Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 11 из 144

– ¿Ruark? -preguntó.

– El mismo, amor mío. -Ahora, con toda la atención de ella, él se llevó nuevamente el tricornio al pecho y se inclinó con exagerada cortesía-. Ruark Beauchamp a sus órdenes.

– Oh, entregue esa cosa a Pitney -estalló ella al percibir el tono burlón de él.

– Como tú lo desees, amor mío- dijo él, rió con ligereza y arrojó el sombrero a Pitney quien casi lo aplasto al apretarlo contra su pecho. Entregó el sombrero al señor Craddock con tanta firmeza que el guardia ahogó un quejido.

– Llévelo al carruaje -ordenó Pitney secamente-. Y manténgase a una distancia respetuosa.

Sha

– Bueno, puesto que está aquí no veo motivos para demorarnos más -dijo en tono cortante, y calculó mentalmente la edad que tendría él. No más de diez años mayor que ella, como máximo, aunque en su primer encuentro ella había pensado que él le llevaba por lo menos veinte-. Empecemos de una buena vez.

– Soy su servidor más obediente. -Ruark sonrió y después rió cuando ella lo fulminó con una mirada. Se llevó ansiosamente una mano a su chorrera de encajes y se inclinó ligeramente-. Señora mía, estoy tan ansioso como usted porque nos casemos.

Claro que lo está, pensó ella en silencio. Sin duda, mañana se jactaría de la mujer que se, había acostado con él. ¡El canalla desvergonzado!

Antes de que pudiera desechar sus pensamientos se abrió nuevamente la puerta y la señora Jacobs apareció con su alto y flaco marido. Los ojos azules de la mujer se posaron tiernamente en Ruark y parpadearon con evidente complacencia.

– Oh, querida, trae a tu joven frente al fuego -le dijo ansiosamente a Sha

Sha

– Ruark amado mío, estos son el reverendo y la señora Jacobs. Ya los había mencionado ¿verdad? Han sido muy amables.

La charla insustancial sonó extraña en sus propios labios. Sha

Ruark, hombre de aprovechar todas las oportunidades que se le presentaban, deslizó sus manos alrededor de la cintura de ella, la estrechó suavemente y sonrió a esos ojos profundos que lo miraban sin calidez. En los de él había un fuego que la tocó como un hierro al rojo.

– Espero que el buen Pitney no se haya olvidado de publicar las amonestaciones -dijo él-. Me temo que moriría si no nos casamos inmediatamente.

Si Ruark creyó que había obtenido una victoria sobre Sha

– Cesa de preocuparte, querido mío -dijo, y apoyó en su pie todo el peso de su cuerpo-:-. Las amonestaciones han sido publicadas. -Fingió una expresión de aflicción-. Pero pareces algo dolorido. ¿No te sientes bien? ¿O es esa vieja herida que nuevamente te está atormentando?

Sha

– Cuánto te he rogado, Ruark, que te cuides más. Siempre eres tan descuidado.

En otras circunstancias, Pitney le hubiese advertido al colonial que ésta no era la clase de mujer con la que convenía entrometerse demasiado. Desde el escalón inferior, cuando la falda de ella subió levemente, él alcanzó a ver el pequeño pie apoyado descuidadamente sobre el otro más grande. Su risa resonó suavemente dentro de su pecho y él cruzó sus macizos brazos y aguardó.

Los ojos del reverendo Jacobs se habían dilatado detrás de sus espejuelos al ver que la dama parecía apunto de desvestir a su prometido, y él sólo pudo suponer que no sería la primera vez que lo hacía. La señora Jacobs, con las mejillas regordetas de color escarlata, súbitamente se puso muy inquieta y no supo qué hacer con las manos, fuera de retorcérsela nerviosamente.

Ruark paró el ataque a su modo, dobló la rodilla y al mismo tiempo levantó el dedo gordo del pie sobre el que ella estaba apoyada. Con la mayor 'parte de su peso apoyado en ese pie, Sha

Con una exclamación ahogada cayó contra él y uno de sus brazos lo rodeó por el cuello para evitar caer al suelo mientras que con la otra mano la aferraba de una manga. Oyó que él reía por lo bajo junto a su oído mientras la ayudaba a recuperar el equilibrio.

– Sha

La expresión divertida de él la enfureció y hubiera querido arañarle la cara pero se contuvo. Sintió la fuerte tos de Pitney; como si estuviera ahogándose, Y su rabia aumentó aún más.

– Será mejor que celebremos este matrimonio-sugirió el clérigo con convicción y los miró con desaprobación por encima del borde de sus espejuelos.

Ruark miró a la hermosa Sha

– Ajá -dijo Ruark-. Sería conveniente hacerlo, antes de que la criatura sea bautizada..

Sha

La ceremonia fue rápida y sin pretensiones. Era evidente que el reverendo Jacobs quería enderezar cualquier trasgresión que pudiera haber cometido esta joven pareja antes de la unión. Fueron hechas, y respondidas, las preguntas de rigor. La voz profunda y rica de Ruark sonó firme, sin vacilaciones, cuando prometió amar, honrar y cuidar hasta la muerte a su esposa. Mientras repetía 'sus propios votos, Sha

Pese a todos sus intentos, las manos de Sha

– Por la autoridad que me ha sido conferida y en el nombre de Dios Todopoderoso, os declaro marido y mujer.

Ya estaba hecho. La altanera Sha

Ruark retrocedió y miró, levemente ceñudo, el rostro exquisito que tenía adelante. Esa sonrisa atormentadoramente dulce no era lo que él esperaba a manera de apasionada respuesta… El deseaba algo más substancioso que ligeros picotazo s de gratitud. Ya había llegado a la conclusión -de que su esposa tenía mucho que aprender en materia de amor. Sólo deseaba disponer de las horas suficientes para poder conseguir el deshielo.

– Vamos, hijos míos-dijo el reverendo Jacobs, con su jovialidad totalmente recuperada.

Hay documentos donde poner sus nombres y me temo que tendremos encima muy pronto otra tormenta.

¿Oyen la lluvia?

Sha

Sha

Una mano sobre su brazo la detuvo. El contacto era gentil pero firme, como una banda de hierro, y la hizo preguntarse qué fuerza se ocultaba en los dedos largos y delgados de Ruark Beauchamp.

– Mírame- murmuró él cuando ella se negó a reconocerlo. Involuntariamente, Sha