Страница 9 из 46
ESCENA VII
Cesonia se sienta con cansancio.
Cesonia. Un guardia lo vio pasar. Pero Roma entera ve a Calígula por todas partes. Y Calígula en efecto, sólo ve su idea.
Escipión. ¿Qué idea?
Cesonia. ¿Cómo puedo saberlo yo, Escipión?
Escipión. ¿Drusila?
Cesonia. ¿Quién puede decirlo? Pero en verdad la quería. En verdad es duro ver morir hoy lo que ayer estrechábamos en los brazos.
Escipión (tímidamente). ¿Y tú?
Cesonia. Oh, yo soy la antigua querida.
Escipión. Cesonia, hay que salvarlo.
Cesonia. ¿Así que lo amas?
Escipión. Lo amo. Era bueno conmigo. Me alentaba y sé de memoria ciertas palabras suyas. Me decía que la vida no es fácil, pero que están la religión, el arte, el amor que inspiramos. Repetía a menudo que hacer sufrir es la única manera de equivocarse. Quería ser un hombre justo.
Cesonia (levantándose). Era un niño. (Se dirige hacia el espejo y se mira.) Nunca tuvo otro dios que mi cuerpo y a este dios quisiera rezar hoy para que Cayo me fuese devuelto.
Entra Calígula. Al ver a Cesonia y a Escipión, vacila y retrocede. En el mismo instante entran por el lado opuesto los Patricios y El intendente de palacio. Se detienen, cortados. Cesonia se vuelve. Ella y Escipión corren hacia Calígula. El los detiene con un ademán.