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– Te ayudaré con tu vestido, criatura. ¿Quieres que te haga subir una bandeja?

– Oh, no. Sólo descansaré un momento

Sha

– ¿Quieres que te busque un camisón? -ofreció amablemente la mujer. Sha

Abrió la puerta y se detuvo para mirar por encima de su hombro a la hermosa joven.

– Creo -dijo- que si un hombre puede ganarse la aprobación de tu padre como aparentemente ha hecho el señor Ruark, entonces es un hombre que sabe manejarse en cualquier situación. Yo no me preocuparía, criatura.

Cuando la mujer se marchó, Sha

El sonido de una puerta que se cerró en algún lugar de la casa despertó a Sha

Sacó una bata de terciopelo de su baúl y se la puso. Aunque tuviera que ir a los establos para obtener la ayuda de Ruark, debía encontrar algo para comer. Nunca antes había sentido tanta hambre.

"Debe ser a causa del bebé" pensó. Súbitamente sintió impaciencia por acunar a una criatura en sus brazos.

Sha

Siguiendo un corredor, llegó a lo que creyó sería la cocina. Abrió la puerta y la recibió un coro de risas.

– ¡Sha

– Lo siento -dijo Sha

– Espera, criatura, entra -dijo, y se dirigió a su.hija-: Gabrielle, tráele un plato.

– Pero, mamá…

– No importa. Haz lo que digo. Date prisa. ¿No ves que la pobre muchacha está hambrienta?

– No estoy vestida -dijo Sha

– Tonterías. Hemos guardado un plato caliente para ti. Ven y siéntate.

Llegó un silbido desde atrás de la casa y se abrió la puerta. Ruark entró con un haz de leña en los brazos. Al ver a Sha

– Bueno, deja la leña, muchacho -dijo George después de un momento de tenso silencio, y señaló la caja de la leña-. ¿Has dicho que tienes hambre, verdad?

– Sí, señor -respondió Ruark y dejó su carga. Miró a Sha

– ¡Hum! -exclamó Amelia, y Jeremiah se adelantó, frotándose nerviosamente las manos.

– Señor Ruark -dijo el muchacho- ¿le gustaría salir a cazar en las montañas, mañana? He visto grandes huellas allí. Bien temprano, si le es posible.

– Tendré que preguntar al hacendado -repuso Ruark. Arrojó un par de leños al fuego y miró a Sha

Muy preocupada por su intromisión, Sha

– Señor Ruark, siéntese por favor -dijo la joven. Charlotte sirvió dos grandes copas de leche fría. Ruark se sentó al lado de su esposa. Mientras comían, la conversación fue animándose y pronto Sha

Mucho después de las once, cuando la familia empezó a retirarse a sus habitaciones, Sha

– Estaba contándome de ese semental -dijo- y hay muchas cosas que quisiera preguntarle. Quédese un momento.

La mirada de Ruark siguió a Sha

El crujido de la puerta de la cocina interrumpió sus pensamientos. Y Sha

– Sha

Miró por la ventana, por encima de la cabeza de ella, el hermoso panorama.

– Usted ve con ojos de artista -comentó.

Sha

– ¿Le gustaría que conversemos un poco? -invitó él.

Sha

– ¿Acerca de qué, señor?

La respuesta llegó lentamente. -Cualquier cosa. -Se encogió de hombros-. Cualquier cosa que a usted le plazca.

– ¿Y qué cree usted que me complacería?

– El señor Ruark -dijo él suavemente.

Ella buscó en el rostro de él alguna señal de descontento y desprecio, pero sólo encontró una sonrisa amable.

– No puedo negarlo -susurró ella, miró por la ventana e hizo girar con los dedos la sortija de oro que llevaba-.

Usted nos ha visto antes. Tal vez usted no lo apruebe, pero yo lo amo… y llevo un hijo de él en mis entrañas.

– ¿Entonces por qué esta farsa, Sha

– Estamos atrapados en ella -suspiró ella-. El no puede reclamarme por otras razones y yo aún tengo que encontrar la forma de calmar la cólera de mi padre. -Sacudió la cabeza y se miró las manos. _No puedo pedirle que me prometa guardar silencio porque eso sería hacerlo partícipe de mi engaño. Sólo puedo contar con su discreción. Pronto todo se sabrá.

Siguió una larga pausa hasta que Nathanial habló nuevamente.

– Puede contar con mi discreción, Sha

Nathanial dio varios pasos, en dirección a la escalera y se volvió.

– Sí, creo que ustedes dos no confían en nosotros. Pero, como he dicho, aguardaré su revelación, cuando usted la considere conveniente.

Le tendió una mano.

– Vamos, Sha

– Me pregunto cuánto tiempo podrán guardar ustedes sus secretos. -dijo el-

CAPITULO VEINTISÉIS

La pálida luz del sol se filtraba a través de las cortinas y alegraba la habitación con su brillo matinal. Semi despierta, Sha

– Oh, Ruark -suspiró sonriendo.

Las huellas sobre la almohada, a su lado, le indicaron que él había estado allí durante la noche. Con una carcajada de alegría, Sha

– Buenos días, señorita -saludó alegremente la criada-. ¿Ha dormido bien?

Sha

Hergus la miró con recelo. -Eso, señorita, es una terrible señal.

Sha

Hergus empezó a sacar vestidos del baúl.

– Creo que usted 1o sabe -dijo-. Y la forma en que trata de impedir que yo la vea desnuda. Creo que debería decirle al señor Ruark que va a ser padre.

– Ya 1o sabe -replicó Sha

– Ooohhhh, Nooo -gimió la sirvienta-. ¿Qué va a hacer-

– Lo único que se puede hacer. Decírselo a mi padre. -La idea hizo estremecer a Sha