Страница 32 из 80
El viento se levanta de nuevo y entonces acepto. Katie ha desaparecido en medio de la confusión de la ambulancia, y una amiga suya me dice que ha vuelto a Holder con sus compañeras de cuarto. Decido llamarla cuando llegue.
Gil me pone una mano amable en la espalda y me conduce al Saab, que espera bajo la nieve, cerca de la entrada del auditorio. Siguiendo su instinto infalible para hacer siempre lo mejor, Gil pone la calefacción a la temperatura adecuada, ajusta el volumen de una vieja balada de Frank Sinatra hasta que el viento no es más que un recuerdo, y emprende el camino hacia el campus con un breve acelerón que me confirma nuestra impunidad frente a los elementos. A nuestra espalda, todo se funde gradualmente con la nieve.
– ¿Qué crees que ha sucedido allá arriba? -pregunta en voz baja cuando estamos ya en camino.
– Ha sonado como un disparo.
– Charlie ha dicho que había alguien más arriba.
– ¿Y qué hacía?
– No estoy seguro.
– Me ha parecido ver que trataba de salir -le digo.
Gil tiene el rostro lívido.
– Nunca había visto nada semejante. ¿Crees que ha sido un accidente?
– No me lo ha parecido.
– ¿Has reconocido a la persona que ha caído?
– No he podido ver nada.
– ¿Crees que ha sido…? -Gil se acomoda en su asiento.
– ¿Que ha sido quién?
– ¿Crees que deberíamos llamar a Paul y asegurarnos de que está bien?
Gil me pasa su móvil, pero no hay cobertura.
– Seguro que está bien -dice.
– Seguro que sí -digo yo, jugueteando con el aparato.
Nos quedamos así, en el silencio del interior del coche, durante unos minutos, intentando alejar de nuestras mentes esa posibilidad. Al final, Gil desvía la conversación hacia otro tema.
– Cuéntame de tu viaje -dice. A principios de semana, fui a Columbus para celebrar la entrega de mi tesina-. ¿Cómo te ha ido en casa?
Logramos mantener una conversación fragmentaria, saltando de tema en tema, intentando sobreponernos a la corriente de nuestros pensamientos. Le cuento las últimas noticias de mis hermanas mayores -una veterinaria; la otra, a punto de comenzar un doctorado en empresariales- y Gil me pregunta por mi madre, cuyo aniversario acaba de recordar. Me dice que, a pesar del tiempo que ha dedicado a planear el baile, se las arregló para terminar su tesina mientras yo no estaba, pocos días antes de la fecha de entrega impuesta por el departamento de Economía. Poco a poco llegamos a preguntarnos en voz alta en qué facultad de medicina habrán aceptado a Charlie e intentamos adivinar adonde tiene intención de ir, puesto que acerca de estos asuntos Charlie guarda un silencio modesto, incluso con nosotros.
Nos dirigimos al sur. En la oscuridad de la noche, los dormitorios parecen estar acuclillados a ambos lados de la calle. La noticia de lo ocurrido en la capilla debe de estar propagándose por el campus, porque no hay peatones y los únicos coches que vemos, aparte del nuestro, duermen silenciosamente sobre el arcén. El trayecto hacia el aparcamiento, a un kilómetro de Dod, me parece casi tan largo como el lento camino a pie. A Paul no se le ve por ningún lado.