Страница 41 из 73
—Sabe una cosa, he estado pensando mucho en esos desmanes moscovitas: ¿por qué se dice de ellos que salieron de estampida? ¿Habían estado en hibernación, se habían escondido, o qué?
5
Cuando pienso en mis sucesivos preceptores, lo que me interesa no es tanto la serie de extrañas disonancias que introdujeron en mi joven vida, como la estabilidad e integridad de esa vida. Soy feliz testigo del supremo logro de la memoria, que es el de la magistral utilización que hace de las armonías i
CAPITULO NOVENO
1
Tengo ante mí un cuaderno grande y gastado, con una encuademación en tela negra. Contiene viejos documentos entre los que se encuentran diplomas, bocetos, diarios, tarjetas de identidad, notas tomadas a lápiz, y algunas páginas impresas, todo ello meticulosamente conservado en Praga por mi madre, hasta su muerte, pero que luego, desde 1939 hasta 1961, sufrió diversas vicisitudes. Con la ayuda de estos documentos y de mis propios recuerdos, he redactado esta breve biografía de mi padre.
Vladimir Dmitrievich Nabokov, jurista, publicista y estadista, hijo de Dmitri Nikolaevich Nabokov, ministro de Justicia, y de la baronesa Maria von Korff, nació el 20 de julio de 1870 en Tsarskoe Selo, cerca de San Petersburgo, y murió víctima de la bala de un asesino el 28 de marzo de 1922 en Berlín. Hasta la edad de trece años fue educado en su casa por institutrices francesas e inglesas y por preceptores rusos y alemanes; fue uno de estos últimos quien le transmitió, para que después me lo transmitiera él a mí, el morbus et passio aureliani. En otoño de 1883 empezó a ir al «Gymnasium» (una combinación de la high schooly el junior collegenorteamericanos) situado en la que entonces se llamaba calle Gagarin (y cuyo nombre fue presumiblemente cambiado durante los años veinte por los miopes soviéticos). Sentía unos arrolladores deseos de destacar. Una noche de invierno, debido a que llevaba cierto retraso en el cumplimiento de una tarea y a que prefería la pulmonía al ridículo en la pizarra, se expuso a las heladas polares, con la esperanza de contraer alguna oportuna enfermedad, sentándose sin más abrigo que el camisón junto a la ventana abierta (daba a la Plaza del Palacio y a su columna iluminada por la luna); por la mañana gozaba todavía de espléndida salud, e, inmerecidamente, fue el temido profesor quien resultó haberse quedado guardando cama. A los dieciséis años, en mayo de 1877, terminó sus estudios del Gymnasium, con medalla de oro, y empezó a estudiar leyes en la Universidad de San Petersburgo, donde se graduó en enero de 1891. Continuó sus estudios en Alemania (principalmente en Halle). Treinta años después, uno de sus compañeros de curso, con el que él había ido de excursión en bicicleta a la Selva Negra, envió a mi enviudada madre el ejemplar de Madame Bovaryque mi padre tenía consigo en aquella época, y en cuya página de respeto había escrito «La insuperable joya de la literatura francesa», un juicio que todavía sigue siendo valedero.
El 14 de noviembre (fecha escrupulosamente celebrada cada año a partir de entonces por nuestra familia, tan apegada a los aniversarios) de 1897, se casó con Elena Ivanovna Rukavishnikov, la hija de veintiún años de un vecino del campo, con la que tuvo seis hijos (el primero nació muerto).
En 1895 ingresó en la Joven Cámara. De 1896 a 1904 impartió cursos de derecho penal en la Escuela Imperial de Jurisprudencia (Pravovedenie), en San Petersburgo. Estaba preestablecido que los miembros de la Cámara debían pedirle su autorización al «Ministro de la Corte» antes de intervenir en cualquier acto público. Y mi padre no pidió esa autorización, naturalmente, para publicar en la revista Pravosu famoso artículo «El baño de sangre de Kishinev», en el que condenaba el papel desempeñado por la policía, como instigadora del pogrom de 1903 en Kishinev. Un decreto imperial le privó del acceso a la corte en enero de 1905, fecha a partir de la cual rompió toda relación con el gobierno del Zar y se zambulló resueltamente en la política antidespótica, sin abandonar sus ocupaciones de jurista. Desde 1905 hasta 1915 fue presidente de la delegación rusa en la Asociación Internacional de Criminología, y en las conferencias que pronunció en Holanda se divirtió a sí mismo, y dejó pasmado a su auditorio, traduciendo oralmente, cuando era necesario, discursos en ruso y en inglés al alemán y francés, y viceversa. Era un elocuente adversario de la pena capital. Y se atuvo inquebrantablemente a sus principios, tanto en los asuntos particulares como en los públicos. En un banquete oficial celebrado en 1904 se negó a beber a la salud del Zar. Se dice que tuvo la desfachatez de poner un anuncio en la prensa donde comunicaba que su uniforme de la corte estaba en venta. De 1906 a 1917 fue el co-director, con I. V. Hessen y A. I. Kaminka, de uno de los escasos diarios liberales de Rusia, el Rech(«Discurso»), así como de la revista de jurisprudencia Pravo. Políticamente era un un «Kadet», es decir, miembro del KD ( Konstitutsio