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(Unas páginas más adelante, un testigo superviviente nos dirá dónde...)
No voy, ahora, a revelar al lector en qué consiste el famoso «enigma de los procesos de Moscú de los años treinta» (primero causó intriga el propio «Partido Industrial», y luego el enigma se centró en los procesos contra los máximos dirigentes del partido). Ahora le toca al lector explicármelo a mí.
Porque no es que fueran dos mil los implicados en este asunto, ni siquiera doscientos o trescientos los que comparecieron ante el tribunal, sino tan sólo ocho personas. Y dirigir un coro de ocho personas no es nada del otro mundo. Sobre todo si Krylenko, que tuvo a miles donde elegir , si pasó dos años seleccionando a sus actores. ¿Que Palchinski no se doblega? Pues, fusiladlo (y declaradlo «dirigente del Partido Industrial» a título póstumo; así es como se le cita en las de claraciones, aunque no se haya conservado ni una sola de sus palabras). Luego esperaban obtener cuanto les hacía falta de Jré
Ramzin ha sido injustamente olvidado por los rusos. Cínico y deslumbrante, creo que merece convertirse en el arquetipo del traidor. ¡El fuego de Bengala de la traición! Cierto que no fue el único en su época, pero fue un caso eminente.
En suma, toda la dificultad de Krylenko y de la GPU estribaba únicamente en no equivocarse al escoger a las personas. De todos modos, el riesgo no era tan grande: cualquier mercancía que se les estropeara durante la instrucción podían enviarla a la tumba. Y en cuanto a los que pasaran por la criba y el cedazo, ¡a curarlos, a cebarlos un poco, y a presentarlos en el proceso!
¿En qué consistía, pues, el enigma? ¿En el tratamiento que les aplicaban? Pues nada más simple: ¿quiere usted vivir ? (Aunque a uno no le preocupe su propia vida, es posible que tenga hijos o nietos en que pensar.) ¿Es que no entiende que no nos cuesta nada fusilarlo sin salir siquiera del patio de la GPU? (Sin duda alguna. Y al que todavía no lo haya comprendido le aplican un tratamiento de extenuación en la Lubianka.) Pero será más provechoso tanto para usted como para nosotros que se avenga a representar cierto espectáculo cuyo texto escribirá usted mismo, como especialista; nosotros, los fiscales, nos estudiaremos el papel y nos esforzaremos en retener los términos técnicos. (En el juicio, Krylenko confundía a veces el eje de los vagones con los de la locomotora.) Puede que le resulte desagradable y deshonroso tomar parte en el espectáculo, pero ¡hay que hacer de tripas corazón! ¡Es la vida lo que está en juego! ¿Y cómo sé yo que después no me fusilarán? ¿Y por qué íbamos a vengarnos de usted? Ustedes son unos especialistas magníficos que no han cometido ningún crimen, nosotros los valoramos. Fíjese, además, en los muchos procesos por empecimiento que llevamos, y a todo el que se comportó correctamente lo hemos dejado con vida. (Conceder gracia a los acusados que habían sido obedientes era un requisito importante para el éxito de futuros procesos. Así, como una cadena, fue transmitiéndose esta esperanza hasta Zinóviev-Kámenev.) ¡Pero eso sí, debe cumplir todas nuestras condiciones, hasta la última! ¡El proceso debe redundar en provecho de la sociedad socialista!
Y los acusados cumplen todas las condiciones...
Toda la sutileza de la oposición intelectual de los ingenieros es reducida a sucio empecimiento, para que resulte accesible hasta al último de los alumnos en curso de alfabetización (¡Pero no se hablaba todavía de vidrios triturados en el plato de los obreros! A la fiscalía aún no se le había ocurrido.)
Luego venía el tema de la ideología. ¿Por qué habían empezado a empecer? A causa de una ideología hostil. ¿Y por qué ahora confesaban todos a una? Pues también por motivos ideológicos, ¡habían quedado subyugados (en prisión) por un Plan Quinquenal entrado ya en su tercer año, con su faz llameante entre altos hornos! En sus últimas declaraciones, piden ciertamente que se les conserve la vida, pero para ellos esto ya no es lo más importante. (Fedótov: «¡No hay perdón para nosotros! ¡El acusador tiene razón!».) En el quicio de la muerte lo más importante para estos extraños acusados es convencer al pueblo y a todo el mundo de la infalibilidad y clarividencia del Gobierno soviético. Ramzin, encomia de forma particular «la conciencia revolucionaria de las masas proletarias y de sus guías», que «han sabido abrir a la política económica caminos incomparablemente más seguros» que los científicos, y que han calculado con mucho más acierto los ritmos de desarrollo económico. Ahora «he llegado a comprender que es necesario dar una zancada adelante, que hay que dar un salto, [217] 19que hay que tomar al asalto...» (pág. 504), etcétera, etcétera. Lárichev: «La Unión Soviética no puede ser vencida por un mundo capitalista en decadencia». Kalí
Así, gracias al esfuerzo de estos ocho hombres uncidos a un mismo yugo, se alcanzaron todos los fines del proceso:
1. Todo lo que no anda en el país, el hambre, el frío, la carencia de ropa de abrigo, el caos y la estulticia patente, se carga en la cuenta de los ingenieros-empecedores.
2. Se intimida al pueblo con la amenaza de intervención extranjera y se le dispone para nuevos sacrificios.