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"Lo que debiste ver cuando Genaro saltó del árbol era que estaba enfocando un sitio enfrente de ti y luego el árbol lo empujó. Pero sólo parecía un empujón; en esencia era más bien como si el árbol lo soltara. El árbol soltó al nagual y el nagual regresó al mundo del tonal en el sitio que Genaro enfocaba.

"La segunda vez que Genaro bajó del árbol, tu tonal no estaba tan desconcertado; no te entregabas tan duro y por eso no te agotaste tanto como la primera vez."

A eso de las cuatro de la tarde, don Juan detuvo la conversación.

– Vamos a volver a los eucaliptos -dijo-. El nagual nos espera allí.

– ¿No corremos el riesgo de que nos vea la gente? -pregunté.

– No. El nagual mantendrá todo suspendido -respondió.