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CAPITULO TRES

Los documentos quedaron listos y los testigos pusieron sus marcas pues no sabían escribir, de modo que los guardias pudieron salir a preparar el carruaje. Pitney indicó que era el turno de Ruark y Sha

Con los ojos llenos de pavor, Sha

Viendo su quietud, el reverendo Jacobs la llevó aparte.

– Pareces preocupada y alterada, criatura. Quizá esté bien que tengas dudas, pero debo decirte esto. Según se han desarrollado los acontecimientos, me he convencido de que lo que ha sucedido hoy aquí está verdaderamente bendecido y dará un largo y perdurable testimonio de la voluntad de Dios. Mis plegarias te acompañarán, hija mía. Tu esposo, parece un joven bueno y no dudo de que sepa comportarse.

Ruark levantó la mano y animó gentilmente a su esposa a que se llevara la copa a los labios mientras la miraba tiernamente a los ojos.

– Bebe, amor mío, ya tendríamos que ponernos en camino.

Después que bebieron el jerez y dejaron sus copas, la señora Jacobs corrió a buscar sus capas. Ruark tomó la prenda forrada en pieles y la envolvió alrededor de Sha

Fuertes ráfagas de viento los envolvieron e hincharon sus capas cuando se abrió la pesada puerta. Gruesas gotas de lluvia les cayeron encima. Pitney corrió a abrir la portezuela del carruaje y bajar la escalerilla plegadiza mientras Ruark esperaba con Sha

– Hay una posada sobre el camino, no lejos de aquí -dijo con voz áspera- donde podremos cenar.

Ruark miró al hombre con atención.

– ¿Cenar? -preguntó.

– Ajá -dijo Pitney asintiendo con la cabeza, y a la luz mortecina del oscuro crepúsculo sus ojos grises se encontraron con los de Ruark-.A menos que quiera regresar a la cárcel sin nada en la barriga hasta mañana por la mañana.

Ruark miró a Sha

El carruaje tomó el camino surcado por torrentes de agua.

Continuamente estallaban relámpagos y los truenos retumbaban entre las colinas. Entre los voluminosos pliegues de su capa, Sha

Ruark hizo una pregunta a Pitney: – ¿Regresará a Londres, esta noche?

– Ajá-respondió Pitney, casi en un gruñido.

Ruark pensó un momento en la breve respuesta del hombre antes de preguntar: – ¿Por qué no se queda en la posada? Será un viaje de tres horas, por lo menos, antes de llegar a Londres.

– Un viaje bastante largo, en una noche como esta -dijo Sha

Su marido enarcó una ceja ante el tono de ella y miro, los llameantes ojos verdes que taladraban la oscuridad.

– Parece que has recobrado tu coraje ahora que estás lejos del buen reverendo Jacobs -dijo en tono ligeramente burlón.

Sha

– Canalla descarado, cuide, su lengua o lanzaré a Pitney sobre usted. Pitney bajó su sombrero sobre su, ancha frente y apoyó la cabeza en el respaldo, de su asiento como si fuera a dormirse. Parecía que su joven ama nuevamente sería capaz de defenderse sola.

Ruark observó a su hosco compañero y después dirigió nuevamente toda su atención a Sha

El le tomó una mano que estaba crispada sobre el regazo y la aterró con fuerza. Sonrió despreocupadamente y trató de llevársela a 'los labios mientras Sha

– Eres realmente una flor, Sha

Sha

– Compórtese, señor -dijo secamente-. No diga tonterías.

Sha

Una violenta sacudida del carruaje envió a Ruark casi encima de ella y Sha

¡No me toque! -dijo ella, casi sofocada por la cólera, y lo empujó con todas sus fuerzas-. Vaya a acariciara sus remeras en la cárcel.

Pitney los miró debajo de su tricornio y Sha

– ¿Y dónde está esa posada? -preguntó ella con impaciencia-. ¿Cree que llegaremos antes de que muera de tantas sacudidas?

– Cálmese, muchacha -dijo Pitney con una.risita-. Pronto llegaremos. Aunque duró apenas unos minutos más, el resto del viaje hasta la posada fue intolerablemente larga para Sha

Por fin el carruaje se detuvo frente a la posada. Un letrero debajo del portal se sacudía violentamente en el viento y los árboles se inclinaban casi hasta tocar el suelo, como si sus ramas desnudas buscaran en la tierra empapada un refugio contra la tempestad. Los guardias expuestos a toda la fuerza de la lluvia y el viento durante el viaje, no se demoraron atendiendo a los pasajeros y corrieron a protegerse, dejando a Pitney a cargo de la tarea.

Ruark se apeó, apretó su capa alrededor de su cuello, bajó el tricornio sobre su frente y cuando Sha

– El la cargó y la llevó sin hacer caso de sus protestas. Sha

Como siempre, Pitney los siguió muy de cerca y cuando llegaron al portal cubierto, la gran masa de su cuerpo los protegió de la violencia de la tormenta. Una linterna de sebo colgada junto a la puerta, y a su luz vacilante pudo verse la cara de Sha