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ESCENA XII

Cesonia. Ven aquí.

El joven escipión. ¿Qué quieres?

Cesonia. Acércate.

Le levanta la barbilla y lo mira a los ojos. Pausa.

Cesonia (fríamente). ¿Mató a tu padre?

El joven escipión. Sí.

Cesonia. Lo odias.

El joven escipión. Sí.

Cesonia. ¿Quieres matarlo?

El joven escipión. Sí.

Cesonia (soltándolo). Entonces, ¿por qué me lo dices?

El joven escipión. Porque no temo a nadie. Matarlo o que me maten, son dos maneras de terminar. Además, tú no me traicionarás.

Cesonia. Tienes razón, no te traicionaré. Pero quiero decirte algo, o más bien, quisiera hablar a lo mejor de ti mismo.

El joven escipión. Lo mejor de mí mismo es el odio.

Cesonia. Escúchame tan sólo. La palabra que quiero decirte es a la vez difícil y evidente. Pero es una palabra que, si fuera realmente escuchada, realizaría la única revolución definitiva en este mundo.

El joven escipión. Entonces dila.

Cesonia. Todavía no. Piensa primero en el rostro convulsionado de tu padre cuando le arrancaban la lengua. Piensa en aquella boca llena de sangre y en aquel grito de bestia torturada.

El joven escipión. Sí.

Cesonia. Ahora piensa en Calígula.

El joven escipión (con todo el acento del odio). Sí.

Cesonia. Escucha ahora: trata de comprenderlo.

Sale, dejando desamparado al joven Escipión. Entra Helicón.