca, mi lady. Sacó de abajo de su chaqueta una gruesa fusta y se golpeó sugestivamente la palma de la manos con la empuñadura. Sha

– ¡Esa perra vulgar! -dijo Gaylord-. ¡Hija de una pescadora! ¡Ja! Quedó encinta y creyó que podría atraparme. -Giró sobre los talones y agito la fusta-. Pero cambió de idea. ¡Sí, eso hizo! Me imploró misericordia y juró que no diría nada. Yo me aseguré bien de que no hablaría más.

Sha

– Mi padre… -empezó ella, vacilante.

– ¡Su padre! -exclamó Gaylord despectivamente-. ¡Lord Trahern! ¡Un plebeyo! ¡Hijo de un ladrón! Cómo odié tener que pedirle dinero. ¡A él! Un comerciante que estafa a la gente de alta condición, privándola de sus riquezas, quedándose con sus propiedades y fortunas porque ellos no pueden seguir satisfaciendo sus ultrajantes exigencias. Lores y pares reducidos a tener que arrastrarse por dos peniques. Hombres cuyos planes pueden modificar el destino de Inglaterra, obligados a acudir a un plebeyo mercader para pedirle fondos.

Sha

– Mi tío discutiría esa afirmación. -Gaylord pareció sentirse, ofendido-. Los tribunales le ordenaron entregar las propiedades de la familia en pago de sus deudas. Creo que su padre ahora llama a esa propiedad "su casa de campo". Pero usted lo defiende a él, Sha

Se detuvo a pensar un momento y se rascó el mentón con el extremo, de la fusta.

– ¿Qué voy a hacer? Necesito el dinero de su padre, pero no puedo dejarla en libertad para que difunda sus historias. -Se detuvo junto a ella-. Y su curiosidad acerca del anillo… Dígame por qué le llamó la atención esa sortija.

Puso, un pie sobre la cama y apoyó un codo en la rodilla. Sha

– Fue sólo que parecía demasiado valioso para los medios de que dispone Ralston.

– Señora, tengo poco tiempo y menos paciencia. Cuando Sha

– La próxima vez que yo le haga una pregunta, trate de darme una respuesta mejor, querida mía. -Su voz sonó dura-. ¿Qué sucede con el anillo?

– Pertenecía a Ruark -dijo Sha

– Así está mejor, querida mía. -La observó intensamente-. ¿Entonces su Ruark ya sospecha que yo asesiné a la mujerzuela? ¿El no -cree que obtuve el anillo del escocés? Usted ha dicho que yo también maté a Milly. Y él, por supuesto, ha hablado con su padre. -Asintió y vio que Sha

¡Bien, basta ya! Estoy cansado de hacer el petimetre tonto para que ustedes se diviertan.

Sha

– ¿Qué sucede? ¿Está sorprendida, querida mía? -preguntó él con arrogancia-. Yo me di cuenta de que las mentes plebeyas de ustedes encontrarían divertido a un petimetre afectado. Sin embargo, señora, me siento herido porque usted lo creyó tan prestamente.

Sha

– ¡Piratas! ¡Demonios, ese es el camino! ¡Un rescate!

Fue hasta la silla y tomó el largo rifle. Ella reconoció el arma de Ruark, la que él había dejado en el establo antes del incendio.

– Sí, mi lady -dijo Gaylord cuando siguió la dirección de la mirada de ella-. Es de su marido. Yo tomé sus armas del establo después de golpeado. Hubiera debido terminar la tarea allí mismo, antes de poner fuego al lugar. Debo decir que fui muy astuto al usar á Attila para atraerlo. Si hubiera planeado mejor los dos intentos anteriores, me habría librado más pronto de él. Pero entonces yo no sabía que – él era su marido. Yo estaba en el henil, con Milly, mientras ustedes dos retozaban abajo. Entonces comprendí que tenía que deshacerme de él, porque usted estaba enamorada del hombre. Yo necesitaba de veras la fortuna de su padre. Vaya -rió- no hubiera podido seguir eludiendo hasta ahora a mis acreedores si no fuera por el tesoro que encontré en la habitación de la muchacha de Londres. Ella trató de sacarme unas, monedas, sabe usted, pero yo no tenía nada para hacerla callar. Ella merecía morir.

Gaylord sacó un largo pañuelo del guardarropa y obligó a Sha

– Ni un sonido, querida mía -advirtió-. Tiene suerte de que yo haya encontrado una nueva utilidad para usted.

Le hizo poner los brazos a la espalda y los ató fuertemente.

– Sea dócil, querida mía. -Le acarició ligeramente los pechos y toda la longitud de su cuerpo. Sha

Sir Gaylord se detuvo y dijo, para sí mismo:

– ¿Pero cómo lo sabrán? -Miró el pequeño escritorio que estaba en un rincón-. ¡Por supuesto! Una nota para ellos. Venga, querida mía.

Tomó una hoja de papel y hundió la pluma en el tintero. Después escribió:

De los Beauchamps y lord Trahern, exijo

Cincuenta mil libras de cada uno. Seguirán instrucciones.

Como firma, trazó una ornamentada "B", terminando la letra en la parte inferior con un florido adorno. Arrojó el papel sobre la cama, tomó nuevamente la pistola y llevó a Sha

Se habían acercado a la cima de la escalera cuando súbitamente él empujó a Sha

– Mi nombre es Jamie Co

Sha

– El señor Pitney está aquí. -Ruark llevó al hombre al salón.

Cuando la entrada quedó despejada, Billingsham hizo bajar a Sha