Аннотация
LA HERMANDAD DE LA LUZ
Lo mejor que le puede pasar a un cruasán es que lo unten con mantequilla: eso pensé mientras rellenaba uno abierto por la mitad con margarina vegetal de oferta, me acuerdo. Y me acuerdo también de que estaba a punto de hincarle el diente cuando sonó el teléfono.
Lo hice, a sabiendas de que tendría que contestar con la boca llena:
– Séee…
– ¿Estás ahí?
– No, he salido. Graba el mensaje después de la señal y déjame en paz: piiiiiiiiiiiiiiip.
– No empieces con tonterías, ¿qué masticas?
– Estoy desayunando.
– ¿A la una del mediodía?
– Es que hoy he madrugado. ¿Qué quieres?
– Que te pases por el despacho. Tengo novedades.
– Vete a la mierda, no me gustan las adivinanzas.
– Y a mí no me gusta hablar por teléfono. Hay dinero. Puedo esperarte media hora, ni un minuto más.
Cortó y me quedé masticando cruasán y pensando si ducharme, afeitarme, o sentarme a fumar el primer Ducad...

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