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– Pero, señor Selb, eso no se lo revelamos a él. El problema era completamente otro. Él intentó chantajearnos sin rodeos. Nunca conseguimos saber si realmente se traía algo entre manos, pero organizó un buen jaleo.
– ¿Con las viejas historias?
– Sí, con las viejas historias. Con la amenaza de dirigirse a la prensa, a la competencia, a los sindicatos, a Inspección de Trabajo, a la Oficina Federal Antimonopolio. Sabe usted, es duro decir algo así, yo también siento que Mischkey acabara así, al mismo tiempo me alegra haberme quitado de encima el problema.
Danckelma
– Ah, señor Selb. Ya he hablado hoy de usted. ¿Qué anda haciendo todavía con ese asunto sobre Mischkey? Pero si su caso está ya cerrado hace tiempo… Ande, no me alborote el corral.
Como en la conversación con Thomas, también con Danckelma
– ¿Le ha llamado Gremlich?
Danckelma
– En serio, señor Selb, deje de una vez esta historia. No nos parece que merezca la pena.
– Para mí mis casos están cerrados sólo cuando lo se todo. ¿Sabía usted, por ejemplo, que Mischkey se estuvo paseando otra vez por su sistema?
Thomas escuchaba con atención y me miraba extrañado. Ya estaba lamentando haberme ofrecido un puesto de docente. Danckelma
– Tiene usted una curiosa idea sobre lo que es un contrato. Se acaba cuando quien le contrató ya no necesita sus servicios. Y el señor Mischkey ya no pasea por ninguna parte. Así que le pido que por favor…
Ni en sueños hubiera imaginado oír algo así, y no tenía interés en seguir la escalada. Una palabra indebida más y Danckelma
– Tiene usted toda la razón, por supuesto, señor Danckelma
Danckelma
– Para volver otra vez a ello, señor Thomas, acepto gustoso el puesto de docente. Voy a redactar un currículum.
– Le agradezco su interés, señor Selb. Después de todo, tan lejos no estamos.
Abandoné el recinto de seguridad y me encontré de nuevo en el patio con Aristóteles, Schwarz, Mendeléiev y Kekulé. En el lado norte del patio lucía un cansado sol otoñal. Me senté en el escalón superior de una pequeña escalera que llevaba a una puerta cegada. Tenía de sobras para reflexionar.
16. EL MÁS VIVO DESEO DE PAPÁ
Cada vez encajaban más piezas del rompecabezas. Pero no formaban una imagen verosímil.
Ahora entendía lo que era la carpeta de Mischkey: la colección de lo que había de emplear contra la RCW. Una colección miserable. Muy alta tuvo que ser su jugada de póquer para impresionar a Danckelma
Pensé en Gremlich. Había conseguido dinero, esa mañana había mostrado reacciones extrañas y yo estaba bastante seguro de que había informado a Danckelma
Pero todo esto no explicaba de forma verosímil que se asesinara a Mischkey. ¿Gremlich como asesino que quiere hacer el negocio con la RCW y que para ello no podía hacer uso de Mischkey? ¿O el material de Mischkey poseía un contenido explosivo que yo no había sabido ver y que había provocado una reacción mortal de la RCW? Pero en tal caso Danckelma
Me despedí de Aristóteles. De nuevo ejercían su hechizo los patios de la vieja fábrica. Pasé por el arco al patio siguiente, cuyas paredes brillaban en el rojo otoñal de la viña rusa. No vi a Richard jugando a la pelota por ninguna parte. Pulsé el timbre de la vivienda de servicio de los Schmalz. La mujer mayor que ya conocía de vista abrió la puerta. Iba de luto.
– ¿La señora Schmalz? Buenos días, mi nombre es Selb.
– Buenos días, señor Selb. ¿Va a ir usted desde aquí con nosotros al entierro? Mis hijos van a recogerme ahora.
Media hora después me encontraba en el crematorio del Cementerio Central de Ludwigshafen. La familia Schmalz me había incorporado al duelo por Schmalz senior como la cosa más natural del mundo, y no quise decir que sólo por casualidad había caído en los preparativos del entierro. Había ido en coche al cementerio con la señora Schmalz, el joven matrimonio Schmalz y el hijo Richard, contento por la gabardina azul oscuro y el traje de tono discreto que llevaba ese día. Por el camino me enteré de que Schmalz senior había sucumbido a un infarto.
– Tenía tan buen aspecto cuando lo vi hace pocas semanas…
La viuda sollozó. Mi amigo el sibilante me habló de las circunstancias que le llevaron a la muerte.
– Papá todavía tenía mucho que hacer después de haberse jubilado. Tenía un taller en el viejo hangar junto al Rin. Allí tuvo un descuido hace poco. La herida de la mano no era profunda, pero el doctor pensaba que también había sufrido un derrame cerebral. Después de eso papá sentía siempre un cosquilleo en la parte izquierda del cuerpo, se sentía muy mal y se quedó en la cama. Y luego, hace cuatro días, el infarto.
En el cementerio, la RCW estaba ampliamente representada. Danckelma
No me pude escapar del café y el pastel del ceremonial del entierro. Pero pude evitar sentarme al lado de Danckelma
– Schmalz era un jugador ordenado. Aunque empezó tarde con ello. Y de él se podía uno fiar en la asociación. No dejó pasar un entrenamiento ni un torneo.