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Dogherty apartó esa posibilidad con un gesto de la mano.

– No tocarán a Mary. No ha tenido arte ni parte en esto.

– Es lo que llaman complicidad, Sean. Mary será cómplice de tu espionaje.

Dogherty anduvo en silencio durante unos momentos, mientrasle daba vueltas en la cabeza a las palabras de Neuma

– ¿Qué infiernos haría yo en Alemania? -preguntó por último-. No quiero ir a Alemania.

– Vogel puede buscaros pasaje para un tercer país, Portugal o España. Incluso puede arreglarte las cosas para que vuelvas a Irlanda.

– Mary no querrá irse de aquí. Nunca abandonará Hampton Sands. Si me marchase contigo, tendría que ir por mi cuenta… y dejarla aquí para que se enfrente sola a los malditos británicos.

Llegaron a la taberna de Hampton Arms. Neuma

– Déjame que lo consulte con la almohada -pidió Dogherty-. Hablaré con Mary y te daré la respuesta por la mañana.

Entraron en la Arms, completamente vacía, con la salvedad del tabernero, que secaba unos vasos detrás de la barra. En la chimenea crepitaba un espléndido fuego. Neuma

Colville pidió whisky y se quedó en la barra. Mientras daba cuenta de los últimos pedazos de pastel de carne de cerdo, Neuma

Tras echarse al coleto su segundo whisky, Colville disparó una mirada feroz en dirección a Neuma

– Quiero que te mantengas alejado de mi hija -dijo Colville-. Me han dicho que se les ve a menudo dando vueltas juntos por elpueblo y eso me repatea los hígados.

Con los dientes apretados, Dogherty aconsejó en voz baja:

– Como el que oye llover, compañero.

– Je

– ¿Esperas que me lo crea? Quieres meterte bajo sus faldas. Bueno, pues Je

– Francamente, me la trae floja lo que crea.

– Paso porque vaya por ahí con Paddy, aquí presente, y su esposa. Pero no soporto a los fulanos como tú. No eres bueno para ella. Y si me entero de que habéis vuelto a estar juntos… -Colville agitó el dedo índice en dirección a Neuma

– Limítate a asentir con la cabeza, sonríe y asunto concluido -recomendó Dogherty.

– Pasa tanto tiempo con Sean y Mary porque se cuidan de ella. Le proporcionan un hogar agradable y seguro. Que es más de lo que se puede decir de usted.

– El hogar de Je

Neuma

– ¿Qué va a hacer, pegarme? -dijo-. Esa es su solución para todo, ¿verdad? Siempre que ocurre algo que no le gusta, sacude a alguien y listo. Por eso pasa Je

Se tensó el semblante de Colville.

– ¿Quién leches eres? -silabeó-. No me creo tu historia. Cruzó la taberna en unas cuantas zancadas rápidas, agarró la mesa y la arrojó fuera de su camino.

– Eres mío… y no sabes lo que voy a disfrutar con esto. Neuma

– Soy hombre de suerte -dijo.

Un puñado de aldeanos, al olfatear la pelea, se habían concentrado a la puerta de la taberna, alrededor de los dos hombres. Colville lanzó un gancho salvaje con la derecha, que Neuma

Colville envió varios golpes frenéticos más. Le faltaba el aliento y jadeaba. Neuma

Neuma

– Ya tiene bastante, Martin -dijo Neuma

Colville no respondió. Avanzó unos pasos, fintó con la zurda y soltó un impresionante derechazo semicircular. El golpe lo encajó Neuma

Colville descargó otro puñetazo implacable. Neuma

Neuma

Cuando Neuma

Antes de que Colville le golpease de nuevo, Neuma

A Colville se le doblaron las rodillas y se derrumbó, casi inconsciente.

– No te levantes, Martin -aconsejó Neuma

Neuma

Aquella noche, Neuma

Se dejó caer sobre la almohada y contempló el techo. Pelearse con Martin Colville había sido un error estúpido. Había puesto en peligro su cobertura y la seguridad de la operación. Y herido a Je

Neuma