Страница 41 из 57
Dijo que esencialmente no había nada que decir al respecto porque el propósito del ejercicio fue abrir las alas de mi percepción, y que, si bien no volé con esas alas, toqué sin embargo cuatro puntos inconcebibles de alcanzar desde el punto de vista de mi percepción ordinaria.
Empecé a reunir mis cosas para marcharme. Don Genaro me ayudó a empacar mi cuaderno; lo puso en el fondo de mi portafolios.
– Allí estará calientito y tranquilo -dijo, guiñando un ojo-. Puedes tener la seguridad de que no se resfriará.
En esos momentos don Juan pareció cambiar de idea con respecto a mi partida y empezó a hablar de mi experiencia. Automáticamente quise tomar mi portafolios de manos de don Genaro, pero él lo dejó caer antes de que yo lo tocara. Don Juan hablaba de espaldas a mí. Recogí el portafolios y busqué presuroso mi cuaderno. Dan Genaro lo había empacado tan apretadamente que sacarlo me costó un trabajo infernal; finalmente lo tuve en mis manos y empecé a escribir. Don Juan y don Genaro me observaban.
– Pero que mal andas -dijo don Juan, riendo-. Buscas tu cuaderno como un borracho la botella.
– Como una madre amorosa busca a su niño -replicó don Genaro.
– Como un cura busca su crucifijo -añadió don Juan.
– Como una mujer busca sus calzones -gritó don Genaro.
Siguieron acumulando símiles y aullando de risa mientras me acompañaban hasta mi coche.