Страница 16 из 125
Sin saber muy bien por qué, sospechaba que se trataba de lo primero, pero también podía ser que Robert, por razones personales o profesionales, quisiera hacerle daño a We
Una cosa estaba muy clara: si aquel encuentro en Arholma hubiese sido maquinado por un conspirador con el único objeto de captar la atención de Mikael, Robert no podría haberlo hecho mejor. Pero el encuentro fue fruto de la más pura casualidad.
Robert no era consciente de la magnitud del desprecio que sentía Mikael por tipos como Hans-Erik We
Mikael nunca había oído hablar de Lisbeth Salander y, afortunadamente para él, desconocía por completo el informe que ella había presentado a primera hora de esa misma mañana; pero si lo hubiese conocido, habría aprobado la afirmación de que su odio por esos impresentables empresarios no era una manifestación de radicalismo político de izquierdas. Mikael no carecía de interés por la política, pero contemplaba los «ismos» políticos con la mayor de las reservas. En las únicas elecciones parlamentarias en las que había votado, las de 1982, dio su apoyo a los socialdemócratas sin mucha convicción, simplemente porque, en su opinión, nada podía ser peor que otros tres años con Gösta Bohman como ministro de Economía y Thorbjörn Fälldin como primer ministro. O, tal vez, Ola Ullsten. De modo que, sin gran entusiasmo, votó por Olof Palme y, a cambio, se encontró con el asesinato de éste, el escándalo de la empresa armamentística Bofors y el caso Ebbe Carlsson.
El desprecio que Mikael sentía por los periodistas expertos en economía se debía, a su parecer, a algo tan simple como la moral. Según él, la ecuación era sencilla: un director de banco que, por pura incompetencia, pierde cientos de millones en disparatadas especulaciones no debe conservar su puesto de trabajo. Un empresario que se dedica a negocios con empresas tapadera debe ir al trullo. El dueño de una inmobiliaria que obliga a los jóvenes a pagar una pasta, en dinero negro, por un cuchitril con retrete en el patio debe ser denunciado y expuesto al escarnio público.
Mikael Blomkvist opinaba que el cometido del periodista económico era vigilar de cerca y desenmascarar a los tiburones financieros que provocaban crisis de intereses y que especulaban con los pequeños ahorros de la gente en chanchullos sin sentido de empresas puntocom. Tenía la convicción de que la verdadera misión del periodista consistía en controlar a los empresarios con el mismo empeño inmisericorde con el que los reporteros políticos vigilaban el más mínimo paso en falso de ministros y diputados. A un reportero político nunca se le pasada por la cabeza llevar a los altares al líder de un partido político, y Mikael era incapaz de comprender por qué tantos periodistas económicos de los medios de comunicación más importantes del país trataban a unos mediocres mocosos de las finanzas como si fuesen estrellas de rock.
Aquella actitud poco habitual entre los reporteros de economía le había llevado una y otra vez a sonados enfrentamientos con sus colegas de profesión, entre los cuales William Borg, en particular, se volvió un enemigo irreconciliable. Mikael les plantó cara a sus colegas y los criticó por traicionar su propia misión y bailar al son que tocaban esos mocosos. Bien era cierto que el papel de crítico social le había otorgado a Mikael cierto estatus y lo había convertido en un polémico invitado de las tertulias televisivas -era a él a quien llamaban para que diera su opinión cuando se pillaba a algún director ejecutivo cobrando un contrato blindado de mil millones-, pero también le había proporcionado un fiel grupo de enemigos acérrimos.
Le resultó fácil imaginarse la alegría con la que algunas redacciones habrían descorchado champán a lo largo de la noche.
Erika compartía la misma actitud respecto al papel del periodista; ya en la facultad jugaban con la idea de fundar una revista que tuviera ese perfil. Era la mejor jefa que Mikael podía imaginar: una buena administradora que sabía tratar a los colaboradores con cariño y confianza, pero que al mismo tiempo no evitaba la confrontación y que, si resultaba necesario, podía tener mano dura. Sobre todo mostraba una extrema sensibilidad y mantenía la cabeza fría a la hora de tomar decisiones sobre el contenido de los próximos números de la revista. A menudo las opiniones de ambos diferían, lo cual ocasionaba bastantes discusiones, pero también había una confianza inquebrantable entre los dos, y juntos formaban un equipo invencible. Él hacía el trabajo duro buscando la historia; ella la empaquetaba y la promocionaba.
Mille
Mikael había pensado muchas veces en los motivos por los que Erika apostó por Mille
Erika también había convencido a Christer Malm para asociarse a la revista. Malm era un famoso gay exhibicionista que, junto con su novio, solía abrir su casa a la prensa del corazón y habitualmente aparecía en la sección de «Gente». El interés mediático por su persona surgió cuando se fue a vivir con Arnold Magnusson, conocido como Arn, un actor formado en el Real Teatro Dramático que no alcanzó su verdadera consagración popular hasta que se metió en un reality show para hacer de sí mismo. Desde entonces, Christer y Arn se convirtieron en un culebrón mediático.
A la edad de treinta y seis años, Christer Malm era un fotógrafo profesional y un diseñador muy solicitado que proporcionaba a Mille
Además, Mille
Mille
Ahora, con toda probabilidad, la situación cambiaría. Mikael leyó el breve comunicado de prensa que Erika y él redactaron a primera hora de esa misma tarde y que inmediatamente se convirtió en un teletipo de la agencia TT, ya publicado en la página web de Aftonbladet.
reportero condenado
abandona mille
Estocolmo (TT) El periodista Mikael Blomkvist abandona el cargo de editor jefe de la revista Mille
«Mikael Blomkvist dimite de Mille
Mikael Blomkvist fue uno de los fundadores de la revista Mille
Erika Berger ha explicado que considera el caso We
– Me parece horrible -dijo Erika al enviar el comunicado-. La mayoría de la gente va a llegar a la conclusión de que eres un idiota incompetente y yo una hija de puta sin escrúpulos que aprovecha la ocasión para pegarte un tiro en la nuca.
– Teniendo en cuenta los rumores que ya corren sobre nosotros, por lo menos nuestros amigos tendrán algo nuevo sobre lo que cotillear -intentó bromear Mikael. Ella no le vio ninguna gracia.
– No tengo ningún plan B, pero creo que estamos cometiendo un error.
– Es la única solución -replicó Mikael-. Si la revista quiebra, todo nuestro trabajo habrá carecido de sentido. Sabes que ya hemos perdido grandes ingresos. Por cierto, ¿qué pasó con aquella empresa de informática?
Ella suspiró.
– Bueno, esta mañana nos han comunicado que no quieren anunciarse en el número de enero.
– Y We
– No, pero podemos buscar otros anunciantes. Quizá We
Mikael puso el brazo alrededor de Erika y la atrajo hacia sí.
– Un día le daremos tan fuerte a Hans-Erik We
– Ya lo sé, pero voy a quedar como una verdadera cabrona y tú tendrás que hacer frente a una situación muy incómoda si fingimos que hay un conflicto entre nosotros.
– Ricky, mientras confiemos el uno en el otro tenemos una oportunidad. Hay que tocar de oído y ya va siendo hora de tocar retirada.
Erika reconoció con desgana que había una triste lógica en sus conclusiones.