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– No, quieta ahí. ¡Aja! ¿Ves? -y se ríe-. Te quiero, estúpida chiquilla de gueto. Ni siquiera le has quitado la etiqueta. Es tan triste. Sé que mi chaqueta es triste, y puede que no te gusten mis zapatos de J. C. Pe

Miro extasiada la película. Y lloro. Lloro y lloro. Lloro cinco minutos seguidos hasta que vuelve.

– Bien, ¿entonces qué? -me pregunta con las manos llenas de grasa negra.

Ya no oigo el goteo. Ha arreglado el lavabo.

– No es una verdadera petición sin el anillo -contesto.

– Cierto. -Y alza las manos como un policía haciendo retroceder al gentío-. Es verdad. Quédate ahí.

Sale corriendo y vuelve de la cocina con el cierre del pan de molde en forma de anillo.

– Esto tendrá que servir de momento -dice, manoseándolo torpemente, dejándolo caer y recogiéndolo de nuevo-. Y además da igual, porque ibas a sentirte decepcionada con cualquier anillo auténtico que consiguiera, así que toma. Tómalo. Tómalo y date cuenta de que el anillo no es lo importante. Es el hombre y es la mujer, y el amor que sienten y el hecho de que podrían perder sus anillos, pero se querrían para siempre igual. ¿Comprendes eso, Navi? Coge el maldito anillo. Y ahora, ¿qué respondes?

– Este anillo apesta -le digo.

Se ríe. Alza los brazos sobre la cabeza y grita a pleno pulmón:

– ¡Te quiero, mujer! ¿Eso no es suficiente?

Pienso en su pregunta. No le va a gustar la respuesta.

– No -le digo-. No lo es. No es suficiente.

Juan se derrumba. Se cubre la cara con las manos y cuando levanta la vista tiene lágrimas en los ojos y manchas de grasa negra en las mejillas. Me mira, y se vuelve hacia la puerta.

– Ya has elegido -dice-. Ahora me toca a mí.

Y se va.

Ay, mi'ja. Nunca pensé que lo hiciera.

El día de los Santos Inocentes, el uno de abril, es una de las fiestas más crueles de nuestra cultura. ¿En qué otro momento arrebatamos tan alegremente las esperanzas de los que nos rodean? Normalmente evito hablar con la gente el primero de abril, pero este año tuve que llamar a mi amiga Cuicatl. ¿La recuerdan? ¿La estrella de rock anteriormente conocida como Amber? Ayer vi el Billboard de esta semana, me avisó uno de los redactores de música del Gazette. Y allí, en la portada, estaba mi amiga Cuicatl. El artículo decía que la preventa del disco que estaba a punto de salir había superado cualquier expectativa, y un par de importantes críticos de rock la alababan como la próxima estrella del pop americano. No me lo podía creer, y la llamé para felicitarla. Me aseguró que no era ninguna broma de los Santos Inocentes, y casi me ahogué de alegría y de sana envidia. Una lección para todos: no te rindas nunca.

De «Mi vida», de LAUREN FERNÁNDEZ