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Luego, sólo los abogados de We

Varias semanas más tarde, un turista sueco informó de que había visto a Hans-Erik We

Al cabo de seis meses la persecución policial se interrumpió. Entonces, Hans-Erik We

La muerte de We

Si alguien se hubiese molestado en pedirle ayuda a Lisbeth Salander para dar con We

Al cabo de seis meses, Lisbeth se cansó de seguirle los pasos a We

Pero había otras deudas por saldar. Pensaba en la camarera embarazada de veintidós años a la que le habían sumergido la cabeza bajo el agua de la bañera.

Cuatro días antes de que encontraran a We

Apagó las noticias de la tele a mitad del dramático relato sobre el fallecimiento de We

Erika Berger y Christer Malm se dedicaron a los preparativos anuales de Navidad mientras Mikael, sentado en el sillón de Erika, bebía glögg y los observaba. Todos los colaboradores y algunos de los freelance fijos recibieron un regalo: ese año tocaba una bandolera con el logo de Mille

Durante el mayor tiempo posible Mikael intentó resistir la tentación, pero al final no pudo más. Cogió la última tarjeta y escribió: «Feliz Navidad y próspero año nuevo. Gracias por tu espléndida colaboración durante todo este año». Firmó con su nombre y lo dirigió a la redacción de Finansmagasinet Monopol, a la atención de Ja

Cuando Mikael llegó a casa por la noche el aviso de un paquete le estaba esperando. A la mañana siguiente, recogió el regalo y lo abrió una vez llegó a la redacción. El paquete contenía una barrita antimosquitos y una botella de aguardiente Reimersholm. Mikael abrió la tarjeta y leyó el texto: «Si no tienes otros planes, yo atracaré en Arholma el día de Midsommar». Lo firmaba su antiguo compañero de estudios Robert Lindberg.

Tradicionalmente, Mille

Sus cuentas en el Bank of Kroenenfeld de las islas Caimán, con doscientos sesenta millones de dólares estadounidenses -aproximadamente dos mil millones y medio de coronas suecas- fueron vaciadas la víspera de la publicación de la revista Mille

Hasta ese momento el dinero había estado en una serie de cuentas a las que sólo We

Europol había emitido una orden de búsqueda de aquella desconocida mujer que usó un pasaporte inglés, robado, con el nombre de Monica Sholes, y de la que se decía que había llevado una vida por todo lo alto en uno de los hoteles más lujosos de Zurich. Una foto relativamente nítida para ser de una cámara de vigilancia retrató a una mujer de baja estatura con una melena al estilo paje, boca ancha, pecho prominente, ropa exclusiva de marca y joyas de oro.

Mikael Blomkvist estudió la foto, al principio de una ojeada y luego con creciente incredulidad. Al cabo de unos segundos buscó una lupa en el cajón de su mesa e intentó distinguir los detalles de las facciones entre los puntos de la imagen.

Al final, dejó el periódico y se quedó mudo durante varios minutos. Luego se echó a reír de manera tan histérica que Christer Malm asomó la cabeza preguntando qué pasaba. Mikael hizo un gesto con la mano dándole a entender que no tenía importancia.

La mañana de Nochebuena Mikael se fue a Årsta para visitar a su ex mujer y a su hija Pernilla, y para intercambiarse los regalos. Mikael y Monica le habían comprado a Pernilla el ordenador que tanto deseaba. Monica le regaló a Mikael una corbata y la niña le dio una novela policíaca de Åke Edwardsson. A diferencia de las pasadas Navidades, todos estaban excitados por aquel drama mediático que había tenido lugar en torno a Mille