Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 132 из 144

– ¿Estás cómoda en la habitación de mi hijo? preguntó Amelia suavemente.

– Me siento muy cómoda aquí, como en mi propia casa -declaró Sha

– ¿Quieres otra taza de té, querida?

– Media taza, por favor. Gracias.

– El va y viene.

– Me gustaría conocerlo.

Amelia miró a su joven huésped.

– Creo que 1o conocerás, querida mía. Creo que 1o conocerás.

Momentos después, Sha

– ¿Hay algún sendero por donde pueda cabalgar y no extraviarme? -preguntó Sha

La mujer respondió llevándola al fondo de la casa. Allí, desde las ventanas, pudieron ver las colinas que se levantaban más allá del lugar donde estaban.

– Hay un sendero que lleva al valle alto junto a aquel gran roble. -Como era un poco más alta, Gabrielle miró a Sha

Sha

El aire estaba fresco pero el sol se encontraba alto, y en esta tierra salvaje había una. atmósfera de casta virginidad. Sha

Un amplio valle extendiese ante ella, fértil y rico como una piedra preciosa. En el centro del valle, una cadena de pequeñas lagunas brillaban azules debajo del cielo luminoso, alimentadas por una cascada que se derramaba desde un risco en medio de centelleantes arcos iris. Más allá de las lagunas, bajo las ramas de un grupo de pinos, se levantaba una pequeña cabaña de simple y tosca construcción, y de su chimenea salía una delgada columna de humo que se enroscaba en el aire.

Sha

Inquieta, Jezebel golpeó con sus cascos la hierba que crecía abundante y Sha

– ¿Cómo sabías donde me encontrarías?

Ella le sonrió.

– Gabrielle me lo dijo.

– Me alegro -dijo él. Se inclinó y la besó en la boca. Sha

– El magistrado lord Harry está en Williamsburg -murmuró, y se apartó un poco para mirarlo a los ojos.

– Ese bastardo -gruñó Ruark.

– ¿Qué haremos? -preguntó Sha

– No temas, amor mío. Nos salvaremos de eso.

La besó nuevamente, retrocedió un paso y emitió un grito suave arrulante. Un movimiento en los arbustos detrás de la cabaña llamó la atención de Sha

– Señor Ruark -dijo Jeremiah, con voz extrañamente cargada de risa-. Creo que será mejor que yo vaya a arreglar esa rotura del cerco antes, de que las yeguas lo encuentren. Me tomará un tiempo.

Con eso, levantó el hacha y se alejó casi al trote. Sha

Ruark lo miró alejarse.

– Muchacho listo. Siempre dispuesto a hacer más de lo que le corresponde.

Sha

El tomó la cola del vestido de ella y levantó el borde de la hierba húmeda.

– Necesitarás un par de calzones si piensas vagabundear por aquí. Déjame que suelte a Jezebel. Después te enseñaré el lugar.

Sha

Feliz, Sha

– ¿Quieres ver la cabaña? -preguntó él roncamente, besándola en la boca. Sha

– Oh, Ruark ¿no sería maravilloso si pudiéramos tener algo como esto? -exclamó entusiasmada.

El la miró a través de las volutas de humo que se elevaban de su pipa.

– Vamos, Sha

– ¿Acaso lo dudas? Soy fuerte, señor Beauchamp, y muy capaz de enfrentar cualquier desafío. Aprenderé a cocinar. Quizá no tan bien como las cocineras de papá, pero no me gustan los maridos gordos. -Se tocó el vientre y preguntó-: ¿Me amarás cuando mi barriga esté hinchada por la criatura?

– Oh, Sha

Ella se apretó contra él y respondió a sus besos.

– ¿Cuánto tiempo tardará Jeremiah en regresar?

– Sólo vendrá cuando yo lo llame -dijo Ruark, y fue a cerrar la puerta.

Las ramas desnudas del roble rozaban de tanto en tanto la ventana de la habitación de Sha

Sha

Orlan Trahern estaba sentado en el sillón de cuero de la habitación de huéspedes y estudiaba varios mapas y papeles. La producción de esta tierra era lo bastante rica para hacer estremecer a su corazón de comerciante. En realidad, había empezado a ver las ventajas de adquirir una propiedad aquí para él, quizá sobre el río James, donde su f1ota de barcos podría llegar.

Un ligero golpe en la puerta interrumpió sus cavilaciones y la voz de Sha

– Papá, ¿estás despierto?

El dejó los papeles sobre el escritorio y dijo:

– Entra, Sha

La puerta se abrió y Sha

– ¿Sucede algo malo, papá?

– No, criatura. Sólo estaba recordando. -La miró con ternura. Se la veía pequeña entre los amplios pliegues de su bata de terciopelo-. Parecías asustada, como cuando eras pequeña y había tormenta. Llamabas a nuestra puerta y te refugiabas entre tu madre y yo.

Sha

– Papá, yo… -dijo en voz baja, casi trémula. Aspiró profundamente y soltó todo rápidamente-. Papá, estoy encinta y el padre es John Ruark.