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– De acuerdo -zanjó Scott-. ¿Qué estrategia seguimos?

– Ashley llama al tipo. Arregla otro encuentro. Lleva dinero y la acompaña su padre. Lo hace en público. Una conversación breve y sin tonterías. Si hay suerte, será el final de la historia.

Scott fue a sacudir la cabeza, pero se detuvo. Bien mirado, tenía sentido. Al menos, lo suficiente para intentarlo. Así pues, decidió seguir el plan de Sally, con alguna variante propia.

Hope había permanecido en silencio durante toda la conversación. Sally se volvió hacia ella.

– ¿Qué te parece? -preguntó.

– Creo que es una estrategia adecuada -dijo, aunque no lo creía.

A Scott de pronto le molestó que se le diera a Hope la oportunidad de hablar. Quiso decir que no tenía nada que hacer allí, que debería marcharse a otra habitación. «Sé razonable -se ordenó-. Aunque esta mujer sea irritante.»

– Bien, lo haremos así. Al menos para empezar.

Sally asintió.

– Bien. Scott, ¿querías de verdad té o era una de tus bromas?

– Me cuesta trabajo creer… -empecé, pero decidí probar una estrategia diferente-. Quiero decir que deberían tener alguna idea…

– ¿De a lo que se enfrentaban? -preguntó ella-. Aún no sabían nada del ataque al chico. Ni nada del, digamos, accidente que la amiga de Ashley tuvo después de la cena. Y tampoco de la reputación de Michael O'Co

– Pero ¿hablar con él? ¿Ofrecerle dinero? ¿Cómo se les ocurrió pensar siquiera que eso funcionaría?

– ¿Por qué no? Con la gente normal siempre funciona.

– Sí, pero…

– La gente siempre busca soluciones a sus problemas. ¿Qué alternativas tenían, si no?

– Bueno, podrían haber sido un poco más agresivos…

– ¡No lo sabían! -Su voz se elevó de pronto con vehemencia. Se inclinó hacia mí con los ojos entornados de frustración e ira-. ¿Por qué resulta tan difícil comprender lo poderosa que es la capacidad de negación que tenemos todos? ¡Nunca queremos creer lo peor!

Se detuvo y tomó aire. Yo empecé a hablar, pero ella alzó una mano.

– No pongas excusas -dijo-. Incluso tú te negarías a verlo, aunque tuvieras delante lo más peligroso del mundo. -Inspiró de nuevo-. Pero Hope lo vio. O al menos tuvo una leve intuición. Sin embargo, por un motivo u otro, todos equivocados y estúpidos, se abstuvo de mencionarlo. Al menos en aquel momento inicial…

14 Necedad

Scott se sentía incómodo en aquella barra. Acarició su botella de cerveza y trató de mantener un ojo en la puerta del restaurante y el otro en Ashley, que estaba sentada sola en un reservado. Ella no paraba de alzar la cabeza, jugueteando con los cubiertos, tamborileando nerviosa los dedos mientras esperaba.

Su padre la había instruido respecto a qué decirle a O'Co

Ashley, por su parte, no sentía más que frío hielo y tensión en su interior.

Cuando había telefoneado a O'Co

– Michael, soy Ashley… -le había dicho.

– ¿Dónde has estado?

– Fuera de la ciudad por unos asuntos.

– ¿Qué clase de asuntos?

– De los que tenemos que hablar. ¿Por qué no asististe a nuestra cita en el museo el otro día?

– Era una encerrona. Y no quería oír lo que querías decirme. Ashley, de verdad creo que entre nosotros hay algo bueno…

– Si de verdad lo crees, entonces cenemos esta noche. En el mismo sitio de nuestra primera y única cita. ¿De acuerdo?

– Sólo si me prometes que no va a ser la gran despedida -dijo él-. Te necesito, Ashley. Y tú me necesitas a mí. Lo sé. -Parecía débil, casi infantil, incluso confundido.

Ella vaciló un instante.

– De acuerdo, prometido -dijo.

– Bien. Tenemos muchas cosas de que hablar. Por ejemplo, de nuestro futuro.

– Así pues, a las ocho -dijo ella. Colgó sin comentar sus últimas palabras y sin mencionar lo mucho que se había asustado cuando él la siguió bajo la lluvia hasta el metro. Ni una palabra sobre las flores muertas. Ni sobre nada.

Ahora hizo un esfuerzo para no mirar a su padre en la barra y centrarse en la puerta, consciente de que eran casi las ocho. Ojalá no volviera a repetirse lo del otro día. El plan urdido con su padre era sencillo: llegar temprano al restaurante, sentarse en un reservado para que O'Co

Mientras dejaba el vaso sobre la mesa, vio a O'Co

Inspiró hondo y se dijo: «Muy bien, Ashley. Arriba el telón. Empieza el espectáculo.»

O'Co

– Hola, Ashley -dijo animosamente-. Joder, es magnífico verte.

Ella no fue capaz de controlarse.

– ¿Por qué me plantaste en el museo? -le reprochó-. Y luego, cuando me seguiste…

– ¿Te asusté? -repuso él, como si la estuviera escuchando contar un chiste.

– Sí. Si dices que me amas, ¿por qué haces una cosa así?

Él simplemente sonrió y a Ashley se le ocurrió que tal vez sería mejor no saber la respuesta a esa pregunta. Michael O'Co

– Bueno, supongo que esto no es realmente una cena romántica, ¿verdad?

– No.

– Y supongo que mentiste al decir que no sería la gran despedida, ¿eh?

– Michael, yo…

– No me gusta que la mujer que amo me engañe. Me pone furioso.

– He estado intentando…

– Creo que no me comprendes bien, Ashley -repuso él tranquilamente, sin elevar la voz-. ¿Crees que no tengo sentimientos yo también?