Страница 129 из 138
Lisbeth examinó la ropa elegante y el aplomo con el que Erika Berger actuaba, y decidió, cuando todavía no habían pasado ni unos diez segundos, que no resultaría probable que Erika se convirtiera en su mejor amiga.
La reunión duró cinco horas. Erika hizo dos llamadas para cancelar otras citas. Dedicó una hora a leer partes del manuscrito que Mikael puso en sus manos. Tenía mil preguntas y se dio cuenta de que le llevaría semanas dar respuesta a todas ellas. Lo importante era aquel texto que finalmente dejó de lado. Si tan sólo una pequeña parte de esas afirmaciones fuese verdadera, la situación habría cambiado por completo.
Erika miró a Mikael. Nunca había dudado de que se trataba de una persona sincera, pero durante un breve segundo sintió vértigo y se preguntó si el caso We
Hizo falta un buen rato para convencerla de que aquella curiosa chica que seguía sin pronunciar una sola palabra tenía acceso libre al ordenador de Hans-Erik We
La reacción espontánea de Erika fue decir que no podian usar el material por haberlo conseguido a través de una intrusión informática ilegal. Pero claro que podían. Mikael señaló que no estaban obligados a dar cuenta de cómo se habían hecho con el material. Podrían haber contado perfectamente con una fuente que hubiera accedido al ordenador de We
Al final, Erika fue consciente del arma que tenían en las manos. Se sentía agotada y le quedaban muchas preguntas, pero no sabía por dónde empezar. Acabó por dejarse caer contra el respaldo del sofá e hizo un resignado gesto con los brazos.
– Mikael, ¿qué pasó en Hedestad?
Lisbeth Salander levantó la mirada de inmediato. Mikael permaneció callado durante mucho tiempo. Contestó con otra pregunta.
– ¿Qué tal te llevas con Harriet Vanger?
– Bien. Creo. La he visto dos veces. La semana pasada Christer y yo subimos a Hedestad para una reunión. Nos emborrachamos con vino.
– ¿Y cómo salió la reunión?
– Ella mantiene su palabra.
– Ricky, sé que te sientes frustrada porque te he estado evitando y porque me he inventado excusas para no explicarte nada. Tú y yo nunca hemos tenido secretos el uno para el otro y de repente hay seis meses de mi vida que yo… no soy capaz de contarte.
Erika cruzó su mirada con la de Mikael. Lo conocía como nadie, pero lo que leía en sus ojos era algo que no había visto jamás. Parecía implorarle. Le suplicaba que no le preguntara. Ella abrió la boca y lo contempló desamparada. Lisbeth Salander observaba su silenciosa conversación con una mirada neutra. No se metió.
– ¿Tan terrible ha sido?
– Peor aún. Le temía a esta conversación. Prometo contarte lo ocurrido, pero es que he dedicado meses a reprimir mis sentimientos mientras We
– ¿Qué es esa marca que llevas alrededor del cuello?
– Lisbeth me salvó la vida allí arriba. Si ella no hubiese aparecido, yo estaría muerto.
Los ojos de Erika se abrieron de par en par. Miró a la chica de la chupa de cuero.
– Y ahora tienes que redactar un acuerdo con ella; es nuestra fuente.
Erika Berger permaneció callada un buen rato mientras lo meditaba. Luego hizo algo que dejó perplejo a Mikael, que fue un shock para Lisbeth y que incluso a ella misma le asombró. Durante todo el tiempo que llevaba sentada en el sofá de Mikael había sentido la mirada de Lisbeth. Una taciturna chica con vibraciones hostiles.
Erika se levantó, bordeó la mesa y abrazó a Lisbeth Salander. Lisbeth se defendió como una lombriz a la que estaban a punto de clavar en el anzuelo.
Capítulo 29 Sábado, 1 de noviembre – Martes, 25 de noviembre
Lisbeth Salander navegaba por el ciberimperio de Hans-Erik We
Durante el último mes había mantenido un esporádico contacto con Mikael Blomkvist, que estaba igualmente ocupado y obsesionado con su trabajo en la redacción de Mille
Por enésima vez repasó todos los detalles. No es que temiera haberse perdido alguno, pero no estaba segura de haber comprendido la relación entre todas esas intrincadas conexiones.
El célebre imperio de We
Los análisis más optimistas del We
En alguna parte de ese deforme organismo también había sustancia. Tres recursos aparecían constantemente en la jerarquía. Los bienes suecos fijos, inatacables y auténticos, se encontraban expuestos a la inspección pública, a consultas de balances anuales y auditorias. Las actividades americanas eran sólidas, y un banco de Nueva York conformaba la base de operaciones de todos los movimientos de dinero. Lo interesante de la historia residía en las actividades que las empresas buzón realizaban en lugares como Gibraltar, Chipre y Macao. We
Un punto y aparte lo constituía una cuenta anónima abierta en las islas Caimán; la controlaba We
Salander trabajaba sumida en un estado hipnótico. Cuentas: clic; correo electrónico: clic; balances: clic. Se enteró de las últimas transferencias. Le siguió el rastro a una pequeña transacción hecha de Japón a Singapur que luego continuó hasta las islas Caimán vía Luxemburgo. Comprendió cómo funcionaba. Era como si en ella confluyeran los impulsos del ciberespacio. Pequeños cambios. El último correo electrónico. Un único y pobre mensaje electrónico de muy limitado interés enviado a las diez de la noche. El programa de encriptación PGP, trrrr, trrrr; una ridiculez para alguien que ya estaba dentro de su ordenador y podía leer claramente el mensaje: