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En un momento dado, algo volvió a aprisionarme. Me movía al mismo paso que las dos burbujas de luz a mis costados. Poco a poco comenzaron a perder su brillantez; se opacaron, y finalmente se convirtieron en don Juan y Genaro. Caminábamos por una calle desierta, alejándonos de la plaza principal. Nos dimos la vuelta y regresamos hacia la plaza.

– Genaro acaba de ayudarte a alinear tus emanaciones con unas emanaciones en grande que pertenecen a otra banda -me dijo don Juan-. El alineamiento tiene que ser un acto muy pacífico e imperceptible. Nada de salir volando, nada de escándalo.

Dijo que la sobriedad necesaria para que el punto de encaje alineara otros mundos es algo que no puede improvisarse. La sobriedad tiene que madurar y convertirse en una fuerza en si misma antes de que los guerreros puedan romper la barrera de la percepción.

Nos acercábamos a la plaza principal. Genaro no dijo una sola palabra. Caminaba en silencio, perdido en sus pensamientos. Unas cuadras antes de llegar, don Juan dijo que Genaro quería demostrarme una cosa más: que la posición del punto de encaje lo es todo, y que el mundo que nos hace percibir, sea el que fuera, es tan real que no deja lugar para nada, excepto para esa realidad.

– Exclusivamente para tu provecho, Genaro dejará que su punto de encaje alínie otro mundo -me dijo don Juan-. Y entonces te darás cuenta de que, conforme lo percibe, la fuerza de su percepción no dejará lugar para nada más.

Genaro caminó delante de nosotros, y don Juan me ordenó que al mirar a Genaro yo debía mover los ojos en el sentido de las manecillas del reloj, para evitar ser arrastrado por la fuerza del alineamiento que Genaro iba a efectuar. Le obedecí. Genaro estaba como a unos dos metros de mí. De pronto, su forma se volvió difusa y en un instante desapareció, como un soplo de aire. Pensé en películas de ciencia-ficción que había visto y me pregunté si estaremos subliminalmente conscientes de nuestras posibilidades.

– En este momento, Genaro está separado de nosotros por la fuerza de la percepción -dijo don Juan casi en un susurro-. Cuando el punto de encaje alínea un mundo, ese mundo es total. Esta es la maravilla con la que se toparon los antiguos videntes sin jamás darse cuenta de lo que era: la conciencia de la tierra puede darnos un levantón para alinear otras grandes bandas de emanaciones, y la fuerza de ese nuevo alineamiento hace desaparecer al mundo que conocemos.

"Cada vez que los antiguos videntes efectuaban un nuevo alineamiento, creían que descendían a las profundidades o ascendían a los cielos. Nunca supieron que el mundo desaparece como un soplo de aire cuando un nuevo alineamiento total nos hace percibir otro mundo total.