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Se acercaron a la entrada, abrieron una de las puertas de vidrio e ingresaron a la planta baja del museo. He
– Pertenezco al consejo de administración del museo -explicó-, y soy uno de los patrocinadores. Yo colecciono biblias raras. ¿Sabía usted eso? Poseo uno de los ejemplares existentes de la Biblia de 42 líneas. Supongo que podría venderla por más de un millón de dólares y dar a Helga lo que quiera para que fuera mía. Pero yo no haría eso. Mire esto…
Condujo a Randall frente a un gran mapa del mundo que estaba sobre la pared. Debajo había un tablero con siete botones marcado «1450», «1470», «1500», 1600», «1700», «1800», «Heute».
– Oprime usted el botón de un año cualquiera -dijo He
He
– Hay otras cosas exhibidas en esta planta baja. Y abajo está una réplica del antiguo taller de Gutenberg y de su prensa de mano, pero no sabemos qué tan exactos son. No sobrevivió ninguna descripción del taller ni de la prensa de Gutenberg. Sugiero que lo pasemos por alto, Steven; no podemos perder tiempo. Vamos arriba rápidamente. En el primer piso hay algo que usted debe ver. Deje encendida su grabadora.
Subieron la amplia escalera. Arriba, He
– Muy bien -dijo He
Randall siguió al impresor hacia una bóveda oscura, pero espaciosa. Había cuatro ventanas iluminadas sobre una pared. A través de ellas, Randall pudo ver un muestrario de biblias manuscritas, arduamente elaboradas por monjes antes de 1450. He
– Dos escribas necesitaban más de veinticuatro meses para copiar y producir cuatro de estas biblias. Uno de los primeros impresores después de Gutenberg, tardó sólo dos meses en sacar veinticuatro mil ejemplares de un libro de Erasmo.
He
La joven guía había terminado su disertación en alemán, e inmediatamente miró de frente a Randall y la repitió monótonamente en inglés:
– Los monjes tardaban treinta o cuarenta años en preparar una Biblia especial profusamente ilustrada, como la que han visto en la vitrina iluminada, a mi derecha. En tres años, Joha
La chica había empezado a repetir su charla en francés, y Randall se distrajo examinando el techo bajo de la bóveda, pintado de azul, y las paredes de color avellana, cuando sintió que He
Randall siguió al impresor alemán fuera de la bóveda y a la luz del primer piso del museo.
– Ha sido interesante -dijo Randall.
– Puras tonterías -gruñó He
– Por supuesto.
– Bueno, porque esta información puede servirle. Esos papeles nos dicen que Gutenberg venía de una familia patricia y que el apellido de su padre era Gensfleisch. (Entonces era costumbre usar el apellido de la madre.) Gutenberg trabajaba de orfebre y fue demandado, por incumplimiento de palabra de casamiento, por una dama llamada A
– La guía de turistas que estaba en la bóveda dijo que sí.
– Olvídese de ella y escuche a Karl He
– Y suponiendo que Gutenberg haya sido el inventor -dijo Randall-, ¿qué fue exactamente lo que inventó?
– Para decirlo de un modo simple, inventó el molde para fundir los tipos. Su molde era de cobre; el mío es de acero, más durable. Él esculpió las letras del alfabeto. Cortó punzones. Puso la cara de las letras en relieve, por encima de las superficies. Calculó que las letras tenían que hacerse al revés para que imprimieran al derecho. Inventó la forma o bandeja que contenía los caracteres. Y, finalmente, inventó el medio para que el tipo fuera llevado hacia atrás para ser entintado y que luego volviera a entrar en la prensa para que la platina de hierro entrara en contacto con las letras para la siguiente impresión. Hizo que la prensa se moviera una y otra vez, produciendo una impresión tras otra. Inventó los tipos movibles. Por él, yo estoy aquí con usted hoy, y nuestro Petronio y nuestro Santiago inundarán el mundo letrado y tal vez harán cambiar a Ja Humanidad.