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Constantino llevaba desempeñando el cargo de Regissimus Brita
Los brita
En apariencia, Vortegirn sólo pretendía comunicar al monje Constante la muerte de su padre el Regissimus y los otros notables se sintieron muy contentos al contemplar cómo se alejaba y les dejaba, en apariencia, el camino despejado hacia el poder. Sin embargo, Vortegirn era mucho más astuto que ellos. Tras manifestar sus condolencias a Constante, comenzó a decirle que nadie como él podría suceder a su padre: -«¿Quién posee tu instrucción? No será ese arrapiezo de tu hermano…», se cuenta que le dijo- e incluso le convenció de que podría abandonar perfectamente el estado monástico para asumir el mando.
Si el obispo Wetelino hubiera vivido, seguramente se hubiera opuesto a toda aquella farsa, pero, muerto él, ninguno de los obispos tuvo el valor suficiente para impedirla. No estaban a favor de ella. No la apoyaban. Jamás la hubieran respaldado. Manifestaron incluso que no respaldarían al monje Constante como nuevo Regissimus. Pero lo cierto es que cuando Vortegirn llegó a Londinium y proclamó como tal a Constante, no se enfrentaron con aquella terrible maldad. Se cumplió así uno de los principios elementales que explican no el mal -que se origina en nuestra naturaleza pecaminosa, como todo el mundo sabe- pero sí su avance. Los que sabían distinguir el bien del mal, no se tomaron la molestia -o no tuvieron arrestos suficientes- de enfrentarse frontalmente con él. Como Vortegirn era más valiente y, desde luego, mucho más audaz, no dudó en apoyar a Constante y así el joven llegó a ser algo que nunca debió: Regissimus Brita
Se convirtió en Regissimus… sí, en Regissimus se convirtió, pero no rigió. Lo cierto es que Vortegirn apenas tardó en tener las riendas del poder de Brita
Los pictos, como era de esperar, no se consideraban brita
Por supuesto, hubo gente que vio detrás de aquel crimen la mano de Vortegirn y sus sospechas no quedaron apaciguadas porque ordenara la ejecución de los pictos que habían asesinado a Constante. Sin embargo, a pesar de todo, no existía maniera de demostrar que hubiera impulsado la muerte y tampoco nadie se atrevió a impedir que ocupara el cargo ahora libre. A decir verdad, ¿quién lo hubiera hecho si sus manos aferraban la bolsa y la espada? y, aunque alguien hubiera decidido acusarlo ¿quién hubiera escuchado? Seguíamos siendo Roma, pero nuestros tribunales, nuestros recaudadores de impuestos, nuestros milites eran brita
Seguramente, Vortegirn esperaba un disfrute plácido del poder, pero las circunstancias se sucedieron de manera bien diferente. De entrada, los pictos no se sintieron muy felices al saber que sus compatriotas habían recibido la muerte a manos de los brita
Vortegirn se hallaba en Dorobernia cuando tuvo lugar el desembarco y, con el miedo en el alma, se encaminó hacia el lugar donde se encontraban los invasores. Ni Horsa ni Hengist ocultaron que eran paganos y que creían en Wotan, un dios falso similar al Mercurio de los antiguos romanos. Sin embargo, Vortegirn no pensó en expulsarlos de Brita