Страница 133 из 144
Siguió un momento de profundo silencio y Sha
– ¡Buen Dios, mujer!
Sha
– ¿Sabes lo que has hecho?
Ella tenía los ojos fuertemente cerrados y de sus pobladas pestañas las lágrimas colgaban y amenazaban con caer. Entonces las palabras de él cayeron en sus oídos y le llenaron la mente.
– Has solucionado por mí, querida muchacha, un problema que me ha estado amargando las últimas semanas. ¿Cómo hubiera podido yo, con todas mis veleidades sobre sangre y títulos de nobleza, pedir a mi hija que se casara con un siervo? -Se inclinó y le tomó las manos. Después la obligó a mirado a la cara-. Si me hubieras dado a elegir a mí, yo te habría rogado que te casaras con Ruark. Pero como juré que tú podrías elegir, no quise interferir. -La miró a los ojos-. ¿Lo amas?
– Oh, sí, papá. -Sha
– ¿El te ama? ¿Se casará contigo? -No la dejó responder-. ¡Claro que lo hará! -Su voz empezó a levantarse, airada-. Yo me ocuparé.
Sha
– Papá, hay una dificultad. Te lo diré a su debido tiempo, pero hay una razón para que por un tiempo no podamos sacarla a la luz. -Vio que él se ponía ceñudo y rogó-. Confía en mí, papá. Todo saldrá bien.
– Supongo que tienes un buen motivo -dijo él con renuencia-. Pero no debe ser demasiado tiempo. Quiero poder hablar de mi nieto.
– Gracias, papá. -Lo besó y regresó a su habitación.
Allí cerró la puerta tras de sí y muy pensativa fue hasta la cama, sonriente y llorosa al mismo tiempo. Una sombra se levantó de un sillón y ella ahogó una exclamación antes de reconocer a Ruark. Se arrojó en sus brazos y rió contra su pecho.
– Se lo dije, Ruark. Le conté a papá acerca de nosotros dos.
– Me lo imaginé. -La besó en el cabello-. Oí su grito de dolor.
– ¡Oh, no! -se apartó un poco y lo miró a los ojos-. El lo aprueba, Ruark. Está muy feliz.
Ruark enarco las cejas, sorprendido.
– Oh, no le dije que estamos casados, sólo que juntos habíamos hecho un bebé.
Ruark levantó las manos y exclamó:
– Gracias, muchas gracias, señora. Ahora soy un profanador de viudas.
– ¡Tonto! -dijo Sha
– No, señora. Me refiero a una mujer joven y seductora que me tienta en exceso.
Llegando a una conclusión propia, Ruark se puso serio.
– Sha
– Ruark, no tengo miedo de tus anteriores amantes -rió Sha
– No, mi amor. – Ruark señaló la ventana-. El roble que crece junto a la cocina es una buena escalera.
– Le puso las manos en la cintura y la atrajo hacia si. Pero, Sha
Sha
– Ven háblame de tu amor -murmuró ella-. Y después dame una t prueba de ese amor.
– Te amo -susurró Ruark, sus brazos la rodearon debajo de la bata. El sintió la tibieza del cuerpo de ella bajo la delgada seda del camisón, y todos los otros pensamientos huyeron de su mente-. Te amo como la tierra debe amar a la luna que se eleva en la noche como una diosa de plata y da su luz a las diminutas criaturas de la oscuridad.
Sha
– Te amo como las flores aman a la lluvia y abren sus pétalos, para recibir su tierna caricia. -Su boca buscó la de ella-. Te amo, Sha
Sha
Ruark se llevó un dedo a los labios para pedirle silencio. Saltó sigilosamente de la cama, tomó sus calzones y se los puso. Con pasos rápidos y silenciosos cruzó la habitación mientras Sha
Muy suavemente, Ruark giró la llave. Entonces, con un rápido movimiento que hizo sobresaltar a Sha
No había nadie. Tampoco en el pasillo, que estaba completamente a oscuras. Ruark regresó al dormitorio, cerró la puerta y nuevamente le puso llave.
– ¿Quién pudo haber sido? -susurró Sha
– Estoy empezando a sospechar -replicó Ruark. Después de unos momentos, se quitó los calzones y volvió a meterse en la cama.¡
– Estás frío -dijo Sha
De pronto Ruark se sentó y Sha
– ¿Qué demonios es eso? -dijo él, e inclinó la cabeza para oír mejor. En el silencio de la habitación pudo oírse un débil pero furioso relincho.
– Attila -susurró Sha
Ruark se levantó, se puso otra vez los calzones y dijo:
– Iré a ver-. Se puso también la camisa-. Cierra la puerta con llave cuando yo salga. Si alguien trata de entrar, grita. Alguien te oirá.
Sha
– Ruark, no vayas -rogó ella-. No sé, pero aquí hay algo malo.
– Tendré cuidado. -La besó rápidamente en los labios-.
Mantén caliente mi parte de la cama. Tendré frío cuando regrese. Sha
– ¡El establo! ¡El establo está ardiendo! Nathanial, despierta. ¡El establo está en llamas!
Sha
– ¡Ruark! -Con un grito ahogado llegó a la puerta y con dedos temblorosos trató de hacer girar la llave-. ¡Oh, no! ¡Por favor, no! ¡Ruark!
Descalza y en camisón, Sha
– ¡Ruark! -gritó Sha
– ¡Oh, Dios mío! -Charlotte se llevó una mano a la boca y sus ojos se dilataron de miedo.
Nathanial no tuvo tiempo para comentarios y ahora, completamente despierto, bajó las escaleras como si un demonio lo siguiera. Pisándole los talones. Corrió a la parte posterior de la casa, dejando puertas abiertas a su paso, y no se detuvo hasta que cruzó el prado de césped.
Las llamas, como lenguas hambrientas, lamían las paredes del establo, y ellos encontraron las puertas cerradas: La puerta más ancha estaba atrancada con un pesado madero y la pequeña tenía apoyado un grueso poste que impedía que fuera abierta desde dentro. Los relinchos y quejidos de los animales encerrados desgarraban la noche y el crepitar del fuego convertíase en un rugido.
– ¡Ruark! -gritó Sha
Se acercaron a la puerta más pequeña y Nathanial sacó cubos de agua del abrevadero para arrojarlos sobre las llamas que amenazaban el umbral, mientras Sha