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Malone estaba seguro de que Shively.
hubiera podido dar fácilmente alcance a Bru
Pero no cabía duda de que a Bru
Lo más probable era que Bru
Tras lo cual, lo más probable era que Bru
Al llegar al camino de montaña, Malone decidió aligerar el paso para poder dar alcance al viejo.
A pesar de su afirmación en el sentido de que se mantenía en forma gracias a la alimentación sana y al ejercicio, Bru
Era una caminata agotadora incluso para alguien tan joven como Malone, y a éste no le cabía la menor duda de que Bru
Malone estaba convencido de que, una vez encontrara al viejo, podría convencerle a regresar al refugio hasta aquella noche, de tal manera que pudieran preparar sus planes con más cuidado y marcharse todos juntos tal como habían venido.
Un aliciente: recordarle a Bru
Además, era necesario convencer a Bru
Malone consideraba i
Mientras avanzaba mirando a ambos lados del camino en un intento de encontrar al viejo, Malone empezó a ensayar los argumentos que utilizaría con vistas a tranquilizar a Bru
Además, estaba deseando contarle a Bru
Para eliminar al marido de la mujer que amaba, Peltzer se sirvió de su hermano. Siguiendo las indicaciones de Peltzer, el hermano cambió de aspecto, atuendo e identidad, fingió ser otra persona, concertó con la futura víctima un encuentro de negocios y le asesinó.
Tras lo cual, el hermano se libró de su ficticia identidad. El crimen había sido cometido por una persona que no existía. La policía no podía buscar a nadie.
Precioso. Ascendiendo dificultosamente por la montaña, Malone iba pensando alborozado en este caso.
Pues, bien, el caso Peltzer sería el modelo del plan que había urdido en relación con Bru
Le aconsejaría a Bru
Era necesario que Bru
Y un día, dentro de uno o dos años, una vez se hubiera olvidado por completo el asunto del secuestro de Sharon Fields, Bru
Era absolutamente necesario que le expusiera a Bru
Tras resfrescar la memoria en relación con el caso Peltzer y elaborar la adaptación del mismo a las circunstancias de Bru
A su izquierda había un precipicio y a su derecha el bosquecillo en cuyo claro se encontraba oculto el cacharro.
Malone se detuvo para respirar un poco, confiando en que ya no estaría muy lejos de Bru
La confianza de Malone se basaba en que, a diferencia de lo que había ocurrido en el caso de Shively, a quien Bru
Bru
Shively le había indicado que el cacharro se encontraba en su sitio y que Bru
Si la teoría era cierta, tal vez Bru
En tal caso, resultaría imposible darle alcance yendo a pie, y Malone tendría que abandonar su búsqueda. Para asegurarse de que el cacharro estuviera todavía en su sitio, Malone dio la vuelta y se adentró en el bosquecillo de árboles y arbustos.
Una vez en él, avanzando entre el follaje, pudo ver claramente el achaparrado vehículo bajo su camuflaje de ramas en el mismo lugar en que Yost y Shively lo habían dejado. Malone iba a marcharse aliviado cuando algo le llamó la atención.
En cierta ocasión había estudiado las habilidades de los exploradores y rastreadores indios, y todavía recordaba aquello que siempre buscaban los perspicaces ojos de éstos.
Podía descubrirse si alguien había pasado por un lugar antes que tú, aunque no hubiera dejado huellas, si encontrabas alguna roca o piedra removida.
Si ésta llevara removida algún tiempo, el sol habría secado la humedad de su parte inferior.
Si la acababan de remover, no habría tiempo de que el sol la hubiera secado y la roca aparecería todavía húmeda. Y allí al otro lado, entre los arbustos, Malone pudo distinguir claramente varias piedras que habían sido removidas.
Estaban húmedas. Qué curioso, pensó Malone adentrándose en el bosquecillo. ¿Quién habría estado allí? Tal vez Shively buscando a Bru
Malone se dirigió rápidamente hacia el lugar, cuya tierra había sido hollada recientemente.
Se arrodilló para tocar las húmedas piedras y, al hacerlo, sus ojos se posaron en un espectáculo inesperado.
Las suelas de unos zapatos. Avanzando a gatas y arañándose los brazos con las zarzas, Malone llegó hasta los zapatos, observó que estaban llenos y jadeó dando un respingo. Se puso en pie sin atreverse a mirar y, al final, se esforzó por hacerlo. Separó los arbustos y descubrió inmediatamente el cuerpo.
Era ni más ni menos que Leo Bru
Malone avanzó tropezando como en sueños y se arrodilló para averiguar si su amigo estaba con vida. Giró la rígida cabeza hacia sí y vio los ojos ciegos con los globos levantados hacia arriba, la helada boca abierta y la inmovilidad de la muerte.