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En primer lugar, por ser lo más fácil, pasó a ocuparse de su situación financiera. Después de anotar en un pliego de papel de carta, con su letra menuda, las cantidades que debía, las sumó y descubrió que sus deudas ascendían a diecisiete mil rublos y algunos centenares, de los que prescindió en aras de una mayor claridad. A continuación calculó el dinero que tenía en efectivo y en talones de banco, y vio que no le quedaban más de mil ochocientos rublos, y no podía contarse con ningún ingreso antes de Año Nuevo. Después de repasar la lista de deudas, las dividió en tres categorías. A la primera pertenecían las deudas que había que pagar cuanto antes o, al menos, tener el dinero disponible, para saldarlas sin dilación en cuanto se las reclamasen. Esas deudas llegaban casi a los cuatro mil rublos: mil quinientos por el caballo y dos mil quinientos de la fianza de su joven compañero Venetski, que había perdido ese dinero jugando con un tramposo en su presencia. Vronski había querido pagar en el momento, pues llevaba la cantidad encima, pero Venetski y Yashvín habían insistido en que pagarían ellos, porque Vronski no había jugado. Todo eso estaba muy bien, pero él sabía que en tan turbio asunto, en el que sólo había intervenido para responder de palabra por Venetski, necesitaba tener a mano esos dos mil quinientos rublos para tirárselos a la cara a ese fullero y no entrar en discusiones con él. Así pues, para hacer frente a la primera categoría de deudas, la más importante, necesitaba disponer de cuatro mil rublos. En la segunda categoría entraban deudas menos importantes, por un montante de ocho mil rublos. Estaban sobre todo relacionadas con su caballo de carreras: la cuadra, el proveedor de heno y avena, el entrenador inglés, el guarnicionero, etcétera. Para quitarse esa preocupación de encima bastaría con distribuir de momento dos mil rublos. En cuanto a la tercera categoría, en la que entraban las tiendas, los hoteles y el sastre, no le quitaba el sueño. En definitiva, le hacían falta al menos seis mil rublos, y sólo contaba con mil ochocientos. En principio, no eran deudas muy significativas para un hombre como Vronski, con cien mil rublos de renta, como le atribuía todo el mundo. Pero el caso es que no disponía ni mucho menos de tal cantidad. La enorme fortuna de su padre, que producía unos ingresos anuales de doscientos mil rublos, había pasado indivisa a los dos hermanos. Cuando su hermano mayor, que había contraído un sinfín de deudas, se casó con la princesa Varia Chirkova, hija de un decembrista, 55sin medios ni bienes de ningún tipo, Vronski le cedió todas las rentas de la fortuna de su padre, reservándose sólo una cantidad de veinticinco mil rublos anuales. Vronski le dijo entonces a su hermano que le bastaría con esa suma mientras no se casara, algo que probablemente no haría nunca. Y su hermano, comandante de un regimiento que exigía grandes gastos, y que además acababa de casarse, no pudo rechazar ese regalo. La madre, que tenía sus propios medios de fortuna, le pasaba veinte mil rublos más al año. Vronski se gastaba todo el dinero que recibía. En los últimos tiempos, la madre, descontenta de su relación con A
XX
La vida de Vronski era especialmente feliz porque se había creado un código de leyes que definían sin ningún margen de duda lo que podía y no podía hacer. Cierto que tal código afectaba a un círculo muy reducido de actividades, pero sus normas eran incuestionables, y, como Vronski nunca se salía de ese círculo, nunca albergaba dudas sobre lo que cabía hacer en cada caso. Las reglas determinaban con toda precisión que había que pagar a los tramposos, pero no a los sastres; que no se debía mentir a los hombres, pero sí a las mujeres; que no se debía engañar a nadie, excepto a los maridos; que no se debían perdonar las ofensas, pero que se podía ofender a los demás, etcétera. Todas esas reglas podían ser irracionales, injustas, pero estaban por encima de cualquier consideración, y al observarlas Vronski se sentía tranquilo y pensaba que podía llevar la cabeza bien alta. Sólo en los últimos tiempos, en razón de su relación con A
Sus relaciones actuales con A
A
En lo que respecta a la sociedad, las cosas también estaban bastante claras. Todo el mundo podía saber lo que pasaba, o al menos sospecharlo, pero nadie se atrevería a decir una palabra. En caso contrario, estaba dispuesto a tapar la boca a los murmuradores, obligándoles a respetar el honor inexistente de la mujer que amaba.
En cuanto al marido, la situación no podía estar más clara. Desde el momento en que A
Pero en los últimos tiempos sus relaciones habían tomado un rumbo nuevo, que había asustado a Vronski por su carácter indefinido. La víspera A