Страница 40 из 68
Yo malentendí lo que los guerreros de don Juan hicieron conmigo en nuestros primeros encuentros. Tome sus actos como ejemplos de engaño y falsedad, y ésa sería mi impresión hasta la fecha, de no haber sido por la idea del desatino controlado. Don Juan me dijo que los actos de esos guerreros fueron lecciones maestras de acechar. Me dijo que su benefactor le había enseñado el arte de acechar antes que otra cosa. Para poder sobrevivir entre los guerreros de su benefactor tuvo que aprender ese arte a toda prisa. En mi caso, dijo don Juan, puesto que no tenía que vérmelas con sus guerreros, tuve que aprender primero a ensoñar. Pero cuando el momento fuese apropiado, Florinda aparecería para guiarme a través de las complejidades del acechar. Nadie más qué ella podía hablar conmigo detalladamente del acecho; los otros tan sólo podían ofrecerme demostraciones directas, como ya lo habían hecho en nuestros primeros encuentros.
Don Juan me explicó detalladamente que Florinda era una de las máximas practicantes del acecho, ya que su benefactor y sus cuatro guerreras, que eran acechadoras, la habían entrenado en los aspectos más intrincados de este arte. Florinda fue la primera guerrera que llegó al mundo de don Juan, y por esa razón ella iba a ser mi guía personal: no sólo en el arte de acechar sino también en el misterio de la tercera atención, si es que yo llegaba a ese nivel. Don Juan no me explicó nada más acerca de ese punto. Me dijo que eso tendría que esperar a que yo estuviera listo, primero para aprender a acechar, y después a entrar en la tercera atención.
Don Juan decía que su benefactor había sido muy meticuloso con cada uno de sus guerreros al adiestrarlos en el arte de acechar. Utilizó toda clase de estratagemas a fin de crear un contrapunto entre los dictados de la regla y la conducta de los guerreros en el mundo cotidiano. Creía que ésa era la mejor forma de convencerlos de que la única manera que disponen para tratar con el medio social es en términos del desatino controlado.
A medida que desarrollaba sus estratagemas, el benefactor de don Juan ponía a la gente y a los guerreros frente a los mandatos de la regla, y dejaba que el drama natural se desenvolviese por sí mismo. La insensatez de la gente tomaba la delantera y por un momento arrastraba con ella a los guerreros, como parece ser lo natural, pero siempre será vencida por los designios más abarcantes de la regla.
Don Juan nos dijo que en un principio se sintió profundamente agraviado por el control que su benefactor ejercía sobre sus guerreros. Incluso se lo echó en cara. Su benefactor no se inmutó. Sostuvo que su control era tan sólo una ilusión que el Águila creaba. El solamente era un guerrero impecable, y sus actos representaban un humilde intento de reflejar al Águila.
Don Juan decía que el impulso con el cual su benefactor llevaba a cabo sus estratagemas se originaba en su certeza de que el Águila era real y final, y en su certeza de que lo que la gente hace es un desatino absoluto. Esas dos convicciones daban origen al desatino controlado, que el benefactor de don Juan describía como el único puente que existe entre la insensatez de la gente y la finalidad de los dictados del Águila.