Страница 58 из 59
– Alinear otros mundos no es sólo cuestión de práctica, sino cuestión de intento -prosiguió-. Y tampoco es meramente un ejercicio de andar rebotando de esos mundos, como si lo jalaran a uno con una liga. Mira, un vidente tiene que ser osado. Una vez que rompe la barrera de la percepción, no tiene que regresar al mismo lugar de donde partió en el mundo. ¿Entiendes lo que digo?
Lentamente comencé a entender lo que decía. Tuve un deseo casi invencible de reírme ante una idea tan ridícula, pero antes de que la idea se formara en una certeza, don Juan me habló y rompió lo que yo estaba a punto de recordar.
Dijo que, para los guerreros, el peligro de alinear otros mundos es que esos mundos son tan posesivos como el nuestro. La fuerza del alineamiento es tal que una vez que el punto de encaje se aleja de su posición normal, queda fijo en otras posiciones, aprisionado por otros alineamientos. Y los guerreros corren el riesgo de quedarse varados en una soledad sin límites.
La parte inquisitiva y racional de mí comentó que en el mundo negro lo vi a él como una bola de luminosidad. Por lo tanto, era posible estar en ese mundo con otras personas.
– No con otras personas -dijo-, pero sí con otros guerreros; si ellos te siguen, moviendo sus puntos de encaje cuando tu mueves el tuyo. Yo moví el mío para estar contigo; de otra manera hubieras estado ahí solo con los aliados.
Dejamos de caminar y don Juan dijo que ya era hora de que yo partiera.
Quiero que pases por alto todos los movimientos laterales -dijo-, y vayas directamente al siguiente mundo total: el mundo negro. En un par de días tendrás que hacer lo mismo por tu cuenta. No tendrás tiempo para titubeos. Tendrás que hacerlo para poder escapar a la muerte.
Dijo que romper la barrera de la percepción es la culminación de todo lo que hacen los guerreros. Desde el momento en que queda rota esa barrera, el hombre y su destino adquieren un significado diferente. Debido a la trascendental importancia de romper esa barrera, los nuevos videntes usan el acto de romperla como prueba final. La prueba consiste en saltar de la cima de una montaña a un abismo, estando en la conciencia normal. Si el guerrero que salta al abismo no borra el mundo cotidiano y alínea otro antes de tocar el fondo, morirá.
– Tendrás que hacer que este mundo desaparezca, pero en cierta medida tú seguirás siendo el mismo. Este es el último recinto fortificado de la conciencia, con el que cuentan los nuevos videntes. Saben que cuando el fuego interno los consuma, de alguna manera retendrán la sensación de ser ellos mismos.
Sonrió y señaló una calle desierta que veíamos desde donde estábamos parados, la calle en la que Genaro me enseñó los misterios del alineamiento.
– Esa calle, como cualquier otra, lleva a la eternidad -dijo-. Lo único que tienes que hacer es seguirla en silencio total. Ya es hora. ¡Vete ya! ¡Vete!
Se volvió, y se alejó de mí. Genaro lo esperaba en la esquina. Genaro me saludó con la mano y luego hizo un gesto que me instaba a unirme a ellos. Don Juan siguió caminando sin volverse a mirar. Genaro se unió a él. Comencé a seguirlos, pero sabía que no era lo correcto. En vez de continuar, tomé la dirección contraria. La calle estaba oscura y sombría. No me entregué a sentimientos de fracaso o de ineptitud. Caminé en silencio interior. Mi punto de encaje se movía a gran velocidad. Vi a los tres aliados. La línea que corría por su centro creaba la impresión de que me sonreían de lado. Me sentí frívolo. Y entonces una fuerza como un viento hizo desaparecer al mundo.